martes, 15 de mayo de 2018

Fanatismo y humor

 

Vi un titular, y me entusiasmé: "No he visto nunca un fanático con sentido del humor". No recordaba conocer al autor que dijo esta frase, pero al verla pensé que merecía un comentario. Con el recurrente e invasivo tema catalán como trasfondo, la frase ofrecía una opinión muy sugerente: seguramente el humor podría ofrecer un resquicio de salida al fanatismo, que tanto distancia a unos de otros.

Autor muy conocido
El entrevistado (Babelia, 12 Mayo 2018) que dijo la frase "Nunca he visto in fanático con sentido del humor" resulta que es un escritor famoso, Amos Oz, tal vez el autor más conocido de la literatura hebrea israelí actual, con más de una veintena de libros publicados y casi todos traducidos al castellano. Este autor ha recibido importantes premios en diversos países, entre ellos el español Principe de Asturias de las Letras, en 2007.

Ha cultivado casi todos los géneros, pero nacido en 1939, ahora con 79 años, reconoce humildemente que ya no tiene edad para escribir más novelas: "Mi salud ya no me permite viajar con la imaginación". De su propia biografía arranca la preocupación que actualmente más le preocupa. Su último libro, Mis queridos fanáticos, lo publica casi como un legado o testamento: "He concentrado lo que he aprendido en la vida, pero no de una manera abstracta, sino como un cuento. Se lo he dedicado a mis nietos". Habrá que intentar leer este libro.

Llegar a la condena del fanatismo no es tarea fácil en Israel. La entrevista (bien realizada por J.C. Sanz) resalta bien su trayectoria. Nació en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén: Se recuerda como "un pequeño extremista, educado en la convicción del nacionalismo; nuestros enemigos están equivocados, somos los buenos de la película y los otros son los malos". Tuvo que distanciarse mucho del "gen fanático" tan arraigado en todos, de "la tendencia del ser humano de querer cambiar a los demás", hasta poder arribar a la condena del simplismo manejado por el fanatismo: "Cuanto más complejos se van haciendo los problemas, más y más gente está hambrienta de respuestas muy simples, de respuestas que lo cubran todo".

El peligro está en los extremos. En un país en el que todos -"cristianos, musulmanes, judíos, pacifistas, ateos, racistas"- creen poseer la "formula personal para la salvación o la redención" de los demás, donde "una parada del autobús se puede convertir en un seminario académico" ("completos desconocidos discuten de política, moralidad, religión, historia o sobre cuales son las verdaderas intenciones de Dios, pero nadie quiere escuchar al otro, todos creen tener la razón"), resulta sorprendente que este autor aventure que "mi problema no es la religión, sino el fanatismo religioso; no es el cristianismo, sino la Inquisición; no es el islam, sino el yihadismo; no es el judaísmo, sino los judíos fundamentalistas; no es Jesucristo, sino los cruzados". Para Amos Oz, el extremismo es el principal problema.

Problema incandescente
El dedo de este autor señala resueltamente a un problema que abrasa: "Lo más peligroso de siglo XXI es el fanatismo. En todas sus formas: religioso, ideológico, económico... incluso feminista. Es importante entender por qué regresa ahora: en el islam, en ciertas formas del cristianismo, en el judaísmo...".

El fanatismo es una "idea común", que se hace presente en todo el mundo. Apunta en concreto a Estados Unidos, a Rusia y al Este europeo, a la Europa occidental. El problema más acuciante radica en el simplismo: "la mayor parte del mundo se está moviendo rápido desde una perspectiva compleja a otra muy simplista". El afán de soluciones seguras resbala hacia el fanatismo, el que ofrece los argumentos más simples y penetrantes.

Al aplicar a los casos concretos toda esta carga de ideas, las soluciones no resultan obviamente tan evidentes. En el problema israelí-palestino, Amos Oz se inclina claramente por la solución de los dos estados. Opina que, "cuando un maldito y cruel conflicto dura más de cien años", surgen "imágenes oscuras del otro" y las terapias de grupo y otras soluciones blandas no surgen entonces efecto, hay que acudir a la separación -dos pisos por separado, dos estados-, desde la que muy lentamente se podrá ir reconstruyendo un camino hacia la mutua comprensión y la posibilidad de actividades comunes. Y siguiendo con las concreciones siempre más discutibles, para la consecución de esta solución separadora, opina que "el corazón del conflicto está en la falta de liderazgo", en la ausencia de impulsos que conduzcan a estas soluciones más extremas. Por ser tan simple en la solución apuntada, el entrevistador le recuerda al autor que "en Israel hay quien le cree un fanático de la fórmula de los dos Estados".

El problema israelí-palestino nos queda más lejos, pero la entrevista conduce al final el análisis de este autor del tema catalán, y en él, por más concreto e inmediato, todavía nos puede chocar algo más su parecer. Reconoce que "una nueva fragmentación de Europa no me hace feliz", pero, "sin entender por qué", estima inevitable que "si una mayoría del pueblo en Cataluña quiere vivir por su cuenta, lo hará. Puede que sea una gran equivocación, una tragedia para Cataluña y para el resto del país. No se puede obligar a dos personas a compartir la cama si una de ellas no quiere". Al hablar en concreto, puede fácilmente ser tachado de desconocer suficientemente la situación.

Elevación al humor
El humor no es que aporte la solución a todos los problemas. Cuando éstos se enconan, se suele decir que "no está la cosa para bromas". Pero la ausencia del humor sí denota que los problemas pueden estar enconados, que no resulta posible una mirada desde otro lado, más ingenua y más distante. Por esto resulta tan descriptiva la frase de Amos Oz. Que en el momento presente resulte tan inviable el humor parece claramente indicar que hay fanatismo en Cataluña.

sábado, 5 de mayo de 2018

Liberta de Prensa, ¿cúanta y hasta dónde?

 


Estos días pasados, se ha celebrado un Día Mundial de la Libertad de Prensa. No encuentro este Día en un "Calendario de Jornadas para la Paz y la Solidaridad" en el que hay bastantes decenas de estas conmemoraciones, lo que me hace suponer que es una convocatoria reciente. El tema merece reflexión, precisamente por la ambigüedad que puede llegar a sugerir.

MANIFIESTO DE LA AMI
En España existe una Asociación de Medios de Información, que agrupa -según su página web- "más de 80 medios de información nacionales y regionales, generalistas y deportivos, que a diario realizan en España la actividad de investigación, cobertura y divulgación de la actualidad informativa nacional e internacional en el soporte digital y en papel". La AMI agrupa a la práctica totalidad de los existentes "impresos y digitales", ya que no se incluyen a los que no se publican a diario y a los que sólo actúan por las ondas, las radios y televisiones.

Con ocasión del "Día Mundial", la AMI ha hecho publico en todos los medios asociados un "Manifiesto en defensa de la Libertad de Prensa" -una página completa de los periódicos-, que merece atención y algún comentario.

Lo que reclama, aunque esté expresado en un tono algo grandilocuente, merece todo ser considerado positivamente: "apoyo y respeto a la Libertad de Prensa (LP, en adelante), pilar de una sociedad democrática, trasparente y comprometida con el progreso"; "derecho de los ciudadanos a una información libre, veraz e independiente"; "excelencia informativa"; "poner en valor (¡moda, por valorar!) el trabajo de los periodistas"; "respetar los principios propios de la ética y de la deontología periodística", "luchar contra la proliferación de `falsas noticias´" (moda ésta triste, las `fake news´); "fomentar las buenas prácticas"; "defender la verdad como valor supremo"... Todos son objetivos dignos de ser considerados y respetados.

Hay algunas frases que describen de alguna manera lo que es la LP, que explicitan a qué campos se extiende: "proteger a los periodistas", "preservar la seguridad y la vida de los periodistas", "investigar hasta el final los casos a resolver"... Y todo esto porque la LP es "aval del control eficaz de la gestión pública", "expresión de convivencia democrática", con la LP se defienden los "principios básicos e irrenunciables del Estado de Derecho".

Al expresar todos estos deseos positivos, es lógico que el Manifiesto reclame también evitar "toda forma de presión, coacción, censura o injerencia legal, política e económica", tanto sobre los medios como sobre os periodistas; hay que "blindar a la sociedad de la corrupción, la demagogia, la propaganda y, en último término, la corrupción"...

Para justificar toda esta carga de buenos deseos del Manifiesto, el Presidente de la AMI y de los diarios de Prensa Ibérica, Javier Moll de Miguel, en un brevísimo video de presentación, alude a los alrededor de 900 periodista asesinados en los últimos años, los 33 encarcelados y los 50 secuestrados y se atreve a afirmar que sólo un 12 por ciento de la población mundial goza de una adecuada LP. Las cifras son escalofriantes, y justifican sobradamente la lucha por mejorar en el mundo circundante la Libertad de Prensa.

VERDAD, ¿valor absoluto?
El empleo de los términos "supremo" o "absoluto" resulta muy peligroso, porque en lo humano no existen valores absolutos ni supremos, al tener todos que conjugarse o conciliarse con otros valores también muy importantes. La verdad participada por los humanos nunca es absoluta, porque nunca es captada en plenitud.

Cualquier periodista con años de ejercicio sabe experimentalmente que hay ocasiones en las que no resulta fácil discernir a qué carta hay que quedarse, porque la defensa de ciertos valores o verdades atenta contra otros valores u otras verdades. El derecho a conocer la verdad se contrapone al derecho a reservar otras verdades. La libertad que cada cual defiende debe siempre respetar la legítima libertad de los demás. La filosofía sobre la libertad proclama su carácter no absoluto y su obligación a atenerse a normas y principios reguladores.

La LP no lo justifica todo. Cualquiera puede recordar excesos de LP, en imágenes o en intimidades de personas o situaciones. Ante las extralimitaciones no infrecuentes de la LP, conviene preguntarse cuánta es la LP legítima, hasta dónde puede o no debe llegar la LP.

Probablemente teniendo en cuenta también estas consideraciones y a pesar de tener que ser aprobado por la gran variedad de los miembros asociados, el comentado "Manifiesto en defensa de la Libertad de Prensa" incluye también muy acertadamente una alusión a la necesidad de "respetar los principios propios de la ética y la deontología profesional" o a la conveniencia de "luchar contra la proliferación de `noticias falsas´". La libertad de prensa, como la libertad para votar o la libertad para hacer lo que me dé la gana, nunca son del todo absolutas, no son omnímodas, siempre han de atenerse otros principios o situaciones que también requieren el respeto de todos. El discernimiento en cada situación no resulta tarea fácil y en ocasiones extremas se convierte en un cometido complicadísimo.

Por todo lo expuesto, afirmar el carácter limitado de la libertad de prensa resulta tan oportuno y necesario como proclamar enfáticamente sus exigencias. Dicho sea, con la debida modestia.


miércoles, 25 de abril de 2018

Una "forma de vida sin forma", camino para el optimismo

 

24.04.18 | 11:37. Archivado en Acerca del autor, Sociedad y evangelio
 

La "forma de vida sin forma" es una expresión que he encontrado en un libro no reciente, de 2015, aplicado en concreto a la Vida Consagrada, la forma de vida específica de las Órdenes y Congregaciones religiosas y de las instituciones actualmente renovadoras de estos sistemas de vida, los Institutos Seculares y los Movimientos Apostólicos. Este pensamiento, en estos días, me ha hecho reflexionar y puede resultar útil socializar esta reflexión, participarla públicamente con otros por este medio. La discusión, está servida.

El libro en cuestión pretende echar una mirada a la vida consagrada y su peculiaridad, como precisa el subtítulo del libro. El título usa dos metáforas, Raiz y Viento, en una primera parte, aludiendo a lo consistente de la vida religiosa (un comentario casi exhaustivo de los textos bíblicos y eclesiales relacionados con el tema, realizado por el jesuita Gabino Urríbari Bilbao) y, en la segunda parte, un ensayo sobre lo cambiante y variable en la Vida Consagrada, preparado por la también profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Comillas, la religiosa Esclava del Sagrado Corazón, Nurya Martínez-Gayol. Estas son las referencias concretas del libro, editado por Sal Terrae y con la portada aquí reproducida, para las personas que quieran leerlo o releerlo.

Más allá de la Vida Consagrada
La segunda parte del libro arranca de una intuición: "Tal vez me equivoque, afirma la autora, pero cada vez percibo con más intensidad que a lo que hoy estamos llamados es a una `forma de vida sin forma´, lo cual no significa ni deforme ni a-forme", y remata en nota que esto "es sólo una intuición y una hipótesis" (p 156). Con todo, en los cinco capítulos de esta segunda parte, y en el resumen realizado a duo por los dos autores en la tercera parte del libro, esta "intuición" está reiterada y minuciosamente desarrollada, de forma que la autora amplia muy claramente la intuición apuntada al formularla.

La reflexión se refiere directamente a la Vida Consagrada, pero resulta evidente que no se circunscribe a esta exclusiva temática. Al hablar de lo mas específico de la Vida Consagrada, el llamamiento y la vocación por los que Dios invita a seguirle, ya anticipa la autora que "esta llamada no sólo es la esencia y el fundamento de la Vida Consagrada; lo es, a la vez, de la vida cristiana en general" (p 146). Por ello, la sencilla reflexión que ahora ofrezco se refiere, no sólo a la Vida Consagrada y a la vida cristiana, sino a aspectos más generales de la vida humana, todo lo que se suele incluir en el mucho más amplio término del humanismo. Algo que incluso el no cristiano, si propicia mirar a su interior, puede considerar interesante revisar.

Mundo en cambio
La reflexión actual se centra más en los fragmentos y en los pequeños relatos que en las antiguas exposiciones, realizadas con ambiciosa pretensión esencialista y abarcando la totalidad. El existencialismo del siglo XX ya supuso una oscilante alternativa al esencialismo de siglos anteriores. Kant significó una alternativa radical a Santo Tomas y a toda la Escolástica.

La autora de este ensayo acude al principio de indeterminación de Heisemberg, para el arranque de su reflexión. Se trata de un cambio de perspectiva al mirar a la realidad, del tránsito desde la mecánica newtoniana a la mecánica cuántica (p 158, nota 5). Cita a otros autores y teorías -estado de crisis, principio de incompletud, presupuestos de la lógica- y concluye, "simplificando, que todas estas teorías parecen confirmar la necesidad de salir, salir hacia el otro, hacia la alteridad (Hübner), hacia lo distinto (Gödel), desde una nueva mirada y perspectiva" (p 160). Hasta cita al Papa Francisco, cuando habla de una Iglesia y un cristianismo "en salida" (p 160, nota 10).

El cambio que el pensamiento actual lleva a cabo respecto a todo el quehacer intelectual anterior es muy fuerte. Las personas que estudiaron filosofía hace más de cincuenta años, o hace menos tiempo pero usando bibliografías y materiales de tiempos anteriores, navegan en la actualidad con mucho desconcierto. El pensamiento y la reflexión han cambiado, pero esto no significa a la fuerza que haya sido hacia algo peor.

Una metáfora resulta muy válida para visualizar el cambio que se ha producido. Es hablar de la "modernidad líquida", "para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, en la que -sin valores demasiado sólidos- la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos"(pp 189-190). La autora cita a este respecto al formulador del pensamiento líquido, el polaco Zygmunt Bauman: "En la modernidad líquida seguimos modernizando, aunque todo lo hacemos hasta nuevo aviso. Ya no existe la idea de una sociedad perfecta, en la que no sea necesario mantener una atención y una reforma constantes. Nos limitamos a resolver un problema acuciante del momento, pero no creemos que por ello desaparezcan los futuros problemas... ni la incertidumbre, inseguridad y vulnerabilidad. Si bien esta situación se podría traducir también como `precariedad´, lo fundamental es el sentimiento de inestabilidad asociado a la desaparición de `puntos fijos´ en los que situar la confianza. Desaparece la confianza en uno mismo, en los otros y en la comunidad" (pp 190-191, y nota 6). Con todo, la conclusión tan negativa de Bauman podría no absolutizarse, pues puede incluso dejar abiertos resquicios para la esperanza.

Camino para el optimismo
Para el creyente, la relativización de todo lo humano no tiene por qué conducir a un negro pesimismo o a una visión catastrofista. El único absoluto es Dios, aunque Dios siempre resulte inabarcable para los humanos, siempre sea para nostros el Eternamente Otro e inasible. Podemos poner en Dios la confianza -ésta no se acaba, como apuntaba con pesimismo Bauman-, aunque nuestra percepción de Dios siempre resulte incompleta e imperfecta.

En el ensayo que estoy comentando, junto a la metáfora del "viento", siempre cambiante, se usa mucho la referencia veterotestamentaria de la "nube", tornadiza y normalmente variable. A Dios nunca se le puede apresar del todo entre las manos. La visión de "la forma de vida sin forma", del cambio constante de perspectivas, se basa mucho en el símil evangélico del grano de trigo, que necesita la transformación completa de pudrirse y morir para que de él salga de nuevo la vida. Es también la comparación de Teresa de Jesús, que describe bellamente la muerte del gusano como paso inevitable para que nazca la "mariposica" productora de la seda.

El cambio y hasta la muerte pueden ser el camino hacia una nueva vida, siempre abierta a nuevos estadios posteriores. El gran referente es la muerte de Jesucristo, el camino doloroso hacia la resurrección superadora de todo lo malo anterior. La "forma de vida sin forma" es una buena expresión para apuntar a los inevitables cambios que conducen a una realidad superior. Desde la fe y aún desde el humanismo, un mundo nuevo y mejor siempre resulta posible.


lunes, 9 de abril de 2018

Lo siento, Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina es un autor al que aprecio máximamente entre los españoles vivos (juntamente con Javier Marías). He leído hasta siete de sus obras largas, y una menos citada como "Sefarad" me cautivó particularmente. Normalmente presto atención a las entrevistas que concede, incluso a las ocasionales para promover alguna obra reciente. Procuro leer también las colaboraciones de prensa suyas que encuentro en los periódicos, breves pero menos ligeras de lo que suelen ser los artículos en los periódicos. En una ocasión, hasta tuve un contacto personal con él, en una visita que hizo a la SAFA de Úbeda, centro educativo del que fue alumno en su primera infancia y al que él ha agradecido públicamente que allí le enseñaran a leer y -le escuché directamente afirmar-  en el que "nunca me avergoncé de ser pobre".

Por todo esto me ha dolido ahora constatar la incomprensión mostrada por este autor con las manifestaciones religiosas populares de la Semana Santa, en una de sus colaboraciones periódicas en Babelia (el suplemento literario semanal de El País, en su edición del 07/04/2018). Incomprensión del aspecto popular de la Semana Santa, paralelo a una comprensión admirable de las manifestaciones culturales de la Semana Santa.

lunes, 2 de abril de 2018

BALANCE SEMANA SANTA, ¿un fenómeno creciente?


Ha terminado la Semana Santa, y es buen tiempo para realizar un balance sobre su actual impacto. ¿Crece o decrece la importancia social de esta conmemoración? ¿Aumenta o disminuye su sentido religioso?  Para llevar a cabo este análisis, conviene intentar superar aquello de que "cada cual habla de la feria de acuerdo a cómo le  haya ido en ella”. No se trata de formular una impresión subjetiva, una vivencia de lo personalmente vivido, sino de mirar a la sociedad para intentar extraer lo que directamente experimenta durante estos días.

Me impresionó mucho una información  recogida unos  días antes de la Semana Santa: “El número de los nazarenos se ha triplicado en los últimos años” (Vida Nueva, nº 3.076, con la portada aquí reproducida). La noticia, por supuesto,  estaba referida a España, porque el fenómeno cofradiero es en España donde tiene su desarrollo,  aunque no por igual en todas las regiones.  Más allá de la precisión estadística, el informe parecía querer transmitir  la impresión de que la celebración de la Semana Santa es un fenómenos en aumento, no decreciente.


Primer discernimiento
Por lo pronto conviene discernir qué  aspecto de la Semana Santa crece con el aumento de los nazarenos. Es un fenómeno muy amplio la “fiesta” de la Semana Santa, y en ella confluyen, además de lo religioso, lo popular, lo tradicional, lo folclórico, lo emotivo, lo ancestral, lo estético, lo colorista, lo artístico, lo musical, lo gastronómico…, prácticamente  todos los elementos componentes del carácter de un pueblo. Los nazarenos son tal vez la expresión más genuina en el acompañamiento a las imágenes que desfilan, pero la interpretación de su significado no resulta tan fácil concluirla.  He estado cerca este año de la Semana Santa de Gandía, y en todas las paredes callejeras he visto reproducido el cartel anunciador de la Semana Santa, con una bella hilera en curva de 18 nazarenos, cada uno con los variados colores de las respectivas 18 cofradías que procesionan  en esta localidad valenciana. Los nazarenos han sido aquí elegidos por el artista del cartel como lo más característico de la variedad de elementos de esta fiesta.

Un sector de la sociedad española, desde luego, se empeña en destacar el carácter menos religioso de la Semana Santa. Uno de los días de la Semana Santa, un reportaje de El País,  con inclusión en la primera página de un largo titular, ya era de por sí suficientemente elocuente: Tres costaleros ateos te cuentan sus motivaciones para que te ahorres la pregunta de `¿y por qué lo haces,  si no eres creyente´?. La pregunta, desde luego, no es ociosa, porque muchos de los costaleros y nazarenos no son evidentemente cercanos a las prácticas religiosas; pero la intencionalidad clara de esta información era destacar que muchos de los intervinientes en la Semana Santa sólo lo hacen por mantener valores tradicionales y populares, sin vinculación expresa con lo religioso. Con la misma intencionalidad cuestionadora a todo lo religioso, otra información del mismo día y del mismo periódico se preguntaba por qué hay tantas días festivos civiles coincidiendo con festividades religiosas, siendo así que España es un país religiosamente aconfesional: para hallar una respuesta a este interrogante, se acudía críticamente a los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979, firmados con una democracia -se decía- todavía próxima al franquismo y muy inmadura. Es el intento de ciertos  estamentos de la sociedad española de mostrarse distantes, o incluso atacar, a todo lo relacionado con la Iglesia católica.

La confusión en torno a todo lo relacionado con la Semana Santa la he encontrado, máximamente, en una página –difícil distinguir si era información o publirreportaje-,  aparecida en un semanario dominical. El tema de la información era la Semana Santa de Almería, y los títulos y subtítulos eran los siguientes: SAETAS, TAPAS Y MUCHA PASIÓN – Almería seduce al turista con sol, historia, kilómetros de costa y un sentimiento cofrade alejado de masificaciones. No sólo sectario sino hasta difícil resulta elaborar una información sobre la Semana Santa sin mención alguna a lo religioso, sin usar siquiera este término.

¿Fenómeno creciente?
¿Crece o decrece la Semana Santa? En su conjunto, parece crecer, pues sobre esta fiesta se ha montado un conjunto turístico y/o vacacional, que ciertamente está en aumento en la sociedad española. Las cifras de desplazamientos en estos días crecen cada año descomunalmente, tanto por carretera como en los transportes públicos, sumando los días de la Semana Santa y los de la Semana de Pascua, la vacacional en el Levante español. Y aun intentando deslinda lo turístico y vacacional de lo estrictamente  religioso y procesional, si es que esta diferenciación se puede realizar con rigor, también se podría mantener que lo de alguna manera relacionado con lo religioso también ha aumentado en los últimos años. La cifra del aumento de cofrades resultaría válida, en este sentido.

Si esto conlleva un aumento directo de lo más auténticamente religioso, ya resultaría algo más difícil afirmarlo. Todas las manifestaciones cofradieras giran alrededor de lo religioso, tienen como base inequívoca los elementos evangélicos de la Pasión de Jesucristo y, con toda su carga de belleza y colorido, las imágenes catequizan de manera intensa a la totalidad de la población sobre la vida y la muerte de Jesús y sobre la intervención en ellas de la Virgen María. Lo más notable de la Semana Santa es la cantidad de gente que moviliza -las bullas, que dicen en Sevilla-, y todo el amplísimo personal asistente a las procesiones recibe más o menos intensamente es gigantesca catequesis popular y quién sabe si también formulan una oración al paso de las procesiones. Además, hay mucha gente que todo esto lo vive con pasión y muchos, también, con auténtico sentido cristiano. Sumando en el haber, hay también que tener en cuenta que, en los últimos tiempos, las Cofradías se han depurado mucho, acercándose claramente a lo mejor del cristianismo. El balance general, por tanto, de toda la dinámica de la Semana Santa resulta positivo, como en ocasiones destacan expresamente, con nostalgia y hasta con cierta envidia, los representantes religiosos  de regiones y países con menor o ninguna presencia popular de la Semana Santa.


Valoración final
Lo que ocurre es que, como en todas las manifestaciones de la religiosidad popular, el elemento religioso está muy directamente relacionado con los restantes elementos no religiosos de la cultura popular. Por esta razón, el deslinde de lo estrictamente religioso, en todo lo relacionado con la Semana Santa, ni se puede realizar fácilmente, ni tal se deba intentar llevar a cabo, porque lo mejor de la religiosidad popular es que lo religioso está auténticamente encarnado en lo popular, sin que deslindarlo o separarlo tenga sentido ni probablemente resulte conveniente.

En todo lo relativo a la Semana Santa esta ligazón es aún más estrecha e inseparable, pues las Cofradías son Asociaciones acogidas al derecho eclesiástico, pero están directamente gestionadas por personas laicas y cuentan por tanto con una presencia menos señalada de las personas clericales. El protagonismo directo de la Iglesia es, pues, menor que en otras manifestaciones religiosas.

Por todo esto no resulta fácil concluir si el evidente crecimiento del movimiento semanasantero implica o no un armónico crecimiento de lo mas hondo y auténtico de la religiosidad cristiana. Hay cosas humanas que sólo Dios, con un acercamiento más profundo y hasta total a la realidad, podrá dictaminar. Dejemos a Dios la valoración última de este fenómenos tan complejamente humano y religioso. 


lunes, 19 de marzo de 2018

FRANCISCO, 5 años

 

 

Los cinco años de Francisco han provocado un gran movimiento de intervenciones en todos los medios de comunicación, tanto escritos como hablados o televisados. Pasada ya la fecha de la celebración 13 Marzo-, no voy a intentar ahora un resumen de lo dicho o publicado, sino que me voy a contentar con ofrecer la sencilla opinión personal que la figura del Papa actual me provoca.

Resumo esta opinión en tres palabras, tres impresiones: Sorpresa + Deslumbramiento - Comprensión.



Sorpresa
Recuerdo bien la sorpresa que me produjo el nombramiento de Jorge María Bergoglio como Papa. Esta sorpresa me parece que fue compartida por todo los que en aquellos días seguían el Conclave y estaban interesados por el nombramiento del nuevo Papa.


Dentro de la Compañía de Jesús, el escogido por el Conclave como nuevo Papa era bien conocido, al menos nominalmente. No sólo por ser el cardenal de la capital quasi española que es Buenos Aires, sino por haber realizado parte de su formación en España y por haber dado los Ejercicios Espirituales a los Obispos españoles no mucho tiempo antes de su nombramiento como Papa. Dentro de la Compañía, además, se sabía que, tiempo atrás, había ejercido el cargo de Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Cuando menos, era un nombre conocido.

Con todo, la sorpresa, dentro y fuera de la Compañía de Jesús, fue grande. En la opinión pública general, por no ser una noticia esperada: por no ser italiano, como se esperaba que fuese después de dos Papas extranjeros a Italia; por provenir de un país latinoamericano nada previamente intuido, Argentina; por ser desconocido para muchos. Entre los jesuitas, la noticia resultó también sorpresiva -ahora se puede decir, cuando tanto ha corregido el tiempo las primeras previsiones- porque el periodo de su Provincialato en Argentina había sido particularmente discutido y porque su relación inmediata anterior con la Compañía no había sido muy cercana.

La sorpresa, por tanto, fue grande. Creo recordar que su nombre no estaba incluido en la lista de hasta diez papables que los medios de comunicación habían barajado durante los días previos al Conclave.



Deslumbramiento
Desde el mismo día de su nombramiento, el nuevo Papa sorprendió a todos, pero ya muy positivamente. Para el saludo inicial desde el balcón vaticano, se presentó con una sencilla estola papal, prescindiendo de otros vestimientos tradicionales. Dijo que venía del otro extremo del mundo. No dio la bendición para todos, y sí dijo a todos que rogaran por él. No hablo con solemnidad papal, sino con sencillez franciscana, siguiendo la pauta del nuevo nombre también sorpresivamente elegido para su pontificado.

Durante los cinco años que ha ejercido como Papa, sus gestos no han dejado de sorprender positivamente. Son tantos los rasgos revolucionarios de sus actuaciones públicas que resulta hasta difícil escoger algunos. El no usar las lejanas habitaciones de los anteriores Papas y el irse a vivir a la residencia común Santa Marta, normalmente usada por muchos de dentro y por invitados del Vaticano, ha sido muy comentado, aunque Francisco haya querido restarle importancia a este gesto adjudicándolo sólo a su carácter necesitado de contactos sociales. Otros detalles acuden en tropel al recuerdo: detenerse a hablar con uno de los hieráticos soldados suizos, para interesarse por su trabajo y su familia; algún niño sentado en su sillón trono, mientras él imparte un discurso; ser saludado -y hasta besado- cercanamente por toda clase de tipos humanos, en su largos recorridos entre la gente; su atuendo sencillo, sin zapatos rojos, más cercano al de un cura vestido de blanco que al de un Papa; la sustitución de los automóviles lujosos por un sencillo utilitario; el conceder entrevistas periodísticas, con una frecuencia del todo inusual en los anteriores Papas; el haber sentado a comer en su mesa a pobres y necesitados de las calles de Roma; el lavar los pies a un mahometano y a mujeres, el Jueves Santo; el celebrar la misa ordinaria con público, en la capilla privada de Santa Marta; etcetera, etcetera... La relación de gestos sorpresivos y positivos para la gran mayoría se podría hacer interminable.

Por sus gestos externos, por su estilo en las actuaciones públicas, aunque también por lo que dice y por cómo lo dice, la figura de Francisco cae bien también fuera de la Iglesia, hasta a los menos religiosos e increyentes. No resulta extraño escuchar declaraciones de personas que se reconocen alejadas de la Iglesia y sin embargo admiradoras de Francisco. El cambio de imagen de la figura papal difícilmente se podría ejecutar en menos tiempo y con tanta eficacia.

El deslumbramiento provocado por Francisco es más rotundo e importante por los grandes escritos que él ha hecho públicos durante su pontificado. La alegría del Evangelio, Evangeliii Gaudium, contiene la mejor imagen de cómo entiende Francisco su tarea papal y la tarea de la Iglesia: es un pequeño libro al que habrá que volver reiteradamente para intentar una profunda renovación pastoral y eclesial. La alegría del amor, Amoris Laetitia, es tal vez el mejor escrito reciente sobre el matrimonio cristiano, sabroso y muy práctico, aunque haya sido sólo el muy bien ponderado capítulo 8º el que por muchos se ha mirado con más lupa, por el discernimiento recomendado sobre las situaciones morales difíciles de los casados. Los otros dos grandes temas tratados por Francisco han sido la misericordia (Misericordiae vultus) y la ecología (Laudato si´), en los dos casos de forma novedosa y muy atrayente.

Francisco, además, ha prodigado mucho su enseñanza con las catequesis de los miércoles, sus pequeñas homilías en las misas de Santa Marta y las intervenciones en las audiencias y en los viajes. Pero lo que diferencia también a este Papa son sus frecuentes escritos -y hasta videos- menores, más sus tweeds, millonariamente multiplicados por las redes sociales. Por todo ello, los libros con su firma se han prodigado inconcebiblemente, aunque algunos vendan como del Papa escritos anteriores de su tiempo en Buenos Aires. En todos estos escritos demuestra una capacidad de comunicación muy poco normal, típicamente argentina, que llega a la gente, incluso no creyente, con una facilidad pasmosa. Francisco deslumbra, va delante de los más avanzados, sorprende positivamente a casi todos.



Comprensión
Añado esta palabra a esta sencilla semblanza de Francisco, porque, con los ataques que de algunos está recibiendo, el Papa se hace acreedor de una gran comprensión. En los contactos con los jesuitas tenidos en su reciente viaje a Chile y Perú (admirablemente transmitidos en La Civiltà Cattolica por Antonio Spadaro, probablemente el mejor comentador de la figura de este Papa), Francisco dice que no le importa y que hasta se alegra de que surjan libres comentarios críticos sobre sus actuaciones y sus escritos. Las redes anónimas, sobre todo, están también acogiendo comentarios críticos provenientes de los sectores más conservadores de la Iglesia, algunos tan alucinados como el decir que el papa es hereje y no católico.

Las críticas más responsables se diversifican, desde los que dice que va demasiado lejos en sus enseñanza y en sus actuaciones (lo más importante, en este sentido, es la carta de cuatro cardenales pidiéndole aclaraciones sobre el mencionado capítulo 8º de La alegría del amor), hasta los que se quejan porque va demasiado lento en las pretendidas reformas eclesiales. Algunos de los comentarios sobre este quinto aniversario han insistido en estos dos contradictorios aspectos.



Balance muy positivo
En su conjunto, la semblanza de Francisco resulta muy positiva. Antes de su elección, nadie hubiese podido prever un papado como el que esta siendo. Dentro de cincuenta o cien años, todos pienso que alabarán y agradecerán el pontificado de Francisco.    


lunes, 12 de marzo de 2018

¿Por qué tanta agresividad contra la Iglesia?

 

Me sorprende mucho el mantenimiento de tanta agresividad contra la Iglesia católica. No enfoco el tema desde el punto de vista jurídico, sino desde una observación puramente sociológica. ¿Por qué se mantiene tan fuerte en la sociedad el afán por meterse contra la Iglesia católica? ¿Por qué sus símbolos y sus personajes más sagrados –la Eucaristía, Jesucristo, la Virgen- son metidos en danza como objetos de burla, hasta con consideraciones obscenas? ¿De qué raíces brotan estos ataques ridiculizantes? ¿Qué se pretende o qué ganancias se obtienen con estos ataques?

Por no ser jurista y porque no es el ángulo de mira que más me interesa, no centro la consideración de este tema en lo jurídico, en la exigencia que pueda o deba demandarse para una restitución forzosa de las ofensas cometidas. Es más, pueden resultar tal vez hasta excesivos los intentos de instituciones como “Hazte Oír” o “Abogados Cristianos” por elevar clamorosamente la voz –el tan traído y llevado autobús publicitario, por ejemplo- y por conseguir firmas masivas contra la legislación y las prácticas abortivas o contra los personajes que realizan acciones públicas contra los símbolos sagrados. Tampoco, por otra parte, resulta comprensible del todo el intento de identificar todas los intentos de condenas “por ofender los sentimientos religiosos, con el delito heredado de la blasfemia perseguida por la dictadura franquista” (El País, 20 Febrero 2018, p. 22).

BROTES DE CRÍTICA FEROZ
El recuento de las manifestaciones de crítica aguda y hasta sardónica contra los elementos religiosos de la Iglesia católica –tal vez por la incidencia del Carnaval- ha sido abundante en los días pasados.
El informe citado de El País , con un enfoque muy sectarios, recordaba algunos casos enjuiciados por estos temas: 1) un jornalero de Jaén, por difundir un montaje de su rostro coronado con la corona de espinas de Jesucristo; 2) dos madrileños, por cantar el Cara al Sol y el himno del PP en una misa; 3) la Hermandad del Sagrado Coño Insumiso a la Explotación y la Precariedad, por procesionar una inmensa vulva engalanada; 4) dos personajillos muy desconocidos, por montar sendos espectáculos con un cristo crucificado o con unos preservativos consagrados; 5) un cartel de Carnaval, con un hombre embriagado vestido de Papa; 6) una composición de la palabra “pederastia”, con 242 hostias consagradas; 7) un humorista, por un chiste contra la Cruz del Valle de los Caídos; 8) un drag queen de Las Palmas, por aparecer vestido de Virgen; 9) una concejal de Madrid, por manifestarse semidesnuda en la capilla de la Universidad Complutense; 10) un gallego, por disfrazarse de Apostol Santiago; 11) una murga carnavalera de Isla Cristina, por aparecer con disfraces sagrados; etc, etc.

¿Por qué llega a producirse esta sarta de pretendidas ofensas a la Iglesia, sus instituciones, sus personajes o sus utensilios? En estos días pasados, leí en algún sitio la observación de que, en el Carnaval, la gente se disfraza de lo que aspira a ser, sin serlo. Puede haber, más simplemente, un visceral intento de llamar la atención, de epatar. Tal vez habría que acudir a lo más hondo de la psiquiatría o de la psicología para llegar a intuir las motivaciones que inducen a manifestaciones de este tipo.

En los días de las recientes manifestaciones feministas, he visto la foto de un círculo de mujeres a pecho descubierto plantadas ante el Palacio Episcopal de San Sebastián, como señal de protesta por unas declaraciones de su Prelado interpretadas como ofensivas. Ante este gesto hay que preguntarse, ¿qué es más violento el “escrache” o aquello contra lo se produce?

No alcanzo a explicar los comportamientos extremos de este tipo. El que la Iglesia haya sido una entidad poderosa, y poderosa más concretamente sobre el campo tan sensible de las conciencias, puede estar detrás del laicismo más radical, el que no se contenta con la separación tajante y rigurosa de poderes, sino que intenta ridiculizar y agredir a todo lo cercano a lo religioso, todo lo relacionado con lo divino.

Teniendo esto en cuenta, los gestos tan alejados del poder de su comportamiento ordinario, las actitudes sencillas y humildes del Papa Francisco, están tal vez desvirtuando más los ataques a la Iglesia que los mismos actos de defensa jurídica.

REACCIONES POSIBLES
No resulta fácil definir cuál debe ser la reacción oficial de la Iglesia ante este tipo de provocaciones. Ni el buenismo ingenuo ni la soberbia ofendida, deberían ser los motores desde los que arranque la reacción ante estos ataques. Las actitudes de Jesús, tal como aparecen en los dichos y en los hechos de los Evangelios, deberían ser las que orienten las posibles reacciones ante estos hechos.

Se ha puesto de moda meterse con los católicos”, proclama algo simplísticamente un portavoz de Abogados Cristianos. Sobre la posibilidad de una defensa jurídica a ultranza, intentando la condena de los que atacan, en la información de El País ya citada, una catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, Patricia Laurenzo, afirma: “En un Estado aconfensional no se justifica un delito que proteja específicamente la religión, ya que los de coacciones o contra el honor ya protegen la libertad religiosa”. Respecto a los que critican que los jueces sólo ven delitos de odio cuando afecta a otras religiones, esta misma autora mantiene que “la Iglesia católica no es un grupo vulnerable y es difícil enmarcar estas denuncias en unos delitos de odio que están dirigidos a proteger a minorías en situaciones de vulnerabilidad”. La defensa a ultranza de los ataques contra la religión, sean o no delictivos, no está en la actualidad desde luego considerada como políticamente correcta, pues más bien está bien visto el declararse como increyente o agnóstico y el no irritarse mucho por las agresiones contra lo religioso.

El último cuaderno de la colección Cristianismo y Justicia de los jesuitas catalanes, está dedicado a la No Violencia Activa (NOVA). Dice su autor, Joan Morera Perich sj, que,  ante los actos de violencia, tan frecuentes por desgracia en el momento actual, se puede reaccionar desde tres actitudes fundamentales:
1) Detener el conflicto por la fuerza, devolviendo parte de la violencia hasta ponerle punto final (fight, luchar).
2) Huir del conflicto; esto es, callarse, sumisa o tácticamente, por humildad o por estrategia (flight, volar).
3) Plantar cara al conflicto con la NOVA, la actitud defendida por el autor de este folleto –de acuerdo con su tesis doctoral en Teología Bíblica-, que pretende extraer esta forma de entender la vida de los poemas del Siervo Sufriente de Isaías y de las enseñanzas del propio Jesús de Nazaret. El título completo del folleto es “DESARMAR LOS INFIERNOS. Practicar la no violencia de Jesús hoy”. Estimulante e interpelativo desde luego, pero tal vez difícil y problemático, puede resultar aplicar sólo la NOVA ante todos los casos de agresividad frente a lo religioso.
 

Más allá del tema jurídico se mantiene el interrogante sobre el porqué aparece tan frecuentemente la agresividad contra lo religioso católico, en general; y sobre la Iglesia, en particular. Es un tema sobre el que habrá que seguir pensando, siempre que se produzcan estos agravios