jueves, 12 de julio de 2018

Descanse en paz el obispo Setien

 

 

La foto, junto a la ikuriña, ya expresa la parcialidad con la que se ha solido mirar siempre la figura del obispo José Mª Setién. La noticia ahora de su muerte ha seguido dividiendo la opinión.

ABC ha titulado: "Ha muerto el obispo que desamparó a las víctimas de ETA", y el miembro del PP, Borja Sémper, se ha atrevido a formular:"Ha fallecido quien demostró que se puede ser obispo sin creer en Dios". Frente a estos testimonios tan negativos, en el día mismo de su muerte, el presidente vasco Urkullu afirmó que fue "un hombre que sembró la convivencia", "seguiremos fortaleciendo esa semilla", y lo presentó como ejemplo "en la Iglesia y en Euskadi". La disparidad de opiniones perdura tras su muerte. "Controvertido" es el adjetivo que más se ha repetido al informar sobre su muerte.

Para confirmar que su pontificado fue realmente controvertido, no hace falta acudir a las hemerotecas para recoger las opiniones vertidas por el obispo Setién a lo largo de sus más de veinte años como responsable de la diócesis de San Sebastián. Sin referencias minuciosas y sólo con el recuerdo de una actividad que siempre seguí con interés, me parece justo destacar ahora algunos aspectos positivos de este obispo, que tal vez ahora resulten incluso más claros y positivos que lo fueron durante toda su vida:

1.- Aun los menos comprensivos con su figura, todos reconocen que Setién siempre se mostró absolutamente crítico con la violencia armada de ETA. Su supuesta simpatía hacia los independentistas nunca le conduzco a condescender con el terrorismo violento. Reiteradamente solicitó públicamente a los miembros de ETA que abandonasen el uso de las armas.

2.- Es cierto que su condena de la violencia de ETA estuvo normalmente mezclada con la condena también de la supuesta violencia de los perseguidores de la ETA. Esta equidistante ambivalencia siempre molestó mucho a lo enemigos de Setién. Igualmente se le tacha mucho de poca cercanía con las víctimas del terrorismo, una condena que actualmente también se repite contra las medidas políticas que algunos ven conveniente implantar ahora en Cataluña.

3.- El reconocimiento de Setién de que, junto al problema del terrorismo estaba también el problema político, molestaba mucho escucharlo de sus labios o de su pluma en aquellos momentos tan violentos, pero en estos días tal vez resultaría más comprensible cuando se está repitiendo hasta la saciedad que el problema catalán encierra un problema penal pero reviste también un aspecto político, que hasta hace muy poco no había disposición para contemplar.

4.- Incluso en este momento de su muerte, se ha recordado que su jubilación como obispo de San Sebastián resultó un poco precipitada. No se puede dejar de tener en cuenta, con todo, que no hubo condenación expresa oficial alguna a su actuación y que los aires que entonces se respiraban en el Vaticano no eran desde luego los mismos que allí dominan ahora, aunque resulte imposible retrotraer el pontificado de Francisco hasta aquella época para imaginar cuál hubiese sido su valoración de la figura y el talante de Setién.

5.- Que recuerde, nunca hubo en el país vasco de aquellos años una ruptura de la postura oficial de los obispos y de la Iglesia en general, como sí ha ocurrido sin embargo recientemente en Cataluña.

6.- La Iglesia vasco navarra manifestó en aquellos años un signo importante de unidad con unas anuales pastorales cuaresmales, que, más allá de lo estrictamente coyuntural, penetraban con mucha seriedad en temas profundos de teología y pastoral, constituyéndose en instrumentos muy útiles para todo el resto de la iglesia y de la sociedad españolas. Se publicaron cada año estas pastorales conjuntas en pequeños volúmenes, que todavía resultan de gran utilidad fuera incluso de aquellos territorios.

7.- En aquella actividad conjunta de los obispos vasco-navarros de aquellos años tuvo un participación muy importante el obispo Setién, un hombre muy bien formado previamente -en el famoso entonces Seminario de Vitoria y en la Universidad Gregoriana de Roma- y que antes de ser obispo ejerció además importante magisterio en la Universidad Pontificia de Salamanca. De mis lejanos estudios de filosofía, todavía recuerdo que a Setién se le citaba como importante autoridad ética en aquellos años.


Tras estos pocos recuerdos, superando las confrontaciones que todavía se están manejando, sólo cave esperar y desear que don José María Setién descanse ya definitivamente en la paz del Señor.


lunes, 2 de julio de 2018

EL FUTBOL, UNA RELIGIÓN. Diez semejanzas.

Hace más de una docena de años, en los días veraniegos próximos al comienzo de la Liga británica, me llamó mucho la atención -en Inglaterra- una gran valla anunciando el Futbol como una Religión, creo recordar que con el fin publicitario de reclutar socios para el equipo de Liverpool.

Ahora, en los días de máximo paroxismo del futbol, al hilo del aluvión de partidos metidos en todos los hogares desde el campeonato del mundo de Rusia, se está aprovechando la ocasión para destacar también las dimensiones más transcendentes del futbol, relacionándolo "con la filosofía, con la antropología y hasta con la religión". La línea argumental de todas estas reflexiones es que el futbol se asemeja a la religión y que "ser hincha, fan o seguidor de un club o de una selección es un compromiso religioso". Es ésta una buena ocasión para reflexionar brevemente sobre el tema, para aportar algunas semejanzas (y desemejanzas) existentes entre el futbol y la religión*.

1. ASISTENTES, POR MILLONES. La más gruesa semejanza entre el futbol y la religión es que ambos fenómenos reclutan semanalmente los asistentes por millones. De forma aproximada, se dice que 14 millones de españoles acuden semanalmente a los campos de futbol. Con mayor precisión, la última estadística del CIE calcula que, del 72 % de españoles que se afirman como católicos, el 14,3 % asiste a la misa dominical, cifra en sí baja pero que eleva de hecho a 7 millones los asistentes reales a las iglesias cada semana. Ninguna otra realidad en España se aproxima siquiera a la participación que la religión y el futbol convocan (a éstas hay que añadir, además, las cifran también millonarias de los seguidores a distancia de estos fenómenos por las televisiones y las radios). Los presupuestos económicos anuales de más de 1.000 y 2.000 millones de euros, para la Iglesia católica y para el futbol español respectivamente, visualizan también las dimensiones millonarias de estas dos macro-instituciones. Sólo la Iglesia y el futbol miden sus fuerzas en España con semejantes dimensiones millonarias


2. LOS RITOS, COMO NORMA DE FUNCIONAMIENTO.
Las ceremonia religiosas son rituales, están sometidas a normas  muy precisas de palabras y de gestos para las diversas actuaciones eclesiales, para cada uno de los sacramentos que  se ofician.
Pero en el futbol existen también exigentes ritos para las actuaciones: en los templos o catedrales que son los estadios (no solo en Bilbao), las tribunas recogen a los feligreses; sobre el césped ofician los sacerdotes (algunos jugadores se consideran y son considerados como dioses); los hinchas, son los creyentes; los goles, auténticos milagros; todo está además marcado por precisos ritos de procesiones iniciales, banderas, cantos e himnos, respuestas entusiastas de los asistentes... Los ritos están tan marcados en los estadios de futbol como en las ceremonias religiosas.


3.  CULTO. Las ceremonias religiosas son actos de culto, en ellas se rinde culto a Dios. Las novenas, quinarios y triduos organizados por las Hermandades son familiarmente denominados por los "semanasanteros" como los "cultos". El futbol es también un acto de culto al deporte, al balón, a los goles, a la suntuosidad de los estadios. El que va al futbol se sumerge en un acto masivo de alabanza a la mágica de los enfrentamientos, que pueden o no acabar en el éxito de los goles.

5. VALORES COMPARTIDOS. Los que se acercan a un acto religioso comparten con los demás el valor supremo de la fe. La práctica del deporte comparte y fomenta también una serie de valores importantes: la igualdad de los miembros del equipo, la superación personal, la ilusión, la competencia, la solidaridad... Para un escéptico de los valores tradicionales, "perdida la confianza en la política y la religión, sólo queda el partido de la jornada para construir la identidad y construir la arcadia sintética de las multitudes" (Manuel Mandianes, miembro del CSIC).

6. PECADOS CAPITALES. No sólo hace participar en valores, también introduce el futbol en una serie de antivalores, los que serían los también siete pecados capitales de este deporte: "capitalismo, mercantilización, colonialismo, nacionalismo, psicología de masas, patriarcado, codificación legal de la violencia". El futbol no es blanco, no está exento de defectos, pero "abstrae a un reino más elevado y sacro de experiencias ritualizadas".

7. ACEPTACIÓN DE LA CRUZ. En el futbol hay que aceptar la derrota, como en la religión hay que encajar la cruz, "La fe en unos colores resulta idéntica al fenómeno religioso sólo funciona correctamente cuando se conjuga con un fracaso monumental, inapelable, la derrota; incluso, la derrota en una final. Sólo quienes padecen ese vacío se acercan al futbol de una manera realmente religiosa". Los aficionados hablan mucho del "sufrimiento" por el que inevitablemente hay que pasar, para ganar un partido cuando domina mucho el balón el equipo contrario, o, lo que es todavía mucho peor, para perderlo irremisiblemente.

8. TRANSMISIÓN DE IDENTIDAD. El futbol es un auténtico "constructor de identidad, funciona mejor que la política para trasmitir a la gente una sensación de comunidad". La grada iguala, y hace a todos participantes de un mismo sentir. Para los que desconfían de la política e incluso de la religión, "sólo queda el partido de la jornada para construir identidad y establecer la arcadia sintética de las multitudes". La asistencia a los partidos "organiza el caos individual, social, político y religioso, que muchos llevan dentro y -en lenguaje aún más solemne- llena el vacío existencial de las referencias perdidas y de la complejidad de la vida". Los gritos que llenan los campos de futbol -se ha llegado a decir- son "intentos de vomitar dramas cotidianos... La horas dedicadas al futbol son horas raptadas al diván del psiquiatra". La identidad, que el futbol transfigura, se trasmite también de padres a hijos. Es otro argentino el que comenta: "El futbol no es ni más que menos que eso. Eso que me dio mi viejo, y que yo le paso a mi hijo. Ese amor gratuito, esa esperanza desbocada. Ese dolor, esa rabia, esa fe rotunda". Es el mismo lenguaje que se usa para la transmisión de la fe de padres a hijos, en las comunidades cristianas.

9. INCLUSO TRANSCENDENCIA. Para el que va al futbol, el estadio lleno es su paraíso. El auténtico aficionado encuentra su felicidad más completa en sumergirse en el espectáculo de masas del estadio. Se espera incluso el milagro de los goles, aunque el cielo y el infierno, la satisfacción y el dolor, se concentren en el espacio reducido de los 90 minutos. Aún es más transcendente la participación del individuo en el juego del equipo, que suma más que las aportaciones aisladas de cada uno de los miembros: como ha filosofado el francés Sartre, "la acción del jugador individual se subordina al equipo, se integra en él a la vez que lo trasciende, de modo que la acción colectiva del grupo ampara el funcionamiento de la acción individual". Una cierta trascendencia hacia universos no individuales es participado por los que viven intensamente el futbol.

10. NO ES LO MISMO. Aunque el escritor uruguayo Galeano haya dicho que "el futbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes (y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales)" y que "el futbol es la única religión que no tiene ateos", sin embargo, el futbol se puede decir que es una religión, pero no la religion. Las semejanzas referidas en este comentario destacan puntos ciertos de coincidencia, pero, a pesar del uso del lenguaje religioso expreso para expresar las coincidencias, el futbol no llegará nunca a sustituir a la religión, porque el futbol es una realidad sólo terrena e inmanente y sería incluso irrespetuoso compararlo con la religión que se centra en el Dios enteramente trascendente.
       


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* Un Pliego del periodista Juan Carlos RODRÍGUEZ, en el semanario Vida Nueva, resume bien toda la literatura que se ha publicado recientemente sobre las relaciones entre el futbol y la religión: Hermenéutica" del futbol como `religión del siglo XXI´ (nº 3.087, 16-22 junio 2018, páginas 23-30). En este amplio artículo, se aporta la referencia precisa y detallada de hasta diez libros sobres esta materia. De este extenso artículo están sacadas muchas referencias y las citas entrecomilladas de este breve comentario.

jueves, 21 de junio de 2018

¿Que es parresía? Francisco la recomienda para ser santo



Parresía es una palabra de origen griego que el Papa Francisco ha colocado sobre el candelero al hablar sobre la santidad. Los que no sintonizan mucho con Francisco se fijan en el contraste existente entre el gran teólogo que fue Benedicto XVI y el más bien divulgador de la teología que es Francisco. Pero en su última Exhortación Apostólica Alegraos y Regocijaos, Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual, junto a innumerables citas bíblicas y a frecuentes alusiones al gran teólogo Santo Toma de Aquino, Francisco castellaniza esta palabra griega y dedica un buen apartado de su escrito a comentar el papel que juega la parresía en el acercamiento a la santidad cristiana.


¿Que destaca Francisco al usar este término proveniente del griego?

Significados múltiples
No es fácil una buena traducción de este término. Al no referirse el mundo físico (como oikos, que siempre se traduce por casa), la traducción es más versátil, más dependiente del contexto y de la intención. La definición que da el Diccionario de la Real Academia Española a la castellinación del término y que repiten otros diccionarios y enciclopedias ("figura que consiste en aparentar que se habla audaz y libremente al decir cosas, ofensivas al parecer, y en realidad gratas y halagüeñas para aquel a quien se dicen"), se refiere sólo a un uso de la Retórica y no entra en otros significados más próximos a la etimología del término; "decirlo todo" (de rema y pan, dicho y todo).


En la siete páginas que Francisco dedica en su escrito a la parresía, salen una serie de palabras y expresiones que configuran el significado múltiple que este término tiene en el Nuevo Testamento: "audacia", "fervor", "empuje evangelizador", "actitud llena de coraje", "entusiasmo", "hablar con libertad", "poner nuestros carismas al servicio de los otros", "sentirnos apremiados por el amor", "empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar sólo por dentro de confines seguros", "predicar tu palabra con toda valentía", "desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras"... Francisco concreta además media docena de citas expresas de esta palabra, de las 31 que se pueden encontrar en una Concordancia de los términos griegos del Nuevo Testamento. No se trata de llevar a cabo traducciones literales de la palabra parresía, sino de dar a entender todos los múltiples sentidos contenidos en este polifacético término. Poner en valor, la frase que ahora se repite hasta la saciedad. La ilustración que reproduzco, con una figura todo ojos y orejas y muchas antenas, abierta a todo lo que provenga de los demás, ya resulta significativa.

Su carencia, lo más significativo
Lo que más me ha impresionado -en el pequeño tratadito sobre la parresía de Francisco- no es todo el rico sentido positivo que el término tiene, sino lo mucho más que revela su ausencia, el sentido negativo manifestado en las situaciones en las que no se practica la parresía, en las que caemos "en la tentación de huir a un lugar seguro", para no afrontar el tener que dar la cara y asumir compromisos. Francisco enumera los "muchos nombres" que tiene el refugiarse en "lugares seguros": "individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas... Nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable" (Gaudete et Exultate, número 134).

Cada uno de los términos de la enumeración merecería un comentario. Son situaciones heterogéneas, algunas no frecuentemente valoradas como negativas, pero todas manifestativas de la falta de arrojo que supone el no salir de los propios esquemas. Es mucho más cómodo el refugiarse en los "lugares seguros", pero Francisco recomienda el riesgo de la desinstalación. La llamada es muy clara: "La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas `sean lo que son´, o lo que algunos han decidido que sean".

Francisco advierte que para atender a estos reclamos hace falta que "el Señor venga a despertarnos"; más incisivamente, hace falta que el Señor venga a "pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia". Consciente de lo que esto supone y contando con el testimonio de los santos auténticos, Francisco recuerda que "la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida … a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante".

Retrato personal
Todo lo anterior lo dice Francisco al describir, al final ya de su escrito, los cinco aspectos de la "llamada a la santidad". Junto a la parresía, los otros cuatro son el "aguante-paciencia-mansedumbre", "la alegría y el sentido del humor", "el vivir en comunidad" y "la oración constante". En todo el escrito y en estos cinco brochazos finales, la santidad es presentada como algo a lo que todos los cristianos somos llamados, como algo que evitará que la vida cristina se convierta en un simple "museo de recuerdos".

Un rasgo final sobre la implicación personal de Francisco en todo esto. Al escribir las Constituciones, San Ignacio traza una descripción subidísima de las cualidades que debería tener el P. General de la Compañía de Jesús. La descripción resulta casi inasequible, por lo ambiciosa que resulta. Los comentaristas han resaltado, con todo, que, indirectamente y sin pretenderlo de ningún modo, la descripción realizada constituye el mejor retrato de la figura de san Ignacio de Loyola. Algo parecido se podría decir del contenido de este escrito sobre la santidad y, más concretamente, de lo apuntado sobre la parresía: se hace una descripción de la ejemplar intrepidez que tiene el jesuita Francisco en su pontificado. *


* El gran moralista español Marciano Vidal ha publicado en el semanario Vida Nueva (número 3.086, 9-15 junio 2018, en un Pliego, incluido en las páginas 23-30) un completo comentario al escrito de Francisco, con una mirada además muy atenta a su conexión con la moral: Una espiritualidad evangélica, alegre y puesta al día. Sobre la exhortación apostólica `Alegraos y Regocijaos´. Merece mucho leerse, para recibir una valoración cabal sobre el escrito papal.


domingo, 10 de junio de 2018

Consecuencia positiva del cambio de gobierno

 

 







Este comentario no tiene un sentido directamente político. El sentido positivo referido en el encabezado no contempla sólo el ángulo político -si ha sido o no bueno para España el cambio de gobernantes que se ha producido-, sino que se centra en el mucho más amplio y universal sentido social y humano de la nueva situación; esto es, si ha traído alguna ventaja en otros órdenes de la vida.



El cambio es posible
 Que en menos de 10 días se haya pasado de la estabilidad de ver al Gobierno de Rajoy tranquilo y optimista por haber laboriosísimamente conseguido la aprobación de los presupuestos del país, con un inmediato panorama bien despejado por delante, a la caída del mismo Gobierno y a la toma de posesión de Pedro Sánchez, con el sólo respaldo directo de un PSOE de 84 diputados, es un acontecimiento tan impensable previamente que ha demostrado fehacientemente que todo cambio resulta posible.

Este acontecimiento resulta positivo porque lo más frecuente es considerar que lo difícil es prácticamente imposible, que no sirve para nada soñar con las estrellas, que el realismo de la vida se impone siempre sobre las atrevidas ilusiones. Constatar, por ello, que algo tan difícil de imaginar se ha convertido en realidad en tan pocos días, resulta saludable para desperezar los optimismos, para darle por una vez la razón a la ilusionada frase otro mundo es posible.


Cuando ya no se está en los años más jóvenes de la vida, cuando las personas y las instituciones levantan más desconfianzas que ilusiones, viene bien este golpetazo contra las desesperanzas, este volcán desmadrado de optimismo que se come y aniquila los más negros presagios anteriores. El alcance de este hecho desborda lo político, entra en el cauce mucho más amplio de la vida, en todas sus variantes.Soy consciente, con todo, que algunos consideran este hecho no como positivo, sino como radicalmente negativo.

Para éstos, el otro mundo es posible no significa que lo bueno impensado pueda sobrevenir, sino que siempre resulta posible empeorar la situación actual, que los disparates más impensables se pueden llevar a cabo. Cada cual es libre, o esclavo, de sus propios planteamientos; cada uno valora las situaciones según sus propios antecedentes y sus anteriores puntos de vista. Pero aun éstos, que estiman tan negativamente el cambio político que se ha producido, estarán de acuerdo en conceder que la revolución ha resultado posible, que se ha producido una alteración que no era concebible pocos días antes. Otro mundo es posible, también para éstos.


Virado en positivo
Siempre es preferible virar lo hechos en positivo que valorarlos negativamente. La botella medio vacía siempre se puede considerar medio llena, incluso cuando las dos mitades no sean exactamente iguales, aunque alguna de las dos supere el 50 por ciento.

Ahora me ha contribuido a que le preste una mirada positiva al cambio político actual una simultanea relectura de El Principito , la imperecedera joya que nos dejó el francés nunca pasado de moda Antoin de Saint Exupery. La fábula del niño caído de una lejanísima estrella, sus rasgos de realismo en las más impensables situaciones, sus alegorías sobre personajes inimaginables y al mismo tiempo veracísimos, su capacidad para hablar con una rosa, con un volcán o con un zorro, todo la magia del relato contribuye a una mirada amorosa sobre la realidad, en la que los buenos sentimientos llegan a ahogar a los malos.

También me ha conducido en estos días a una visión positiva de la realidad, una columna en un reciente El País Semanal de Martín Caparrós sobre las Palabras al viento. El recuento de palabras que aparecen como nuevas o que adquieren nuevos significados (digital, ordenador, móvil, ratón, pinchar..., o populismo, ciudadanos, género, etc., etc.), arrastra al autor a pensar que "todo, incluso lo que me había parecido más solido y durable, era volátil" y le hace enfrentarse con el dato ineludible del tiempo, "mi primer gran choque con el tiempo, lo socarrón del tiempo, lo implacable del tiempo. El análisis de las palabras nuevas o de las que cambian de sentido o desaparecen le lleva a la transcendente conclusión que "nadie piensa que su mundo es efímero... No pensar el mundo como proceso histórico incesante, no darse cuenta de que todo cambia todo el tiempo, es no pensar que nuestras sociedades se van a terminar. Como las vidas". Demasiado enfático y solemne tal vez, pero con mucho sentido aprovechable.
 

De todo sale algo bueno
El cambio político que ahora se ha producido, sin duda que ha sido radical y que hasta hace poco resultaba impensable. Para el que le resulte posible transcender de la valoración estrictamente política, no hay duda de que se ha hecho presente una nueva situación, que ha amanecido un nuevo panorama.

Sentir que se ha podido producir esta radical transformación en tan poco tiempo, ya resulta positivo. Lo nuevo genera, además, esperanza. De todo se puede sacar algo bueno. Para el que le resulte posible, no es momento de contemplar lo equivocado, lo peligroso o lo difícil que la nueva situación política puede acarrear, sino de sentir ilusión por lo que nace, por lo que aparece con la pretensión de que todo resulta posible. Dejar de considerar las cosas como inevitables y abrirse a la esperanza de conseguir incluso lo difícil, lo que hasta ahora se veía como imposible. Más allá del buenismo, albergar la esperanza de que otro mundo es posible.

domingo, 3 de junio de 2018

Crucifijo y Constitución, ¿insustituibles?

 

 




El mismo día y prácticamente a la misma hora, el sábado 2 de junio y a las 10 de la mañana, ha sido la toma de posesión de Pedro Sánchez como Presidente del Gobierno, sin Crucifijo sobre la mesa, y la toma de posesión de los Consejeros del Gobierno de la Generalitat de Cataluña, sin Constitución sobre la mesa. El Crucifijo y la Constitución, ¿son imprescindibles en estos actos?


El Crucifijo y la Biblia
La mesa a la que se acercó Pedro Sánchez para formular su Promesa estaba absolutamente limpia de símbolos religiosos, sin Crucifijo y sin Biblia, como se puede constatar en la imagen adjunta tomada de El País. Toda la prensa y todos los medios que han informado sobre este acto han destacado de forma importante la ausencia de elementos religiosos en este acto.

Todos han tenido que informar, sin embargo, que la presencia del Crucifijo y la Biblia no es obligada ni imprescindible, desde que el actual Rey en 2016 dejo la presencia de estos símbolos a voluntad del que toma posesión, así como ya lo era antes el usar la fórmula del "prometer" o del "jurar".

Me ha sorprendido que el informativo de la COPE de las 7 de la mañana del día siguiente, el domingo 3, se abriese con un comentario de ¡10 minutos! sobre esta ausencia de símbolos religiosos en el acto de la toma de posesión, reiterando que "Sánchez no estaba obligado" y que la Iglesia Católica "no precisaba de su expresa aquiescencia religiosa", pero que el hecho resultaba muy significativo por el personaje y por los tiempos en los que la Iglesia está siendo ninguneada y hasta perseguida. Como contraste aparentemente fuerte se adujo que el públicamente ateo Tierno Galván se inició como Alcalde de Madrid ante la presencia del Crucifijo, sin destacar para nada la enorme disimilitud del personaje y de los tiempos existente entre las personas y entre circunstancias del todo diversas.

Además de en los medios, este hecho lo he oído comentar mucho en los ambientes religiosos, tomándolo además como augurio de las medidas antirreligiosas y antieclesiales que algunos esperan del Gobierno de Pedro Sánchez. El malestar que a muchos ha causado la llegada al poder de Pedro Sánchez da la impresión de que se ha desbocado por esta deriva de la falta de elementos religiosos en su toma de posesión.

Como todo acto humano, desde luego, el hecho puede ser discutible. La no presencia de los elementos religiosos en un acto de un estado laico, además, se presta a valoraciones muy diversas, desde las airadas hasta las más ingenuamente consentidoras. Con todo, en este caso, puede que la hipotética presencia de los símbolos religiosos también podría haber sido contestada por los muy críticos con el PSOE y con su Presidente, por la falsedad de usar estos símbolos sin convencimiento y sólo por conveniencia. No deja de sorprender, además, que la carga de todos estos comentarios y criticas se focalice en Pedro Sanchez, por usar este derecho, y no en Felipe VI, que fue el que estableció la posibilidad de usarlo. En resumen, una discusión muy de la época, en la que cada interviniente queda retratado por la postura adoptada.

Ausencia de la Constitución
Destaca mucho el que el mismo día y a la misma hora, en la mesa ante la que tomaban posesión los Consejeros de la Generalitat de Cataluña, no estuviese ni presente ni abierto el libro de la Constitución Española. El texto formulado de la Promesa omitía expresamente cualquier referencia a la propia Constitución y al Rey de España. En la sala, tampoco había bandera española. Por lo que he leído sobre el tema, no hay normativa expresa y muy precisa sobre esta materia, por lo que cualquier impugnación resultaría difícil de formular, pero el hecho pone en evidencia la voluntad descarada de manifestar el deseo de desconexión con España.

Este hecho tiene carácter fundamentalmente político. En una información secundaria, muy de pasada, he visto que los Consejeros "prometieron" y que sobre la mesa estaba una bella imagen de San Jordí, sin alusión alguna a Biblia o Crucifijo. La fuerte carga política de este acto, con el homenaje reivindicativo a los "presos políticos y a los exiliados" y a sus familiares, dirige la mirada hacia otra parte y no presta atención alguna a la presencia o la ausencia de elementos religiosos o al carácter meramente laico del acto de toma de posesión. Cuando están presentes circunstancias política muy acuciantes, disminuye mucho la atención a la tangencia religiosa del acto.

Enseñanzas de los dos casos
La mirada y los intereses se configuran según la índole de las circunstancias. Por tener mucha importancia la ausencia de la Constitución sobre la mesa y en la formulación de la Promesa -insustituible, visto el tema desde el resto de España-, la consideración del elemento religioso ha pasado a segundo tercer plano en el acto de Cataluña. Los resquemores -también religiosos- existentes sobre la figura de Pedro Sánchez seguramente han prestado atención sobredimensionada al carácter puramente laico del acto de su toma de posesión.

La incidencia de lo religioso con lo político no resulta fácil, suele ser muy problemática. Pero la anécdota del acto de Madrid y del acto de Barcelona pone al descubierto que los factores concomitantes -la postura ante Pedro Sanchez, la actitud ante el independentismo- influyen también enormemente en la valoración de los hechos. Discernir sobre el vidrioso tema de la relación entre lo religiosos y lo político es una tarea ardua, propensa al análisis "según el cristal con el que se mira". La verdad completa siempre resulta inasequible para los humanos.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Rocío de las Hermandades

 


Hablar del Rocío al que no lo conoce resulta muy difícil. Es casi imposible dar a entender: el marco externo de la aldea (un habitat del todo insólito, con un perímetro de muchos kilómetros y muchos miles de segundas viviendas en inmensas calles enarenadas); población de más de un millón de personas en los cuatro días de la Romería y pocos centenares de residentes estables todo el año; amplias terrazas en todas la viviendas; peculiares actos religiosos oficiales (presentación de Hermandades, Misa en el Real, concentración inmensa para un Rosario larguísimo, procesión inimaginable); ermita a todas horas repleta de gente, durante la romería... Al intentar contar el Rocío a personas distantes de lo andaluz, el que lo intenta se da cuenta de que el otro no se está enterando. Un fenómeno muy peculiar, muy difícil de explicar a los extraños.

Este año he conocido una vertiente distinta del Rocío, la de las Hermandades filiales. Son actualmente 121 Hermandades distintas, aglutinadas desde Almonte por la entidad organizadora, la denominada la Hermandad Matriz. La experiencia desde las 121 Hermandades es muy distinta de la de la Hermandad Matriz.

Vuelta a la naturaleza
El primer elemento diferenciador es que las 121 Hermandades hacen el camino desde sus localidades de origen hasta la aldea del Rocio, en casi todos los casos haciendo una o varias noches durante el recorrido según la distancias desde la que se desplazan. El camino se hace acompañando al simpecado, el estandarte con la imagen de la Virgen del Rocio que durante el año recibe el culto de sus devotos en las respectivas ciudades de origen. En la Hermandad Emigrantes de Huelva, la experiencia que he vivido personalmente este año, acompañaban a la carreta del simpecado unas 2.000 personas: a caballo, en carros bellamente adornados, en inmensos trailers tirados por tractores, en charrets, y varios centenares caminando a pie, un conjunto de una larga comitiva con alrededor de un kilómetro de larga. Hay Hermandades más numerosas, de hasta 10.000 personas, y otras más reducidas, de decenas o centenares de personas.

El camino encierra el encanto de una profunda vuelta a la naturaleza, pues se realiza casi todo lejos del asfalto, sobre pistas de barro o sobre caminos de blandas arenas. Un contacto directo con la naturaleza (pinares espléndidos de Doñana, en este caso), realizado por personas que ya viven todo el año en ambientes urbanos. Caminar por el campo, dormir malamente, comer y beber de las viandas autotransportadas -el costo- vivir constantemente rodeados por otros peregrinos, es entrar en un régimen que seduce enormemente a los participantes. Es zambullirse transitoriamente en un sistema de vida que ya ha desparecido casi por completo. Y todo esto casi siempre con los trajes de gitana o de flamenco, con cantes o bailes de sevillanas muy frecuentes, con reiteración de la sarta de ¡Vivas a la Virgen del Rocío! muy frecuente.

Desbordamiento de lo religioso
El que hace el camino es muy consciente de que está acompañando al simpecado, de que camina con la Virgen. Pero la vivencia de lo religioso en el camino -en realidad, en todo el Rocío- es muy diversa de la religiosidad tradicional de las Iglesias. Es como si la religión rompiese aquí sus propios moldes y se desbordase, adquiriendo formas de expresión muy diferentes. Participan de estas formas ampliadas de religiosidad personas no frecuentadoras de las Iglesias, hombres y mujeres de aspectos estrictamente seculares, con atuendos y expresiones a los que no están acostumbrados los muros de los templos.

Por la mañanita del día de camino, se dice una misa de romeros, bajo los pinos, en el seno de la inigualable catedral que es la naturaliza. La gente participa y hasta se emociona, muchos comulgan, viviendo de forma poco común la liturgia estricta de la Iglesia.

Pero hay que reconocer que la vivencia de casi todos es mucho más fuerte en otro peculiar acto religioso que se realiza a otra hora y de forma muy distinta, casi al final de la jornada del segundo día del itinerario. Hay una charca por la que el camino tiene que cruzar, rodeado de un amplio anfiteatro de vallados sobre el que se acomoda toda la comitiva. La carreta con el simpecado se introduce en el agua no profunda de la charca, y entonces empieza la ceremonia. Desde lo alto de un caballo, un hombre saca una guitarra y arranca cantar. Cantos hondos flamencos, con letras alusivas a la Virgen y a la Hermandad y a los sentimientos más profundos de la gente, que electrizan por completo a los asistentes. Todos se siente muy cómodos y participan con los olés y rubrican con los aplausos. Siguen cantos por sevillanas e intervención de otras varias voces, todas muy conectadas con el sentir de los asistentes. Un auténtico happening en el que todos se implican.

Ya en la aldea, las Hermandades depositan su simpecado en la sencilla capilla de su Casa, desde la que lo conducen en procesión a la Presentación ante la Virgen y a los distintos actos oficiales de la Romería. El simpecado es el lazo de unión de la Hermandad con la imagen de la Virgen del Rocío, que en la Procesión devuelve la visita a todos los simpecados que han venido hasta la aldea a rendirle culto durante la romería.

Es otra forma de vivir los sentimientos religiosos, mucho menos exigente desde luego pero no menos honda y sentida. Es el fenómeno amplio de la religiosidad popular, del que el Papa Francisco ha hablado con gran respeto, ha recomendado cuidar con esmero. Todo el conjunto de las manifestaciones religiosas del Rocío, los oficiales y los individuales que el pueblo experimenta en sus cantes y en sus contactos personales con la Virgen, desbordan los moldes estrictos de la religiosidad tradicional, acogen a personas menos ortodoxas y ocasionalmente situadas también al margen de la severa moral católica. Es un fenómeno mucho más amplio, que se presta a interpretaciones diversas.

Para colmo, esta vivencia profunda y tan heterogénea de la religiosidad popular se encuentra envuelta en el contexto todavía muchísimo más amplio de las restantes manifestaciones del Rocío: el cante y el baile, la comida y la bebida, el lujo de los trajes típicos andaluces, la naturaleza exuberante de Doñana y de la marisma, la convivencia y la amistad en sus grados mal altos... Un universo muy heterogéneo, en el que hasta el vocabulario es diferente, términos que hay que transcribir en letras cursivas para dar a entender su diferencia. Dentro de su variedad, el Rocío es probablemente la manifestación más completa de todos los elementos de Andalucía, de su tierra y de sus gentes, de su cultura, de su gastronomía, de su formad e ser y también de su religiosidad, todo fundido en un conjunto inseparable, en el que no resulta fácil deslindar y valorar la importancia aislada de cada aspecto.

Reflexión final sobre las Hermandades
La articulación más fuerte de todos las variadas manifestaciones de lo rociero son las Hermandades, el tema de este sencillo comentario. Actualmente existe la discusión sobre hasta dónde puede llegar el crecimiento del Rocío. Las Hermandades oficialmente admitidas como afiliadas son ya 121, y varias decenas más son las Asociaciones en la lista de espera para ser igualmente reconocidas, pero el Rocío es un fenómeno mucho más amplio coomplejo. Algunos dicen que las costuras se rompen, que ni la aldea ni los actos oficiales de culto admiten más ampliaciones. La discusión no es fácil de resolver.
El actual responsable más directo del Rocío, el Presidente de la Hermandad Matriz de Almonte, Juan Ignacio Reales, en entrevistas de prensa de este año, a la pregunta "¿Tiene límites el Rocío?", deja una cosa clara: "Sinceramente, no lo sé", responde inicialmente. "Pero tengo claro que esos límites no los podemos poner nosotros, desde el pueblo de Almonte o desde la Hermandad Matriz. Para nosotros es un honor y es un orgullo que la imagen de nuestra Patrona sea venerada en todo el mundo, y eso es algo que nos tiene que llenar de alegría y de satisfacción; y, al mismo tiempo, es una responsabilidad muy importante: saber reconducir y reorientar ese crecimiento de forma que no altere la esencia y la autenticidad del Roció. Per no podemos ser nosotros los que pongamos vallas a esa devoción".

En otra entrevista también de este año, con una confianza puede que excesivamente generosa, deposita precisamente en las hermandades la posibilidad de una crecimiento ordenado del fenómeno rociero: "El crecimiento del Rocío, si viene de la mano de las hermandades, no es peligroso, porque son éstas las que mejor pueden garantizar que ese crecimiento no sea sólo cuantitativo, sino que también sea cualitativo; es decir, que vengan al Rocío personas que están debidamente preparadas, que llevan todo un año de preparación, que participan en sus cultos, que hacen obras de cariad, que se preocupan de la formación de los hermanos... Mientras sean las hermandades las que articulen la devoción rociera de la mano de la Hermandad Matriz, todo está bajo control. Lo contrario sería limitar el crecimiento, ponerle puertas al campo, tirarnos piedras contra nuestro propio tejado. Si es una devoción que crece tenemos que favorecer eso, pero reconduciéndolo. Que no sea un crecimiento desorbitado o descontrolado, ni que venga la gente por libre, sino siempre dentro de la Iglesia y del cauce de las hermandades. El crecimiento está siendo de una o dos hermandades por año, y eso permite asumirlo y organizarlo bien".

El tema es arduo. La respuesta no es fácil. Tal vez del sistema de evolución darwiniano provea a la larga algún tipo de autorecorte, algún punto máximo de saturación. Este apunte sobre las Hermandades puede focalizar la mirada en el principal punto del que puede provenir la solución mejor del problema del crecimiento del Rocío. Las hermandades, desde luego, son un hermoso elemento dignificador de la mejor esencia del Rocío.

Otras páginas sobre El Rocío, en este blog:
09/06/2017     Un detalle sobre el pasado Rocio
16/05/2016     El acto más hondo del Rocío
26/05/2015     Romería del Rocío, honda religiosidad en una manifestación global de Andalucía

martes, 15 de mayo de 2018

Fanatismo y humor

 

Vi un titular, y me entusiasmé: "No he visto nunca un fanático con sentido del humor". No recordaba conocer al autor que dijo esta frase, pero al verla pensé que merecía un comentario. Con el recurrente e invasivo tema catalán como trasfondo, la frase ofrecía una opinión muy sugerente: seguramente el humor podría ofrecer un resquicio de salida al fanatismo, que tanto distancia a unos de otros.

Autor muy conocido
El entrevistado (Babelia, 12 Mayo 2018) que dijo la frase "Nunca he visto in fanático con sentido del humor" resulta que es un escritor famoso, Amos Oz, tal vez el autor más conocido de la literatura hebrea israelí actual, con más de una veintena de libros publicados y casi todos traducidos al castellano. Este autor ha recibido importantes premios en diversos países, entre ellos el español Principe de Asturias de las Letras, en 2007.

Ha cultivado casi todos los géneros, pero nacido en 1939, ahora con 79 años, reconoce humildemente que ya no tiene edad para escribir más novelas: "Mi salud ya no me permite viajar con la imaginación". De su propia biografía arranca la preocupación que actualmente más le preocupa. Su último libro, Mis queridos fanáticos, lo publica casi como un legado o testamento: "He concentrado lo que he aprendido en la vida, pero no de una manera abstracta, sino como un cuento. Se lo he dedicado a mis nietos". Habrá que intentar leer este libro.

Llegar a la condena del fanatismo no es tarea fácil en Israel. La entrevista (bien realizada por J.C. Sanz) resalta bien su trayectoria. Nació en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén: Se recuerda como "un pequeño extremista, educado en la convicción del nacionalismo; nuestros enemigos están equivocados, somos los buenos de la película y los otros son los malos". Tuvo que distanciarse mucho del "gen fanático" tan arraigado en todos, de "la tendencia del ser humano de querer cambiar a los demás", hasta poder arribar a la condena del simplismo manejado por el fanatismo: "Cuanto más complejos se van haciendo los problemas, más y más gente está hambrienta de respuestas muy simples, de respuestas que lo cubran todo".

El peligro está en los extremos. En un país en el que todos -"cristianos, musulmanes, judíos, pacifistas, ateos, racistas"- creen poseer la "formula personal para la salvación o la redención" de los demás, donde "una parada del autobús se puede convertir en un seminario académico" ("completos desconocidos discuten de política, moralidad, religión, historia o sobre cuales son las verdaderas intenciones de Dios, pero nadie quiere escuchar al otro, todos creen tener la razón"), resulta sorprendente que este autor aventure que "mi problema no es la religión, sino el fanatismo religioso; no es el cristianismo, sino la Inquisición; no es el islam, sino el yihadismo; no es el judaísmo, sino los judíos fundamentalistas; no es Jesucristo, sino los cruzados". Para Amos Oz, el extremismo es el principal problema.

Problema incandescente
El dedo de este autor señala resueltamente a un problema que abrasa: "Lo más peligroso de siglo XXI es el fanatismo. En todas sus formas: religioso, ideológico, económico... incluso feminista. Es importante entender por qué regresa ahora: en el islam, en ciertas formas del cristianismo, en el judaísmo...".

El fanatismo es una "idea común", que se hace presente en todo el mundo. Apunta en concreto a Estados Unidos, a Rusia y al Este europeo, a la Europa occidental. El problema más acuciante radica en el simplismo: "la mayor parte del mundo se está moviendo rápido desde una perspectiva compleja a otra muy simplista". El afán de soluciones seguras resbala hacia el fanatismo, el que ofrece los argumentos más simples y penetrantes.

Al aplicar a los casos concretos toda esta carga de ideas, las soluciones no resultan obviamente tan evidentes. En el problema israelí-palestino, Amos Oz se inclina claramente por la solución de los dos estados. Opina que, "cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años", surgen "imágenes oscuras del otro" y las terapias de grupo y otras soluciones blandas no surgen entonces efecto, hay que acudir a la separación -dos pisos por separado, dos estados-, desde la que muy lentamente se podrá ir reconstruyendo un camino hacia la mutua comprensión y la posibilidad de actividades comunes. Y siguiendo con las concreciones siempre más discutibles, para la consecución de esta solución separadora, opina que "el corazón del conflicto está en la falta de liderazgo", en la ausencia de impulsos que conduzcan a estas soluciones más extremas. Por ser tan simple en la solución apuntada, el entrevistador le recuerda al autor que "en Israel hay quien le cree un fanático de la fórmula de los dos Estados".

El problema israelí-palestino nos queda más lejos, pero la entrevista conduce al final el análisis de este autor del tema catalán, y en él, por más concreto e inmediato, todavía nos puede chocar algo más su parecer. Reconoce que "una nueva fragmentación de Europa no me hace feliz", pero, "sin entender por qué", estima inevitable que "si una mayoría del pueblo en Cataluña quiere vivir por su cuenta, lo hará. Puede que sea una gran equivocación, una tragedia para Cataluña y para el resto del país. No se puede obligar a dos personas a compartir la cama si una de ellas no quiere". Al hablar en concreto, puede fácilmente ser tachado de desconocer suficientemente la situación.

Elevación al humor
El humor no es que aporte la solución a todos los problemas. Cuando éstos se enconan, se suele decir que "no está la cosa para bromas". Pero la ausencia del humor sí denota que los problemas pueden estar enconados, que no resulta posible una mirada desde otro lado, más ingenua y más distante. Por esto resulta tan descriptiva la frase de Amos Oz. Que en el momento presente resulte tan inviable el humor parece claramente indicar que hay fanatismo en Cataluña.