jueves, 21 de junio de 2018

¿Que es parresía? Francisco la recomienda para ser santo



Parresía es una palabra de origen griego que el Papa Francisco ha colocado sobre el candelero al hablar sobre la santidad. Los que no sintonizan mucho con Francisco se fijan en el contraste existente entre el gran teólogo que fue Benedicto XVI y el más bien divulgador de la teología que es Francisco. Pero en su última Exhortación Apostólica Alegraos y Regocijaos, Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, junto a innumerables citas bíblicas y a frecuentes alusiones al gran teólogo Santo Toma de Aquino, Francisco castellaniza esta palabra griega y dedica un buen apartado de su escrito a comentar el papel que juega la parresía en el acercamiento a la santidad cristiana.


¿Que destaca Francisco al usar este término proveniente del griego?

Significados múltiples
No es fácil una buena traducción de este término. Al no referirse el mundo físico (como oikos, que siempre se traduce por casa), la traducción es más versátil, más dependiente del contexto y de la intención. La definición que da el Diccionario de la Real Academia Española a la castellinación del término y que repiten otros diccionarios y enciclopedias ("figura que consiste en aparentar que se habla audaz y libremente al decir cosas, ofensivas al parecer, y en realidad gratas y halagüeñas para aquel a quien se dicen"), se refiere sólo a un uso de la Retórica y no entra en otros significados más próximos a la etimología del término; "decirlo todo" (de rema y pan, dicho y todo).


En la siete páginas que Francisco dedica en su escrito a la parresía, salen una serie de palabras y expresiones que configuran el significado múltiple que este término tiene en el Nuevo Testamento: "audacia", "fervor", "empuje evangelizador", "actitud llena de coraje", "entusiasmo", "hablar con libertad", "poner nuestros carismas al servicio de los otros", "sentirnos apremiados por el amor", "empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar sólo por dentro de confines seguros", "predicar tu palabra con toda valentía", "desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras"... Francisco concreta además media docena de citas expresas de esta palabra, de las 31 que se pueden encontrar en una Concordancia de los términos griegos del Nuevo Testamento. No se trata de llevar a cabo traducciones literales de la palabra parresía, sino de dar a entender todos los múltiples sentidos contenidos en este polifacético término. Poner en valor, la frase que ahora se repite hasta la saciedad. La ilustración que reproduzco, con una figura todo ojos y orejas y muchas antenas, abierta a todo lo que provenga de los demás, ya resulta significativa.

Su carencia, lo más significativo
Lo que más me ha impresionado -en el pequeño tratadito sobre la parresía de Francisco- no es todo el rico sentido positivo que el término tiene, sino lo mucho más que revela su ausencia, el sentido negativo manifestado en las situaciones en las que no se practica la parresía, en las que caemos "en la tentación de huir a un lugar seguro", para no afrontar el tener que dar la cara y asumir compromisos. Francisco enumera los "muchos nombres" que tiene el refugiarse en "lugares seguros": "individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas... Nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable" (Gaudete et Exultate, número 134).

Cada uno de los términos de la enumeración merecería un comentario. Son situaciones heterogéneas, algunas no frecuentemente valoradas como negativas, pero todas manifestativas de la falta de arrojo que supone el no salir de los propios esquemas. Es mucho más cómodo el refugiarse en los "lugares seguros", pero Francisco recomienda el riesgo de la desinstalación. La llamada es muy clara: "La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas `sean lo que son´, o lo que algunos han decidido que sean".

Francisco advierte que para atender a estos reclamos hace falta que "el Señor venga a despertarnos"; más incisivamente, hace falta que el Señor venga a "pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia". Consciente de lo que esto supone y contando con el testimonio de los santos auténticos, Francisco recuerda que "la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida … a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante".

Retrato personal
Todo lo anterior lo dice Francisco al describir, al final ya de su escrito, los cinco aspectos de la "llamada a la santidad". Junto a la parresía, los otros cuatro son el "aguante-paciencia-mansedumbre", "la alegría y el sentido del humor", "el vivir en comunidad" y "la oración constante". En todo el escrito y en estos cinco brochazos finales, la santidad es presentada como algo a lo que todos los cristianos somos llamados, como algo que evitará que la vida cristina se convierta en un simple "museo de recuerdos".

Un rasgo final sobre la implicación personal de Francisco en todo esto. Al escribir las Constituciones, San Ignacio traza una descripción subidísima de las cualidades que debería tener el P. General de la Compañía de Jesús. La descripción resulta casi inasequible, por lo ambiciosa que resulta. Los comentaristas han resaltado, con todo, que, indirectamente y sin pretenderlo de ningún modo, la descripción realizada constituye el mejor retrato de la figura de san Ignacio de Loyola. Algo parecido se podría decir del contenido de este escrito sobre la santidad y, más concretamente, de lo apuntado sobre la parresía: se hace una descripción de la ejemplar intrepidez que tiene el jesuita Francisco en su pontificado. *


* El gran moralista español Marciano Vidal ha publicado en el semanario Vida Nueva (número 3.086, 9-15 junio 2018, Pliego, en las páginas 23-30) un completo comentario al escrito de Francisco, con una mirada muy atenta a su conexión con la moral: Una espiritualidad evangélica, alegra y puesta al día. Sobre la exhortación apostólica `Alegraos y Regocijaos´. Merece mucho leerse, para recibir una valoración cabal sobre el escrito papal.


domingo, 10 de junio de 2018

Consecuencia positiva del cambio de gobierno

 

 







Este comentario no tiene un sentido directamente político. El sentido positivo referido en el encabezado no contempla sólo el ángulo político -si ha sido o no bueno para España el cambio de gobernantes que se ha producido-, sino que se centra en el mucho más amplio y universal sentido social y humano de la nueva situación; esto es, si ha traído alguna ventaja en otros órdenes de la vida.



El cambio es posible
 Que en menos de 10 días se haya pasado de la estabilidad de ver al Gobierno de Rajoy tranquilo y optimista por haber laboriosísimamente conseguido la aprobación de los presupuestos del país, con un inmediato panorama bien despejado por delante, a la caída del mismo Gobierno y a la toma de posesión de Pedro Sánchez, con el sólo respaldo directo de un PSOE de 84 diputados, es un acontecimiento tan impensable previamente que ha demostrado fehacientemente que todo cambio resulta posible.

Este acontecimiento resulta positivo porque lo más frecuente es considerar que lo difícil es prácticamente imposible, que no sirve para nada soñar con las estrellas, que el realismo de la vida se impone siempre sobre las atrevidas ilusiones. Constatar, por ello, que algo tan difícil de imaginar se ha convertido en realidad en tan pocos días, resulta saludable para desperezar los optimismos, para darle por una vez la razón a la ilusionada frase otro mundo es posible.


Cuando ya no se está en los años más jóvenes de la vida, cuando las personas y las instituciones levantan más desconfianzas que ilusiones, viene bien este golpetazo contra las desesperanzas, este volcán desmadrado de optimismo que se come y aniquila los más negros presagios anteriores. El alcance de este hecho desborda lo político, entra en el cauce mucho más amplio de la vida, en todas sus variantes.Soy consciente, con todo, que algunos consideran este hecho no como positivo, sino como radicalmente negativo.

Para éstos, el otro mundo es posible no significa que lo bueno impensado pueda sobrevenir, sino que siempre resulta posible empeorar la situación actual, que los disparates más impensables se pueden llevar a cabo. Cada cual es libre, o esclavo, de sus propios planteamientos; cada uno valora las situaciones según sus propios antecedentes y sus anteriores puntos de vista. Pero aun éstos, que estiman tan negativamente el cambio político que se ha producido, estarán de acuerdo en conceder que la revolución ha resultado posible, que se ha producido una alteración que no era concebible pocos días antes. Otro mundo es posible, también para éstos.


Virado en positivo
Siempre es preferible virar lo hechos en positivo que valorarlos negativamente. La botella medio vacía siempre se puede considerar medio llena, incluso cuando las dos mitades no sean exactamente iguales, aunque alguna de las dos supere el 50 por ciento.

Ahora me ha contribuido a que le preste una mirada positiva al cambio político actual una simultanea relectura de El Principito , la imperecedera joya que nos dejó el francés nunca pasado de moda Antoin de Saint Exupery. La fábula del niño caído de una lejanísima estrella, sus rasgos de realismo en las más impensables situaciones, sus alegorías sobre personajes inimaginables y al mismo tiempo veracísimos, su capacidad para hablar con una rosa, con un volcán o con un zorro, todo la magia del relato contribuye a una mirada amorosa sobre la realidad, en la que los buenos sentimientos llegan a ahogar a los malos.

También me ha conducido en estos días a una visión positiva de la realidad, una columna en un reciente El País Semanal de Martín Caparrós sobre las Palabras al viento. El recuento de palabras que aparecen como nuevas o que adquieren nuevos significados (digital, ordenador, móvil, ratón, pinchar..., o populismo, ciudadanos, género, etc., etc.), arrastra al autor a pensar que "todo, incluso lo que me había parecido más solido y durable, era volátil" y le hace enfrentarse con el dato ineludible del tiempo, "mi primer gran choque con el tiempo, lo socarrón del tiempo, lo implacable del tiempo. El análisis de las palabras nuevas o de las que cambian de sentido o desaparecen le lleva a la transcendente conclusión que "nadie piensa que su mundo es efímero... No pensar el mundo como proceso histórico incesante, no darse cuenta de que todo cambia todo el tiempo, es no pensar que nuestras sociedades se van a terminar. Como las vidas". Demasiado enfático y solemne tal vez, pero con mucho sentido aprovechable.
 

De todo sale algo bueno
El cambio político que ahora se ha producido, sin duda que ha sido radical y que hasta hace poco resultaba impensable. Para el que le resulte posible transcender de la valoración estrictamente política, no hay duda de que se ha hecho presente una nueva situación, que ha amanecido un nuevo panorama.

Sentir que se ha podido producir esta radical transformación en tan poco tiempo, ya resulta positivo. Lo nuevo genera, además, esperanza. De todo se puede sacar algo bueno. Para el que le resulte posible, no es momento de contemplar lo equivocado, lo peligroso o lo difícil que la nueva situación política puede acarrear, sino de sentir ilusión por lo que nace, por lo que aparece con la pretensión de que todo resulta posible. Dejar de considerar las cosas como inevitables y abrirse a la esperanza de conseguir incluso lo difícil, lo que hasta ahora se veía como imposible. Más allá del buenismo, albergar la esperanza de que otro mundo es posible.

domingo, 3 de junio de 2018

Crucifijo y Constitución, ¿insustituibles?

 

 




El mismo día y prácticamente a la misma hora, el sábado 2 de junio y a las 10 de la mañana, ha sido la toma de posesión de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno, sin Crucifijo sobre la mesa, y la toma de posesión de los Consejeros del Gobierno de la Generalitat de Cataluña, sin Constitución sobre la mesa. El Crucifijo y la Constitución, ¿son imprescindibles en estos actos?


El Crucifijo y la Biblia
La mesa a la que se acercó Pedro Sánchez para formular su Promesa estaba absolutamente limpia de símbolos religiosos, sin Crucifijo y sin Biblia, como se puede constatar en la imagen adjunta tomada de El País. Toda la prensa y todos los medios que han informado sobre este acto han destacado de forma importante la ausencia de elementos religiosos en este acto.

Todos han tenido que informar, sin embargo, que la presencia del Crucifijo y la Biblia no es obligada ni imprescindible, desde que el actual Rey en 2016 dejo la presencia de estos símbolos a voluntad del que toma posesión, así como ya lo era antes el usar la fórmula del "prometer" o del "jurar".

Me ha sorprendido que el informativo de la COPE de las 7 de la mañana del día siguiente, el domingo 3, se abriese con un comentario de ¡10 minutos! sobre esta ausencia de símbolos religiosos en el acto de la toma de posesión, reiterando que "Sánchez no estaba obligado" y que la Iglesia Católica "no precisaba de su expresa aquiescencia religiosa", pero que el hecho resultaba muy significativo por el personaje y por los tiempos en los que la Iglesia está siendo ninguneada y hasta perseguida. Como contraste aparentemente fuerte se adujo que el públicamente ateo Tierno Galván se inició como Alcalde de Madrid ante la presencia del Crucifijo, sin destacar para nada la enorme disimilitud del personaje y de los tiempos existente entre las personas y entre circunstancias del todo diversas.

Además de en los medios, este hecho lo he oído comentar mucho en los ambientes religiosos, tomándolo además como augurio de las medidas antirreligiosas y antieclesiales que algunos esperan del Gobierno de Pedro Sánchez. El malestar que a muchos ha causado la llegada al poder de Pedro Sánchez da la impresión de que se ha desbocado por esta deriva de la falta de elementos religiosos en su toma de posesión.

Como todo acto humano, desde luego, el hecho puede ser discutible. La no presencia de los elementos religiosos en un acto de un estado laico, además, se presta a valoraciones muy diversas, desde las airadas hasta las más ingenuamente consentidoras. Con todo, en este caso, puede que la hipotética presencia de los símbolos religiosos también podría haber sido contestada por los muy críticos con el PSOE y con su Presidente, por la falsedad de usar estos símbolos sin convencimiento y sólo por conveniencia. No deja de sorprender, además, que la carga de todos estos comentarios y criticas se focalice en Pedro Sanchez, por usar este derecho, y no en Felipe VI, que fue el que estableció la posibilidad de usarlo. En resumen, una discusión muy de la época, en la que cada interviniente queda retratado por la postura adoptada.

Ausencia de la Constitución
Destaca mucho el que el mismo día y a la misma hora, en la mesa ante la que tomaban posesión los Consejeros de la Generalitat de Cataluña, no estuviese ni presente ni abierto el libro de la Constitución Española. El texto formulado de la Promesa omitía expresamente cualquier referencia a la propia Constitución y al Rey de España. En la sala, tampoco había bandera española. Por lo que he leído sobre el tema, no hay normativa expresa y muy precisa sobre esta materia, por lo que cualquier impugnación resultaría difícil de formular, pero el hecho pone en evidencia la voluntad descarada de manifestar el deseo de desconexión con España.

Este hecho tiene carácter fundamentalmente político. En una información secundaria, muy de pasada, he visto que los Consejeros "prometieron" y que sobre la mesa estaba una bella imagen de San Jordí, sin alusión alguna a Biblia o Crucifijo. La fuerte carga política de este acto, con el homenaje reivindicativo a los "presos políticos y a los exiliados" y a sus familiares, dirige la mirada hacia otra parte y no presta atención alguna a la presencia o la ausencia de elementos religiosos o al carácter meramente laico del acto de toma de posesión. Cuando están presentes circunstancias política muy acuciantes, disminuye mucho la atención a la tangencia religiosa del acto.

Enseñanzas de los dos casos
La mirada y los intereses se configuran según la índole de las circunstancias. Por tener mucha importancia la ausencia de la Constitución sobre la mesa y en la formulación de la Promesa -insustituible, visto el tema desde el resto de España-, la consideración del elemento religioso ha pasado a segundo tercer plano en el acto de Cataluña. Los resquemores -también religiosos- existentes sobre la figura de Pedro Sánchez seguramente han prestado atención sobredimensionada al carácter puramente laico del acto de su toma de posesión.

La incidencia de lo religioso con lo político no resulta fácil, suele ser muy problemática. Pero la anécdota del acto de Madrid y del acto de Barcelona pone al descubierto que los factores concomitantes -la postura ante Pedro Sanchez, la actitud ante el independentismo- influyen también enormemente en la valoración de los hechos. Discernir sobre el vidrioso tema de la relación entre lo religiosos y lo político es una tarea ardua, propensa al análisis "según el cristal con el que se mira". La verdad completa siempre resulta inasequible para los humanos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Rocío de las Hermandades

 


Hablar del Rocío al que no lo conoce resulta muy difícil. Es casi imposible dar a entender: el marco externo de la aldea (un habitat del todo insólito, con un perímetro de muchos kilómetros y muchos miles de segundas viviendas en inmensas calles enarenadas); población de más de un millón de personas en los cuatro días de la Romería y pocos centenares de residentes estables todo el año; amplias terrazas en todas la viviendas; peculiares actos religiosos oficiales (presentación de Hermandades, Misa en el Real, concentración inmensa para un Rosario larguísimo, procesión inimaginable); ermita a todas horas repleta de gente, durante la romería... Al intentar contar el Rocío a personas distantes de lo andaluz, el que lo intenta se da cuenta de que el otro no se está enterando. Un fenómeno muy peculiar, muy difícil de explicar a los extraños.

Este año he conocido una vertiente distinta del Rocío, la de las Hermandades filiales. Son actualmente 121 Hermandades distintas, aglutinadas desde Almonte por la entidad organizadora, la denominada la Hermandad Matriz. La experiencia desde las 121 Hermandades es muy distinta de la de la Hermandad Matriz.

Vuelta a la naturaleza
El primer elemento diferenciador es que las 121 Hermandades hacen el camino desde sus localidades de origen hasta la aldea del Rocio, en casi todos los casos haciendo una o varias noches durante el recorrido según la distancias desde la que se desplazan. El camino se hace acompañando al simpecado, el estandarte con la imagen de la Virgen del Rocio que durante el año recibe el culto de sus devotos en las respectivas ciudades de origen. En la Hermandad Emigrantes de Huelva, la experiencia que he vivido personalmente este año, acompañaban a la carreta del simpecado unas 2.000 personas: a caballo, en carros bellamente adornados, en inmensos trailers tirados por tractores, en charrets, y varios centenares caminando a pie, un conjunto de una larga comitiva con alrededor de un kilómetro de larga. Hay Hermandades más numerosas, de hasta 10.000 personas, y otras más reducidas, de decenas o centenares de personas.

El camino encierra el encanto de una profunda vuelta a la naturaleza, pues se realiza casi todo lejos del asfalto, sobre pistas de barro o sobre caminos de blandas arenas. Un contacto directo con la naturaleza (pinares espléndidos de Doñana, en este caso), realizado por personas que ya viven todo el año en ambientes urbanos. Caminar por el campo, dormir malamente, comer y beber de las viandas autotransportadas -el costo- vivir constantemente rodeados por otros peregrinos, es entrar en un régimen que seduce enormemente a los participantes. Es zambullirse transitoriamente en un sistema de vida que ya ha desparecido casi por completo. Y todo esto casi siempre con los trajes de gitana o de flamenco, con cantes o bailes de sevillanas muy frecuentes, con reiteración de la sarta de ¡Vivas a la Virgen del Rocío! muy frecuente.

Desbordamiento de lo religioso
El que hace el camino es muy consciente de que está acompañando al simpecado, de que camina con la Virgen. Pero la vivencia de lo religioso en el camino -en realidad, en todo el Rocío- es muy diversa de la religiosidad tradicional de las Iglesias. Es como si la religión rompiese aquí sus propios moldes y se desbordase, adquiriendo formas de expresión muy diferentes. Participan de estas formas ampliadas de religiosidad personas no frecuentadoras de las Iglesias, hombres y mujeres de aspectos estrictamente seculares, con atuendos y expresiones a los que no están acostumbrados los muros de los templos.

Por la mañanita del día de camino, se dice una misa de romeros, bajo los pinos, en el seno de la inigualable catedral que es la naturaliza. La gente participa y hasta se emociona, muchos comulgan, viviendo de forma poco común la liturgia estricta de la Iglesia.

Pero hay que reconocer que la vivencia de casi todos es mucho más fuerte en otro peculiar acto religioso que se realiza a otra hora y de forma muy distinta, casi al final de la jornada del segundo día del itinerario. Hay una charca por la que el camino tiene que cruzar, rodeado de un amplio anfiteatro de vallados sobre el que se acomoda toda la comitiva. La carreta con el simpecado se introduce en el agua no profunda de la charca, y entonces empieza la ceremonia. Desde lo alto de un caballo, un hombre saca una guitarra y arranca cantar. Cantos hondos flamencos, con letras alusivas a la Virgen y a la Hermandad y a los sentimientos más profundos de la gente, que electrizan por completo a los asistentes. Todos se siente muy cómodos y participan con los olés y rubrican con los aplausos. Siguen cantos por sevillanas e intervención de otras varias voces, todas muy conectadas con el sentir de los asistentes. Un auténtico happening en el que todos se implican.

Ya en la aldea, las Hermandades depositan su simpecado en la sencilla capilla de su Casa, desde la que lo conducen en procesión a la Presentación ante la Virgen y a los distintos actos oficiales de la Romería. El simpecado es el lazo de unión de la Hermandad con la imagen de la Virgen del Rocío, que en la Procesión devuelve la visita a todos los simpecados que han venido hasta la aldea a rendirle culto durante la romería.

Es otra forma de vivir los sentimientos religiosos, mucho menos exigente desde luego pero no menos honda y sentida. Es el fenómeno amplio de la religiosidad popular, del que el Papa Francisco ha hablado con gran respeto, ha recomendado cuidar con esmero. Todo el conjunto de las manifestaciones religiosas del Rocío, los oficiales y los individuales que el pueblo experimenta en sus cantes y en sus contactos personales con la Virgen, desbordan los moldes estrictos de la religiosidad tradicional, acogen a personas menos ortodoxas y ocasionalmente situadas también al margen de la severa moral católica. Es un fenómeno mucho más amplio, que se presta a interpretaciones diversas.

Para colmo, esta vivencia profunda y tan heterogénea de la religiosidad popular se encuentra envuelta en el contexto todavía muchísimo más amplio de las restantes manifestaciones del Rocío: el cante y el baile, la comida y la bebida, el lujo de los trajes típicos andaluces, la naturaleza exuberante de Doñana y de la marisma, la convivencia y la amistad en sus grados mal altos... Un universo muy heterogéneo, en el que hasta el vocabulario es diferente, términos que hay que transcribir en letras cursivas para dar a entender su diferencia. Dentro de su variedad, el Rocío es probablemente la manifestación más completa de todos los elementos de Andalucía, de su tierra y de sus gentes, de su cultura, de su gastronomía, de su formad e ser y también de su religiosidad, todo fundido en un conjunto inseparable, en el que no resulta fácil deslindar y valorar la importancia aislada de cada aspecto.

Reflexión final sobre las Hermandades
La articulación más fuerte de todos las variadas manifestaciones de lo rociero son las Hermandades, el tema de este sencillo comentario. Actualmente existe la discusión sobre hasta dónde puede llegar el crecimiento del Rocío. Las Hermandades oficialmente admitidas como afiliadas son ya 121, y varias decenas más son las Asociaciones en la lista de espera para ser igualmente reconocidas, pero el Rocío es un fenómeno mucho más amplio coomplejo. Algunos dicen que las costuras se rompen, que ni la aldea ni los actos oficiales de culto admiten más ampliaciones. La discusión no es fácil de resolver.
El actual responsable más directo del Rocío, el Presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, Juan Ignacio Reales, en entrevistas de prensa de este año, a la pregunta "¿Tiene límites el Rocío?", deja una cosa clara: "Sinceramente, no lo sé", responde inicialmente. "Pero tengo claro que esos límites no los podemos poner nosotros, desde el pueblo de Almonte o desde la Hermandad Matriz. Para nosotros es un honor y es un orgullo que la imagen de nuestra Patrona sea venerada en todo el mundo, y eso es algo que nos tiene que llenar de alegría y de satisfacción; y, al mismo tiempo, es una responsabilidad muy importante: saber reconducir y reorientar ese crecimiento de forma que no altere la esencia y la autenticidad del Roció. Per no podemos ser nosotros los que pongamos vallas a esa devoción".

En otra entrevista también de este año, con una confianza puede que excesivamente generosa, deposita precisamente en las hermandades la posibilidad de una crecimiento ordenado del fenómeno rociero: "El crecimiento del Rocío, si viene de la mano de las hermandades, no es peligroso, porque son éstas las que mejor pueden garantizar que ese crecimiento no sea sólo cuantitativo, sino que también sea cualitativo; es decir, que vengan al Rocío personas que están debidamente preparadas, que llevan todo un año de preparación, que participan en sus cultos, que hacen obras de cariad, que se preocupan de la formación de los hermanos... Mientras sean las hermandades las que articulen la devoción rociera de la mano de la Hermandad Matriz, todo está bajo control. Lo contrario sería limitar el crecimiento, ponerle puertas al campo, tirarnos piedras contra nuestro propio tejado. Si es una devoción que crece tenemos que favorecer eso, pero reconduciéndolo. Que no sea un crecimiento desorbitado o descontrolado, ni que venga la gente por libre, sino siempre dentro de la Iglesia y del cauce de las hermandades. El crecimiento está siendo de una o dos hermandades por año, y eso permite asumirlo y organizarlo bien".

El tema es arduo. La respuesta no es fácil. Tal vez del sistema de evolución darwiniano provea a la larga algún tipo de autorecorte, algún punto máximo de saturación. Este apunte sobre las Hermandades puede focalizar la mirada en el principal punto del que puede provenir la solución mejor del problema del crecimiento del Rocío. Las hermandades, desde luego, son un hermoso elemento dignificador de la mejor esencia del Rocío.

Otras páginas sobre El Rocío, en este blog:
09/06/2017     Un detalle sobre el pasado Rocio
16/05/2016     El acto más hondo del Rocío
26/05/2015     Romería del Rocío, honda religiosidad en una manifestación global de Andalucía

martes, 15 de mayo de 2018

Fanatismo y humor

 

Vi un titular, y me entusiasmé: "No he visto nunca un fanático con sentido del humor". No recordaba conocer al autor que dijo esta frase, pero al verla pensé que merecía un comentario. Con el recurrente e invasivo tema catalán como trasfondo, la frase ofrecía una opinión muy sugerente: seguramente el humor podría ofrecer un resquicio de salida al fanatismo, que tanto distancia a unos de otros.

Autor muy conocido
El entrevistado (Babelia, 12 Mayo 2018) que dijo la frase "Nunca he visto in fanático con sentido del humor" resulta que es un escritor famoso, Amos Oz, tal vez el autor más conocido de la literatura hebrea israelí actual, con más de una veintena de libros publicados y casi todos traducidos al castellano. Este autor ha recibido importantes premios en diversos países, entre ellos el español Principe de Asturias de las Letras, en 2007.

Ha cultivado casi todos los géneros, pero nacido en 1939, ahora con 79 años, reconoce humildemente que ya no tiene edad para escribir más novelas: "Mi salud ya no me permite viajar con la imaginación". De su propia biografía arranca la preocupación que actualmente más le preocupa. Su último libro, Mis queridos fanáticos, lo publica casi como un legado o testamento: "He concentrado lo que he aprendido en la vida, pero no de una manera abstracta, sino como un cuento. Se lo he dedicado a mis nietos". Habrá que intentar leer este libro.

Llegar a la condena del fanatismo no es tarea fácil en Israel. La entrevista (bien realizada por J.C. Sanz) resalta bien su trayectoria. Nació en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén: Se recuerda como "un pequeño extremista, educado en la convicción del nacionalismo; nuestros enemigos están equivocados, somos los buenos de la película y los otros son los malos". Tuvo que distanciarse mucho del "gen fanático" tan arraigado en todos, de "la tendencia del ser humano de querer cambiar a los demás", hasta poder arribar a la condena del simplismo manejado por el fanatismo: "Cuanto más complejos se van haciendo los problemas, más y más gente está hambrienta de respuestas muy simples, de respuestas que lo cubran todo".

El peligro está en los extremos. En un país en el que todos -"cristianos, musulmanes, judíos, pacifistas, ateos, racistas"- creen poseer la "formula personal para la salvación o la redención" de los demás, donde "una parada del autobús se puede convertir en un seminario académico" ("completos desconocidos discuten de política, moralidad, religión, historia o sobre cuales son las verdaderas intenciones de Dios, pero nadie quiere escuchar al otro, todos creen tener la razón"), resulta sorprendente que este autor aventure que "mi problema no es la religión, sino el fanatismo religioso; no es el cristianismo, sino la Inquisición; no es el islam, sino el yihadismo; no es el judaísmo, sino los judíos fundamentalistas; no es Jesucristo, sino los cruzados". Para Amos Oz, el extremismo es el principal problema.

Problema incandescente
El dedo de este autor señala resueltamente a un problema que abrasa: "Lo más peligroso de siglo XXI es el fanatismo. En todas sus formas: religioso, ideológico, económico... incluso feminista. Es importante entender por qué regresa ahora: en el islam, en ciertas formas del cristianismo, en el judaísmo...".

El fanatismo es una "idea común", que se hace presente en todo el mundo. Apunta en concreto a Estados Unidos, a Rusia y al Este europeo, a la Europa occidental. El problema más acuciante radica en el simplismo: "la mayor parte del mundo se está moviendo rápido desde una perspectiva compleja a otra muy simplista". El afán de soluciones seguras resbala hacia el fanatismo, el que ofrece los argumentos más simples y penetrantes.

Al aplicar a los casos concretos toda esta carga de ideas, las soluciones no resultan obviamente tan evidentes. En el problema israelí-palestino, Amos Oz se inclina claramente por la solución de los dos estados. Opina que, "cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años", surgen "imágenes oscuras del otro" y las terapias de grupo y otras soluciones blandas no surgen entonces efecto, hay que acudir a la separación -dos pisos por separado, dos estados-, desde la que muy lentamente se podrá ir reconstruyendo un camino hacia la mutua comprensión y la posibilidad de actividades comunes. Y siguiendo con las concreciones siempre más discutibles, para la consecución de esta solución separadora, opina que "el corazón del conflicto está en la falta de liderazgo", en la ausencia de impulsos que conduzcan a estas soluciones más extremas. Por ser tan simple en la solución apuntada, el entrevistador le recuerda al autor que "en Israel hay quien le cree un fanático de la fórmula de los dos Estados".

El problema israelí-palestino nos queda más lejos, pero la entrevista conduce al final el análisis de este autor del tema catalán, y en él, por más concreto e inmediato, todavía nos puede chocar algo más su parecer. Reconoce que "una nueva fragmentación de Europa no me hace feliz", pero, "sin entender por qué", estima inevitable que "si una mayoría del pueblo en Cataluña quiere vivir por su cuenta, lo hará. Puede que sea una gran equivocación, una tragedia para Cataluña y para el resto del país. No se puede obligar a dos personas a compartir la cama si una de ellas no quiere". Al hablar en concreto, puede fácilmente ser tachado de desconocer suficientemente la situación.

Elevación al humor
El humor no es que aporte la solución a todos los problemas. Cuando éstos se enconan, se suele decir que "no está la cosa para bromas". Pero la ausencia del humor sí denota que los problemas pueden estar enconados, que no resulta posible una mirada desde otro lado, más ingenua y más distante. Por esto resulta tan descriptiva la frase de Amos Oz. Que en el momento presente resulte tan inviable el humor parece claramente indicar que hay fanatismo en Cataluña.

sábado, 5 de mayo de 2018

Liberta de Prensa, ¿cúanta y hasta dónde?

 


Estos días pasados, se ha celebrado un Día Mundial de la Libertad de Prensa. No encuentro este Día en un "Calendario de Jornadas para la Paz y la Solidaridad" en el que hay bastantes decenas de estas conmemoraciones, lo que me hace suponer que es una convocatoria reciente. El tema merece reflexión, precisamente por la ambigüedad que puede llegar a sugerir.

MANIFIESTO DE LA AMI
En España existe una Asociación de Medios de Información, que agrupa -según su página web- "más de 80 medios de información nacionales y regionales, generalistas y deportivos, que a diario realizan en España la actividad de investigación, cobertura y divulgación de la actualidad informativa nacional e internacional en el soporte digital y en papel". La AMI agrupa a la práctica totalidad de los existentes "impresos y digitales", ya que no se incluyen a los que no se publican a diario y a los que sólo actúan por las ondas, las radios y televisiones.

Con ocasión del "Día Mundial", la AMI ha hecho publico en todos los medios asociados un "Manifiesto en defensa de la Libertad de Prensa" -una página completa de los periódicos-, que merece atención y algún comentario.

Lo que reclama, aunque esté expresado en un tono algo grandilocuente, merece todo ser considerado positivamente: "apoyo y respeto a la Libertad de Prensa (LP, en adelante), pilar de una sociedad democrática, trasparente y comprometida con el progreso"; "derecho de los ciudadanos a una información libre, veraz e independiente"; "excelencia informativa"; "poner en valor (¡moda, por valorar!) el trabajo de los periodistas"; "respetar los principios propios de la ética y de la deontología periodística", "luchar contra la proliferación de `falsas noticias´" (moda ésta triste, las `fake news´); "fomentar las buenas prácticas"; "defender la verdad como valor supremo"... Todos son objetivos dignos de ser considerados y respetados.

Hay algunas frases que describen de alguna manera lo que es la LP, que explicitan a qué campos se extiende: "proteger a los periodistas", "preservar la seguridad y la vida de los periodistas", "investigar hasta el final los casos a resolver"... Y todo esto porque la LP es "aval del control eficaz de la gestión pública", "expresión de convivencia democrática", con la LP se defienden los "principios básicos e irrenunciables del Estado de Derecho".

Al expresar todos estos deseos positivos, es lógico que el Manifiesto reclame también evitar "toda forma de presión, coacción, censura o injerencia legal, política e económica", tanto sobre los medios como sobre os periodistas; hay que "blindar a la sociedad de la corrupción, la demagogia, la propaganda y, en último término, la corrupción"...

Para justificar toda esta carga de buenos deseos del Manifiesto, el Presidente de la AMI y de los diarios de Prensa Ibérica, Javier Moll de Miguel, en un brevísimo video de presentación, alude a los alrededor de 900 periodista asesinados en los últimos años, los 33 encarcelados y los 50 secuestrados y se atreve a afirmar que sólo un 12 por ciento de la población mundial goza de una adecuada LP. Las cifras son escalofriantes, y justifican sobradamente la lucha por mejorar en el mundo circundante la Libertad de Prensa.

VERDAD, ¿valor absoluto?
El empleo de los términos "supremo" o "absoluto" resulta muy peligroso, porque en lo humano no existen valores absolutos ni supremos, al tener todos que conjugarse o conciliarse con otros valores también muy importantes. La verdad participada por los humanos nunca es absoluta, porque nunca es captada en plenitud.

Cualquier periodista con años de ejercicio sabe experimentalmente que hay ocasiones en las que no resulta fácil discernir a qué carta hay que quedarse, porque la defensa de ciertos valores o verdades atenta contra otros valores u otras verdades. El derecho a conocer la verdad se contrapone al derecho a reservar otras verdades. La libertad que cada cual defiende debe siempre respetar la legítima libertad de los demás. La filosofía sobre la libertad proclama su carácter no absoluto y su obligación a atenerse a normas y principios reguladores.

La LP no lo justifica todo. Cualquiera puede recordar excesos de LP, en imágenes o en intimidades de personas o situaciones. Ante las extralimitaciones no infrecuentes de la LP, conviene preguntarse cuánta es la LP legítima, hasta dónde puede o no debe llegar la LP.

Probablemente teniendo en cuenta también estas consideraciones y a pesar de tener que ser aprobado por la gran variedad de los miembros asociados, el comentado "Manifiesto en defensa de la Libertad de Prensa" incluye también muy acertadamente una alusión a la necesidad de "respetar los principios propios de la ética y la deontología profesional" o a la conveniencia de "luchar contra la proliferación de `noticias falsas´". La libertad de prensa, como la libertad para votar o la libertad para hacer lo que me dé la gana, nunca son del todo absolutas, no son omnímodas, siempre han de atenerse otros principios o situaciones que también requieren el respeto de todos. El discernimiento en cada situación no resulta tarea fácil y en ocasiones extremas se convierte en un cometido complicadísimo.

Por todo lo expuesto, afirmar el carácter limitado de la libertad de prensa resulta tan oportuno y necesario como proclamar enfáticamente sus exigencias. Dicho sea, con la debida modestia.


miércoles, 25 de abril de 2018

Una "forma de vida sin forma", camino para el optimismo

 

24.04.18 | 11:37. Archivado en Acerca del autor, Sociedad y evangelio
 

La "forma de vida sin forma" es una expresión que he encontrado en un libro no reciente, de 2015, aplicado en concreto a la Vida Consagrada, la forma de vida específica de las Órdenes y Congregaciones religiosas y de las instituciones actualmente renovadoras de estos sistemas de vida, los Institutos Seculares y los Movimientos Apostólicos. Este pensamiento, en estos días, me ha hecho reflexionar y puede resultar útil socializar esta reflexión, participarla públicamente con otros por este medio. La discusión, está servida.

El libro en cuestión pretende echar una mirada a la vida consagrada y su peculiaridad, como precisa el subtítulo del libro. El título usa dos metáforas, Raiz y Viento, en una primera parte, aludiendo a lo consistente de la vida religiosa (un comentario casi exhaustivo de los textos bíblicos y eclesiales relacionados con el tema, realizado por el jesuita Gabino Urríbari Bilbao) y, en la segunda parte, un ensayo sobre lo cambiante y variable en la Vida Consagrada, preparado por la también profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Comillas, la religiosa Esclava del Sagrado Corazón, Nurya Martínez-Gayol. Estas son las referencias concretas del libro, editado por Sal Terrae y con la portada aquí reproducida, para las personas que quieran leerlo o releerlo.

Más allá de la Vida Consagrada
La segunda parte del libro arranca de una intuición: "Tal vez me equivoque, afirma la autora, pero cada vez percibo con más intensidad que a lo que hoy estamos llamados es a una `forma de vida sin forma´, lo cual no significa ni deforme ni a-forme", y remata en nota que esto "es sólo una intuición y una hipótesis" (p 156). Con todo, en los cinco capítulos de esta segunda parte, y en el resumen realizado a duo por los dos autores en la tercera parte del libro, esta "intuición" está reiterada y minuciosamente desarrollada, de forma que la autora amplia muy claramente la intuición apuntada al formularla.

La reflexión se refiere directamente a la Vida Consagrada, pero resulta evidente que no se circunscribe a esta exclusiva temática. Al hablar de lo mas específico de la Vida Consagrada, el llamamiento y la vocación por los que Dios invita a seguirle, ya anticipa la autora que "esta llamada no sólo es la esencia y el fundamento de la Vida Consagrada; lo es, a la vez, de la vida cristiana en general" (p 146). Por ello, la sencilla reflexión que ahora ofrezco se refiere, no sólo a la Vida Consagrada y a la vida cristiana, sino a aspectos más generales de la vida humana, todo lo que se suele incluir en el mucho más amplio término del humanismo. Algo que incluso el no cristiano, si propicia mirar a su interior, puede considerar interesante revisar.

Mundo en cambio
La reflexión actual se centra más en los fragmentos y en los pequeños relatos que en las antiguas exposiciones, realizadas con ambiciosa pretensión esencialista y abarcando la totalidad. El existencialismo del siglo XX ya supuso una oscilante alternativa al esencialismo de siglos anteriores. Kant significó una alternativa radical a Santo Tomas y a toda la Escolástica.

La autora de este ensayo acude al principio de indeterminación de Heisemberg, para el arranque de su reflexión. Se trata de un cambio de perspectiva al mirar a la realidad, del tránsito desde la mecánica newtoniana a la mecánica cuántica (p 158, nota 5). Cita a otros autores y teorías -estado de crisis, principio de incompletud, presupuestos de la lógica- y concluye, "simplificando, que todas estas teorías parecen confirmar la necesidad de salir, salir hacia el otro, hacia la alteridad (Hübner), hacia lo distinto (Gödel), desde una nueva mirada y perspectiva" (p 160). Hasta cita al Papa Francisco, cuando habla de una Iglesia y un cristianismo "en salida" (p 160, nota 10).

El cambio que el pensamiento actual lleva a cabo respecto a todo el quehacer intelectual anterior es muy fuerte. Las personas que estudiaron filosofía hace más de cincuenta años, o hace menos tiempo pero usando bibliografías y materiales de tiempos anteriores, navegan en la actualidad con mucho desconcierto. El pensamiento y la reflexión han cambiado, pero esto no significa a la fuerza que haya sido hacia algo peor.

Una metáfora resulta muy válida para visualizar el cambio que se ha producido. Es hablar de la "modernidad líquida", "para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, en la que -sin valores demasiado sólidos- la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos"(pp 189-190). La autora cita a este respecto al formulador del pensamiento líquido, el polaco Zygmunt Bauman: "En la modernidad líquida seguimos modernizando, aunque todo lo hacemos hasta nuevo aviso. Ya no existe la idea de una sociedad perfecta, en la que no sea necesario mantener una atención y una reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que por ello desaparezcan los futuros problemas... ni la incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad. Si bien esta situación se podría traducir también como `precariedad´, lo fundamental es el sentimiento de inestabilidad asociado a la desaparición de `puntos fijos´ en los que situar la confianza. Desaparece la confianza en uno mismo, en los otros y en la comunidad" (pp 190-191, y nota 6). Con todo, la conclusión tan negativa de Bauman podría no absolutizarse, pues puede incluso dejar abiertos resquicios para la esperanza.

Camino para el optimismo
Para el creyente, la relativización de todo lo humano no tiene por qué conducir a un negro pesimismo o a una visión catastrofista. El único absoluto es Dios, aunque Dios siempre resulte inabarcable para los humanos, siempre sea para nostros el Eternamente Otro e inasible. Podemos poner en Dios la confianza -ésta no se acaba, como apuntaba con pesimismo Bauman-, aunque nuestra percepción de Dios siempre resulte incompleta e imperfecta.

En el ensayo que estoy comentando, junto a la metáfora del "viento", siempre cambiante, se usa mucho la referencia veterotestamentaria de la "nube", tornadiza y normalmente variable. A Dios nunca se le puede apresar del todo entre las manos. La visión de "la forma de vida sin forma", del cambio constante de perspectivas, se basa mucho en el símil evangélico del grano de trigo, que necesita la transformación completa de pudrirse y morir para que de él salga de nuevo la vida. Es también la comparación de Teresa de Jesús, que describe bellamente la muerte del gusano como paso inevitable para que nazca la "mariposica" productora de la seda.

El cambio y hasta la muerte pueden ser el camino hacia una nueva vida, siempre abierta a nuevos estadios posteriores. El gran referente es la muerte de Jesucristo, el camino doloroso hacia la resurrección superadora de todo lo malo anterior. La "forma de vida sin forma" es una buena expresión para apuntar a los inevitables cambios que conducen a una realidad superior. Desde la fe y aún desde el humanismo, un mundo nuevo y mejor siempre resulta posible.