lunes, 9 de abril de 2018

Lo siento, Muñoz Molina

Antonio Muñoz Molina es un autor al que aprecio máximamente entre los españoles vivos (juntamente con Javier Marías). He leído hasta siete de sus obras largas, y una menos citada como "Sefarad" me cautivó particularmente. Normalmente presto atención a las entrevistas que concede, incluso a las ocasionales para promover alguna obra reciente. Procuro leer también las colaboraciones de prensa suyas que encuentro en los periódicos, breves pero menos ligeras de lo que suelen ser los artículos en los periódicos. En una ocasión, hasta tuve un contacto personal con él, en una visita que hizo a la SAFA de Úbeda, centro educativo del que fue alumno en su primera infancia y al que él ha agradecido públicamente que allí le enseñaran a leer y -le escuché directamente afirmar-  en el que "nunca me avergoncé de ser pobre".

Por todo esto me ha dolido ahora constatar la incomprensión mostrada por este autor con las manifestaciones religiosas populares de la Semana Santa, en una de sus colaboraciones periódicas en Babelia (el suplemento literario semanal de El País, en su edición del 07/04/2018). Incomprensión del aspecto popular de la Semana Santa, paralelo a una comprensión admirable de las manifestaciones culturales de la Semana Santa.

lunes, 2 de abril de 2018

BALANCE SEMANA SANTA, ¿un fenómeno creciente?


Ha terminado la Semana Santa, y es buen tiempo para realizar un balance sobre su actual impacto. ¿Crece o decrece la importancia social de esta conmemoración? ¿Aumenta o disminuye su sentido religioso?  Para llevar a cabo este análisis, conviene intentar superar aquello de que "cada cual habla de la feria de acuerdo a cómo le  haya ido en ella”. No se trata de formular una impresión subjetiva, una vivencia de lo personalmente vivido, sino de mirar a la sociedad para intentar extraer lo que directamente experimenta durante estos días.

Me impresionó mucho una información  recogida unos  días antes de la Semana Santa: “El número de los nazarenos se ha triplicado en los últimos años” (Vida Nueva, nº 3.076, con la portada aquí reproducida). La noticia, por supuesto,  estaba referida a España, porque el fenómeno cofradiero es en España donde tiene su desarrollo,  aunque no por igual en todas las regiones.  Más allá de la precisión estadística, el informe parecía querer transmitir  la impresión de que la celebración de la Semana Santa es un fenómenos en aumento, no decreciente.


Primer discernimiento
Por lo pronto conviene discernir qué  aspecto de la Semana Santa crece con el aumento de los nazarenos. Es un fenómeno muy amplio la “fiesta” de la Semana Santa, y en ella confluyen, además de lo religioso, lo popular, lo tradicional, lo folclórico, lo emotivo, lo ancestral, lo estético, lo colorista, lo artístico, lo musical, lo gastronómico…, prácticamente  todos los elementos componentes del carácter de un pueblo. Los nazarenos son tal vez la expresión más genuina en el acompañamiento a las imágenes que desfilan, pero la interpretación de su significado no resulta tan fácil concluirla.  He estado cerca este año de la Semana Santa de Gandía, y en todas las paredes callejeras he visto reproducido el cartel anunciador de la Semana Santa, con una bella hilera en curva de 18 nazarenos, cada uno con los variados colores de las respectivas 18 cofradías que procesionan  en esta localidad valenciana. Los nazarenos han sido aquí elegidos por el artista del cartel como lo más característico de la variedad de elementos de esta fiesta.

Un sector de la sociedad española, desde luego, se empeña en destacar el carácter menos religioso de la Semana Santa. Uno de los días de la Semana Santa, un reportaje de El País,  con inclusión en la primera página de un largo titular, ya era de por sí suficientemente elocuente: Tres costaleros ateos te cuentan sus motivaciones para que te ahorres la pregunta de `¿y por qué lo haces,  si no eres creyente´?. La pregunta, desde luego, no es ociosa, porque muchos de los costaleros y nazarenos no son evidentemente cercanos a las prácticas religiosas; pero la intencionalidad clara de esta información era destacar que muchos de los intervinientes en la Semana Santa sólo lo hacen por mantener valores tradicionales y populares, sin vinculación expresa con lo religioso. Con la misma intencionalidad cuestionadora a todo lo religioso, otra información del mismo día y del mismo periódico se preguntaba por qué hay tantas días festivos civiles coincidiendo con festividades religiosas, siendo así que España es un país religiosamente aconfesional: para hallar una respuesta a este interrogante, se acudía críticamente a los Acuerdos Iglesia-Estado de 1979, firmados con una democracia -se decía- todavía próxima al franquismo y muy inmadura. Es el intento de ciertos  estamentos de la sociedad española de mostrarse distantes, o incluso atacar, a todo lo relacionado con la Iglesia católica.

La confusión en torno a todo lo relacionado con la Semana Santa la he encontrado, máximamente, en una página –difícil distinguir si era información o publirreportaje-,  aparecida en un semanario dominical. El tema de la información era la Semana Santa de Almería, y los títulos y subtítulos eran los siguientes: SAETAS, TAPAS Y MUCHA PASIÓN – Almería seduce al turista con sol, historia, kilómetros de costa y un sentimiento cofrade alejado de masificaciones. No sólo sectario sino hasta difícil resulta elaborar una información sobre la Semana Santa sin mención alguna a lo religioso, sin usar siquiera este término.

¿Fenómeno creciente?
¿Crece o decrece la Semana Santa? En su conjunto, parece crecer, pues sobre esta fiesta se ha montado un conjunto turístico y/o vacacional, que ciertamente está en aumento en la sociedad española. Las cifras de desplazamientos en estos días crecen cada año descomunalmente, tanto por carretera como en los transportes públicos, sumando los días de la Semana Santa y los de la Semana de Pascua, la vacacional en el Levante español. Y aun intentando deslinda lo turístico y vacacional de lo estrictamente  religioso y procesional, si es que esta diferenciación se puede realizar con rigor, también se podría mantener que lo de alguna manera relacionado con lo religioso también ha aumentado en los últimos años. La cifra del aumento de cofrades resultaría válida, en este sentido.

Si esto conlleva un aumento directo de lo más auténticamente religioso, ya resultaría algo más difícil afirmarlo. Todas las manifestaciones cofradieras giran alrededor de lo religioso, tienen como base inequívoca los elementos evangélicos de la Pasión de Jesucristo y, con toda su carga de belleza y colorido, las imágenes catequizan de manera intensa a la totalidad de la población sobre la vida y la muerte de Jesús y sobre la intervención en ellas de la Virgen María. Lo más notable de la Semana Santa es la cantidad de gente que moviliza -las bullas, que dicen en Sevilla-, y todo el amplísimo personal asistente a las procesiones recibe más o menos intensamente es gigantesca catequesis popular y quién sabe si también formulan una oración al paso de las procesiones. Además, hay mucha gente que todo esto lo vive con pasión y muchos, también, con auténtico sentido cristiano. Sumando en el haber, hay también que tener en cuenta que, en los últimos tiempos, las Cofradías se han depurado mucho, acercándose claramente a lo mejor del cristianismo. El balance general, por tanto, de toda la dinámica de la Semana Santa resulta positivo, como en ocasiones destacan expresamente, con nostalgia y hasta con cierta envidia, los representantes religiosos  de regiones y países con menor o ninguna presencia popular de la Semana Santa.


Valoración final
Lo que ocurre es que, como en todas las manifestaciones de la religiosidad popular, el elemento religioso está muy directamente relacionado con los restantes elementos no religiosos de la cultura popular. Por esta razón, el deslinde de lo estrictamente religioso, en todo lo relacionado con la Semana Santa, ni se puede realizar fácilmente, ni tal se deba intentar llevar a cabo, porque lo mejor de la religiosidad popular es que lo religioso está auténticamente encarnado en lo popular, sin que deslindarlo o separarlo tenga sentido ni probablemente resulte conveniente.

En todo lo relativo a la Semana Santa esta ligazón es aún más estrecha e inseparable, pues las Cofradías son Asociaciones acogidas al derecho eclesiástico, pero están directamente gestionadas por personas laicas y cuentan por tanto con una presencia menos señalada de las personas clericales. El protagonismo directo de la Iglesia es, pues, menor que en otras manifestaciones religiosas.

Por todo esto no resulta fácil concluir si el evidente crecimiento del movimiento semanasantero implica o no un armónico crecimiento de lo mas hondo y auténtico de la religiosidad cristiana. Hay cosas humanas que sólo Dios, con un acercamiento más profundo y hasta total a la realidad, podrá dictaminar. Dejemos a Dios la valoración última de este fenómenos tan complejamente humano y religioso. 


lunes, 19 de marzo de 2018

FRANCISCO, 5 años

 

 

Los cinco años de Francisco han provocado un gran movimiento de intervenciones en todos los medios de comunicación, tanto escritos como hablados o televisados. Pasada ya la fecha de la celebración 13 Marzo-, no voy a intentar ahora un resumen de lo dicho o publicado, sino que me voy a contentar con ofrecer la sencilla opinión personal que la figura del Papa actual me provoca.

Resumo esta opinión en tres palabras, tres impresiones: Sorpresa + Deslumbramiento - Comprensión.



Sorpresa
Recuerdo bien la sorpresa que me produjo el nombramiento de Jorge María Bergoglio como Papa. Esta sorpresa me parece que fue compartida por todo los que en aquellos días seguían el Conclave y estaban interesados por el nombramiento del nuevo Papa.


Dentro de la Compañía de Jesús, el escogido por el Conclave como nuevo Papa era bien conocido, al menos nominalmente. No sólo por ser el cardenal de la capital quasi española que es Buenos Aires, sino por haber realizado parte de su formación en España y por haber dado los Ejercicios Espirituales a los Obispos españoles no mucho tiempo antes de su nombramiento como Papa. Dentro de la Compañía, además, se sabía que, tiempo atrás, había ejercido el cargo de Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Cuando menos, era un nombre conocido.

Con todo, la sorpresa, dentro y fuera de la Compañía de Jesús, fue grande. En la opinión pública general, por no ser una noticia esperada: por no ser italiano, como se esperaba que fuese después de dos Papas extranjeros a Italia; por provenir de un país latinoamericano nada previamente intuido, Argentina; por ser desconocido para muchos. Entre los jesuitas, la noticia resultó también sorpresiva -ahora se puede decir, cuando tanto ha corregido el tiempo las primeras previsiones- porque el periodo de su Provincialato en Argentina había sido particularmente discutido y porque su relación inmediata anterior con la Compañía no había sido muy cercana.

La sorpresa, por tanto, fue grande. Creo recordar que su nombre no estaba incluido en la lista de hasta diez papables que los medios de comunicación habían barajado durante los días previos al Conclave.



Deslumbramiento
Desde el mismo día de su nombramiento, el nuevo Papa sorprendió a todos, pero ya muy positivamente. Para el saludo inicial desde el balcón vaticano, se presentó con una sencilla estola papal, prescindiendo de otros vestimientos tradicionales. Dijo que venía del otro extremo del mundo. No dio la bendición para todos, y sí dijo a todos que rogaran por él. No hablo con solemnidad papal, sino con sencillez franciscana, siguiendo la pauta del nuevo nombre también sorpresivamente elegido para su pontificado.

Durante los cinco años que ha ejercido como Papa, sus gestos no han dejado de sorprender positivamente. Son tantos los rasgos revolucionarios de sus actuaciones públicas que resulta hasta difícil escoger algunos. El no usar las lejanas habitaciones de los anteriores Papas y el irse a vivir a la residencia común Santa Marta, normalmente usada por muchos de dentro y por invitados del Vaticano, ha sido muy comentado, aunque Francisco haya querido restarle importancia a este gesto adjudicándolo sólo a su carácter necesitado de contactos sociales. Otros detalles acuden en tropel al recuerdo: detenerse a hablar con uno de los hieráticos soldados suizos, para interesarse por su trabajo y su familia; algún niño sentado en su sillón trono, mientras él imparte un discurso; ser saludado -y hasta besado- cercanamente por toda clase de tipos humanos, en su largos recorridos entre la gente; su atuendo sencillo, sin zapatos rojos, más cercano al de un cura vestido de blanco que al de un Papa; la sustitución de los automóviles lujosos por un sencillo utilitario; el conceder entrevistas periodísticas, con una frecuencia del todo inusual en los anteriores Papas; el haber sentado a comer en su mesa a pobres y necesitados de las calles de Roma; el lavar los pies a un mahometano y a mujeres, el Jueves Santo; el celebrar la misa ordinaria con público, en la capilla privada de Santa Marta; etcetera, etcetera... La relación de gestos sorpresivos y positivos para la gran mayoría se podría hacer interminable.

Por sus gestos externos, por su estilo en las actuaciones públicas, aunque también por lo que dice y por cómo lo dice, la figura de Francisco cae bien también fuera de la Iglesia, hasta a los menos religiosos e increyentes. No resulta extraño escuchar declaraciones de personas que se reconocen alejadas de la Iglesia y sin embargo admiradoras de Francisco. El cambio de imagen de la figura papal difícilmente se podría ejecutar en menos tiempo y con tanta eficacia.

El deslumbramiento provocado por Francisco es más rotundo e importante por los grandes escritos que él ha hecho públicos durante su pontificado. La alegría del Evangelio, Evangeliii Gaudium, contiene la mejor imagen de cómo entiende Francisco su tarea papal y la tarea de la Iglesia: es un pequeño libro al que habrá que volver reiteradamente para intentar una profunda renovación pastoral y eclesial. La alegría del amor, Amoris Laetitia, es tal vez el mejor escrito reciente sobre el matrimonio cristiano, sabroso y muy práctico, aunque haya sido sólo el muy bien ponderado capítulo 8º el que por muchos se ha mirado con más lupa, por el discernimiento recomendado sobre las situaciones morales difíciles de los casados. Los otros dos grandes temas tratados por Francisco han sido la misericordia (Misericordiae vultus) y la ecología (Laudato si´), en los dos casos de forma novedosa y muy atrayente.

Francisco, además, ha prodigado mucho su enseñanza con las catequesis de los miércoles, sus pequeñas homilías en las misas de Santa Marta y las intervenciones en las audiencias y en los viajes. Pero lo que diferencia también a este Papa son sus frecuentes escritos -y hasta videos- menores, más sus tweeds, millonariamente multiplicados por las redes sociales. Por todo ello, los libros con su firma se han prodigado inconcebiblemente, aunque algunos vendan como del Papa escritos anteriores de su tiempo en Buenos Aires. En todos estos escritos demuestra una capacidad de comunicación muy poco normal, típicamente argentina, que llega a la gente, incluso no creyente, con una facilidad pasmosa. Francisco deslumbra, va delante de los más avanzados, sorprende positivamente a casi todos.



Comprensión
Añado esta palabra a esta sencilla semblanza de Francisco, porque, con los ataques que de algunos está recibiendo, el Papa se hace acreedor de una gran comprensión. En los contactos con los jesuitas tenidos en su reciente viaje a Chile y Perú (admirablemente transmitidos en La Civiltà Cattolica por Antonio Spadaro, probablemente el mejor comentador de la figura de este Papa), Francisco dice que no le importa y que hasta se alegra de que surjan libres comentarios críticos sobre sus actuaciones y sus escritos. Las redes anónimas, sobre todo, están también acogiendo comentarios críticos provenientes de los sectores más conservadores de la Iglesia, algunos tan alucinados como el decir que el papa es hereje y no católico.

Las críticas más responsables se diversifican, desde los que dice que va demasiado lejos en sus enseñanza y en sus actuaciones (lo más importante, en este sentido, es la carta de cuatro cardenales pidiéndole aclaraciones sobre el mencionado capítulo 8º de La alegría del amor), hasta los que se quejan porque va demasiado lento en las pretendidas reformas eclesiales. Algunos de los comentarios sobre este quinto aniversario han insistido en estos dos contradictorios aspectos.



Balance muy positivo
En su conjunto, la semblanza de Francisco resulta muy positiva. Antes de su elección, nadie hubiese podido prever un papado como el que esta siendo. Dentro de cincuenta o cien años, todos pienso que alabarán y agradecerán el pontificado de Francisco.    


lunes, 12 de marzo de 2018

¿Por qué tanta agresividad contra la Iglesia?

 

Me sorprende mucho el mantenimiento de tanta agresividad contra la Iglesia católica. No enfoco el tema desde el punto de vista jurídico, sino desde una observación puramente sociológica. ¿Por qué se mantiene tan fuerte en la sociedad el afán por meterse contra la Iglesia católica? ¿Por qué sus símbolos y sus personajes más sagrados –la Eucaristía, Jesucristo, la Virgen- son metidos en danza como objetos de burla, hasta con consideraciones obscenas? ¿De qué raíces brotan estos ataques ridiculizantes? ¿Qué se pretende o qué ganancias se obtienen con estos ataques?

Por no ser jurista y porque no es el ángulo de mira que más me interesa, no centro la consideración de este tema en lo jurídico, en la exigencia que pueda o deba demandarse para una restitución forzosa de las ofensas cometidas. Es más, pueden resultar tal vez hasta excesivos los intentos de instituciones como “Hazte Oír” o “Abogados Cristianos” por elevar clamorosamente la voz –el tan traído y llevado autobús publicitario, por ejemplo- y por conseguir firmas masivas contra la legislación y las prácticas abortivas o contra los personajes que realizan acciones públicas contra los símbolos sagrados. Tampoco, por otra parte, resulta comprensible del todo el intento de identificar todas los intentos de condenas “por ofender los sentimientos religiosos, con el delito heredado de la blasfemia perseguida por la dictadura franquista” (El País, 20 Febrero 2018, p. 22).

BROTES DE CRÍTICA FEROZ
El recuento de las manifestaciones de crítica aguda y hasta sardónica contra los elementos religiosos de la Iglesia católica –tal vez por la incidencia del Carnaval- ha sido abundante en los días pasados.
El informe citado de El País , con un enfoque muy sectarios, recordaba algunos casos enjuiciados por estos temas: 1) un jornalero de Jaén, por difundir un montaje de su rostro coronado con la corona de espinas de Jesucristo; 2) dos madrileños, por cantar el Cara al Sol y el himno del PP en una misa; 3) la Hermandad del Sagrado Coño Insumiso a la Explotación y la Precariedad, por procesionar una inmensa vulva engalanada; 4) dos personajillos muy desconocidos, por montar sendos espectáculos con un cristo crucificado o con unos preservativos consagrados; 5) un cartel de Carnaval, con un hombre embriagado vestido de Papa; 6) una composición de la palabra “pederastia”, con 242 hostias consagradas; 7) un humorista, por un chiste contra la Cruz del Valle de los Caídos; 8) un drag queen de Las Palmas, por aparecer vestido de Virgen; 9) una concejal de Madrid, por manifestarse semidesnuda en la capilla de la Universidad Complutense; 10) un gallego, por disfrazarse de Apostol Santiago; 11) una murga carnavalera de Isla Cristina, por aparecer con disfraces sagrados; etc, etc.

¿Por qué llega a producirse esta sarta de pretendidas ofensas a la Iglesia, sus instituciones, sus personajes o sus utensilios? En estos días pasados, leí en algún sitio la observación de que, en el Carnaval, la gente se disfraza de lo que aspira a ser, sin serlo. Puede haber, más simplemente, un visceral intento de llamar la atención, de epatar. Tal vez habría que acudir a lo más hondo de la psiquiatría o de la psicología para llegar a intuir las motivaciones que inducen a manifestaciones de este tipo.

En los días de las recientes manifestaciones feministas, he visto la foto de un círculo de mujeres a pecho descubierto plantadas ante el Palacio Episcopal de San Sebastián, como señal de protesta por unas declaraciones de su Prelado interpretadas como ofensivas. Ante este gesto hay que preguntarse, ¿qué es más violento el “escrache” o aquello contra lo se produce?

No alcanzo a explicar los comportamientos extremos de este tipo. El que la Iglesia haya sido una entidad poderosa, y poderosa más concretamente sobre el campo tan sensible de las conciencias, puede estar detrás del laicismo más radical, el que no se contenta con la separación tajante y rigurosa de poderes, sino que intenta ridiculizar y agredir a todo lo cercano a lo religioso, todo lo relacionado con lo divino.

Teniendo esto en cuenta, los gestos tan alejados del poder de su comportamiento ordinario, las actitudes sencillas y humildes del Papa Francisco, están tal vez desvirtuando más los ataques a la Iglesia que los mismos actos de defensa jurídica.

REACCIONES POSIBLES
No resulta fácil definir cuál debe ser la reacción oficial de la Iglesia ante este tipo de provocaciones. Ni el buenismo ingenuo ni la soberbia ofendida, deberían ser los motores desde los que arranque la reacción ante estos ataques. Las actitudes de Jesús, tal como aparecen en los dichos y en los hechos de los Evangelios, deberían ser las que orienten las posibles reacciones ante estos hechos.

Se ha puesto de moda meterse con los católicos”, proclama algo simplísticamente un portavoz de Abogados Cristianos. Sobre la posibilidad de una defensa jurídica a ultranza, intentando la condena de los que atacan, en la información de El País ya citada, una catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, Patricia Laurenzo, afirma: “En un Estado aconfensional no se justifica un delito que proteja específicamente la religión, ya que los de coacciones o contra el honor ya protegen la libertad religiosa”. Respecto a los que critican que los jueces sólo ven delitos de odio cuando afecta a otras religiones, esta misma autora mantiene que “la Iglesia católica no es un grupo vulnerable y es difícil enmarcar estas denuncias en unos delitos de odio que están dirigidos a proteger a minorías en situaciones de vulnerabilidad”. La defensa a ultranza de los ataques contra la religión, sean o no delictivos, no está en la actualidad desde luego considerada como políticamente correcta, pues más bien está bien visto el declararse como increyente o agnóstico y el no irritarse mucho por las agresiones contra lo religioso.

El último cuaderno de la colección Cristianismo y Justicia de los jesuitas catalanes, está dedicado a la No Violencia Activa (NOVA). Dice su autor, Joan Morera Perich sj, que,  ante los actos de violencia, tan frecuentes por desgracia en el momento actual, se puede reaccionar desde tres actitudes fundamentales:
1) Detener el conflicto por la fuerza, devolviendo parte de la violencia hasta ponerle punto final (fight, luchar).
2) Huir del conflicto; esto es, callarse, sumisa o tácticamente, por humildad o por estrategia (flight, volar).
3) Plantar cara al conflicto con la NOVA, la actitud defendida por el autor de este folleto –de acuerdo con su tesis doctoral en Teología Bíblica-, que pretende extraer esta forma de entender la vida de los poemas del Siervo Sufriente de Isaías y de las enseñanzas del propio Jesús de Nazaret. El título completo del folleto es “DESARMAR LOS INFIERNOS. Practicar la no violencia de Jesús hoy”. Estimulante e interpelativo desde luego, pero tal vez difícil y problemático, puede resultar aplicar sólo la NOVA ante todos los casos de agresividad frente a lo religioso.
 

Más allá del tema jurídico se mantiene el interrogante sobre el porqué aparece tan frecuentemente la agresividad contra lo religioso católico, en general; y sobre la Iglesia, en particular. Es un tema sobre el que habrá que seguir pensando, siempre que se produzcan estos agravios

lunes, 12 de febrero de 2018

CARNAVAL, ¿maduro y consolidado?

Los largos años de estancias en Canarias me dieron la oportunidad de conocer y vivir un Carnaval muy maduro y consolidado. No era una celebración más, una fiesta de unos pocos, sino algo global en lo que –durante los años setenta y ochenta- participaba toda la ciudad. Tanto en Tenerife como en Gran Canaria, en sus capitales y en los pueblos, también en las Islas Menores, prácticamente en todas las localidades del Archipiélago, el Carnaval introducía a toda la población en un ambiente de gran fiesta.

Cuando vivía allí, comparaba la importancia del Carnaval con la que en las ciudades andaluzas tenía ya entonces y siguen teniendo las ferias, una celebraciones que paran de algún modo la vida de las localidades y consiguen que toda la población se entere y que casi todos participen y vayan algún día a los feriales. En Canarias me sorprendía esta paralización de las ciudades por la fiesta del Carnaval y el que en los actos participase, no sólo la gente joven, sino la población de todas las edades. Acostumbrado a la entonces insignificancia del Carnaval en los lugares de la península donde había vivido, recuerdo el impacto que me produjo ver a los alcaldes de las capitales de las dos provincias –por aquellos años, dos señores mayores y muy respetados, Manuel Hermoso y Juan Rodríguez Doreste-, vestidos de máscaras y participando activamente en las murgas y en las cabalgatas. El Carnaval en Canarias era algo distinto, mucho más intenso.

Al volver a vivir en la península, siempre pensé que -salvo en alguna ciudad por excepción, como Cádiz, donde no se había interrumpido ni siquiera durante los años del franquismo- el Carnaval seguía siendo algo poco importante. Los esfuerzos de ciertos Ayuntamientos por introducirlo de nuevo chocaban con la inercia de muchos años, con la indiferencia de casi todos y la participación escasa de sólo niños, disfrazados en las fiestas organizadas en los Colegios y muy ocasionalmente por las calles, más la colaboración de lo que en Canarias se denomina el “chiquillage”, los adolescentes y jóvenes siempre dispuestos para el jolgorio.

Sorpresa, este año
Se me ocurrió este año –el sábado inmediato al Miércoles de Ceniza y a la Cuaresma- asomarme a la Cabalgata del Carnaval organizada en Huelva, y me he llevado una gran sorpresa. La cosa era más importante, más colectiva, de lo que había pensado.

La Cabalgata no era de un minúsculo grupo de entusiastas, sino que ocupaba un larguísimo recorrido, probablemente de más de un kilómetro de largo. Desfilaba tal vez una decena de grandes carrozas, arrastradas por tractores enormes, desde las que niñas y jóvenes tiraban serpentinas y confetis -¿de dónde se sacará tantísimo papel de colorines?- a la población agolpada para ver el cortejo. Pero lo más significativo no eran las carrozas, algo más asequiblemente organizable, sino la numerosísima participación de grupos y comparsas desfilando a pie, en algunos casos con charangas musicales tocando a pleno gas, con todas las personas disfrazadas con atuendos inimaginables por lo variopinto. Entre la población desfilante, no sólo había gente joven, sino personas también mayores, mujeres y hombres, impresionando a todos por la vitalidad insospechada a esas edades de las contorsiones y de los bailes. Tampoco se puede uno imaginar de dónde habría salido tanto disfraz mamarracho, tantos gorros deformes, tanta infinidad de pelucas, tantos complementos inútiles. Además de los disfraces trasformantes –normalmente, de hombre a mujer, o resaltando enormemente las gorduras-, me sorprendió descubrir entre la comitiva a embarazadas de verdad y a alguna madre con su pequeño hijo en brazos. La cabalgata rebosaba participación popular, entusiasmo en todos por el número de participantes y por la facilidad con la que todos se interrelacionaban.

El periódico local -Huelva Información del día siguiente a la Cabalgata (reproduzco la primera página?-, rebosaba también entusiasmo. Los titulares ya lo denunciaban: “La ilusión nunca se congela (aludiendo al gran frío que hacia por la tarde) – Paso importante para que la ciudad viva en la calle las fiestas de febrero – El frío no impide una respuesta masiva a las convocatorias en torno al desfile de ayer”. Había euforia además en la crónica del acontecimiento: “Ganas ayer de fiesta y las familias se echaron a la calle. Los más pequeños, para recuperar viejas costumbres, disfrazados. También padres y adultos. Basta colocarse un complemento de colores llamativos para participar de la fiesta”.

Organización potente, por detrás.
 En la Cabalgata descubrí que, también con disfraces carnavaleros, había hombres mayores, serios e intensos y como trabajando, marchando de atrás adelante y de delante para atrás, claramente organizando la comitiva. Me acerqué a uno de ellos, y le pregunté. Me aclaró que la Cabalgata no era sólo improvisación, que la organizaba la Federación Onubense de Peñas, que contaba con el Visto Bueno y la colaboración del Ayuntamiento de Huelva; que la participación de las personas era espontanea y gratuita, pero que las murgas recibían alguna ayudas.
He comprado después, en una bien aseada página web, que la “Federación Onubense de Peñas y Asociaciones del Carnaval” (FOPAC) informa con detalle que vienen trabajando en el Carnaval desde hace más de treinta años, “sin escatimar esfuerzo, sacrificio, tiempo y en algunas ocasiones aportando económicamente de sus bolsillos”, en palaras de su Presidente, aunque “no siempre recibieron el trato justo a su dedicación y entrega”. La FOPAC es la que organiza el Concurso de Agrupaciones del Carnaval Colombino, en el Gran Teatro de la ciudad, durante una larga quincena y este año con 39 Agrupaciones inscritas: murgas, comparsas, coros, cuartetos y chirigotas. Las Bases para este Concurso tiene 35 páginas, y prevén con mucho detalle todo el acontecimiento. La FOPAC –sólo 7 miembros figuran en su Junta Directiva- es también la organizadora de la Cabalgata que recorrió las calles de la ciudad.


Como posible causa de la participación masiva de este año señalan la invitación gratuita a un plato de garbanzos –una garbanzada- en el lugar de arranque de la Cabalgata, la popularísima Plaza de las Monjas.

Evidentemente, detrás de lo espectacular de este año, existe una estructura organizativa, que este año cuando ha obtenido un éxito considerable.

¿Es bueno el desarrollo del Carnaval?
Desconozco sin en todas las ciudades españolas se estará dando un desarrollo paralelo de las fiestas del Carnaval, Al constatar la madurez obtenida por el Carnaval en Huelva, tras muchos años de esfuerzo de los organizadores, me pregunto si esto será o no bueno para todos, si de ello habrá que alegrarse o entristecerse.

Desde el enfoque trascendente -o incluso religioso- con el que “tras mi vidriera” observo las cosas y los acontecimientos, pienso que no es del todo malo que el Carnaval inunde también la calle. Existen fenómenos que han nacido desde lo religioso que ocasionalmente inundan también la calle –la Semana Santa, la Cabalgata de Reyes, el Corpus Christi, las procesiones de patronos y patronas,…-, y por esto parece que puede resultar incluso bueno que explote también en la calle una manifestación laica, que tiene ya escasísima relación con lo religioso (sólo el hecho -ya remotísimo- de que el Carnaval se situó originariamente en las fechas inmediatamente anteriores a la Cuaresma, para despedirse de la diversión antes de los rigores cuaresmales). Con esto, al menos, se reivindica el derecho a ocupar la calle cuando el pueblo quiere manifestar públicamente sus sentimientos o celebrar colectivamente sus fiestas, con o sin sentido religioso; por ser populares, y no por estar o no relacionadas con lo religioso: si en esto laico puede haber manifestaciones callejeras, también las puede haber con motivaciones populares religiosas.

Es cierto que las “carnestolendas”, las manifestaciones relacionadas con el Carnaval, han sido tradicionalmente mal vistas desde los ambientes eclesiales más severos, por los excesos que pudieron ser incluidos históricamente en estas fiestas. Pero en el mundo plenamente secularizado actual, el vestido provocativo o cualquier otro gesto procaz se puede encontrar en cualquier otro ambiente, y no sólo en el de alguna manera mas justificado del Carnaval.

Bienvenida, pues, la maduración y consolidación del Carnaval, si es que de verdad se está produciendo en otros lugares de España. Lo que no es malo hay que acogerlo, aunque no sea religioso.
  

sábado, 3 de febrero de 2018

Mezcla de religión, moda, tamboriles, cante y baile flamencos





 
La Romería del Rocío ya desconcierta a bastantes personas por la confusión del elemento religioso principal, la devoción honda a la Virgen del Rocío, con otros muchos componentes del ser de Andalucía (trajes de corto y de faraales, cante y baile de sevillanas, paisajes varios y marismeños, gastronomía andaluza con tapas de todo tipo, vinos de la tierra, tipismo único de las viviendas, acogida en el trato, participación en grupos de amigos…., hasta el punto de constituir una fiesta total, con exponentes exuberantes de todos los elementos de los pueblos y las personas que participan en este inigualable fenómeno auténticamente popular.

Aún más desconcierto puede producir un pase de moda con modelos de trajes de corto masculinos y vestidos de sevillana femeninos, organizado por una de las alrededor de 120 Hermandades del Rocío, la de Emigrantes radicada en Huelva. Un espectáculo de más de una hora de duración, que merece una sencilla reflexión.


Mezcla de elementos
Lo que más sorprende en este complejo acto es la mezcla de elementos muy diversos, bien ensamblados para realzar el principal punto de unión de todos ellos, el desfile de la moda andaluza.

Abrió el acto la entrada solemne del grupo de tamboriles de la Hermandad de Emigrantes del Rocío, en el que participa un grupo amplio de personas, tanto de edad ya avanzada como niños que difícilmente sostienen el tamboril en los brazos. Bien conjuntados, además de los sones alegres en el desfile de entrada al salón, ya en el escenario, interpretaron con acierto el Olé, olé, olé, al Rocío yo quiero volver, la Salve rociera más universalmente extendida incluso en ambientes no rocieros. Un primer elemento del espectáculo, de carácter directamente religioso.

El resto del largo espectáculo fue un larguísimo desfile de modelos, con el traje típicamente andaluz, el vestido femenino de sevillana y el traje de corto varonil. Superarían probablemente el centenar, los trajes expuestos a la valoración del público, por chicos y chicas con la elegancia y la peculiar manera de caminar de las/los modelos profesionales. El desfile no era sólo de trajes, pues los peinados, zapatos, sarcillos y otros complementos, son partes muy importantes del uniforme andaluz. Hay que destacar también la edad muy diversa de los paseantes de los modelos, pues también había muy jóvenes y hasta niños/as de muy pos años, que cautivaban también al público con sus espontáneos desplantes. Obviamente, la variedad de componentes en un muestrario tan amplio -tipos de telas, trajes de montar y de paseo, colores de toda la gama, cortes variadísimos de los trajes- resultaba casi impensable para el no introducido en este campo de actividad.

Lo que daba más carácter a este desfile de modelos era el coro que lo ambientaba, conjunto de lo más característico de la Hermandad de Emigrantes que lo patrocina. Sin parar, durante la hora larga que consumieron las dos partes del desfile, con la ayuda de guitarras y de percusión, interpretaron una colección extensísima de sevillanas y otros cantes flamencos, todos directamente relacionados con el tema rociero.

Entre las dos partes del desfile, hubo también la exhibición de una solista de baile estrictamente flamenco, con música grabada, interpretando toda la variedad insospechada de contorsiones y revoleras que se contienen dentro del baile flamenco.

Al final del acto, supongo que para estimular la asistencia de todos hasta el último momento, las empresas participantes hacían una rifa, por el número de las entradas de acceso, de sus respectivos productos: un traje de flamenca, un peinado, unos complementos...

Todo este espectáculo se desarrolló en el inmenso salón de actos de la entidad cultural onubense, Casa de Colón, capaz para un millar de asistentes, con el aforo prácticamente lleno. La decoración del escenario insistía en el elemento religioso de la Hermandad, pues tenía dos enormes fotografías de la Virgen del Rocío y un gran cartel con un anagrama de una concha, que caracteriza el estandarte -Simpecado- de esta Hermandad.


 


¿Todo justificado?
La vertiente más discutible de este espectáculo es si todo queda plenamente justificado bajo el patrocinio de una entidad religiosa, una Asociación Pública de Fieles de la Iglesia Católica, según los Estatutos de esta Hermandad. La duda está en si una organización directamente religiosa debe protagonizar actuaciones de este tipo.

Hay mentalidades que se escandalizan enormemente de fenómenos como éste. No consideran compatibles el carácter religioso de una entidad con una actividad estrictamente laica, cercana además al campo más superficial de cualquier actuación humana. Estiman estas mentalidades que no debe bautizarse, ser acreditada y bendecida, una actividad de este tipo. Las fronteras, además, entre una actividad tan mercantil y mundana como es la moda y un acto de una organización religiosa, estiman algunos que deberían estar más separadas, más independientes, sin pretender compatibilizarlas en una misma actividad. Por último, la índole social de una entidad dependiente de la Iglesia no debe confundirse con el aire frívolo, el glamour, que suele revestir un desfile de modas, aunque sea flamenca.

La Hermandad que patrocinaba este acto, sin embargo, no considera improcedente el hacerlo. Solicita el salón a la Autoridad Pública, que, al saberlo para un acto benéfico, lo concede gratuitamente. El maestro modista que presenta los modelos, muy acreditado en Huelva, lo hace muy a gusto, por ser desde hace muchos años miembro hermano de la Hermandad y, además, por ser muy consciente de que, sin rentabilidad económica en este caso, consigue una promoción de mucho más valor. La entrada -5 €, por persona- y el resultado de las ventas del bar en las entradas y en las salidas, son para la Hermandad. El público con gusto aporta el reducido valor de las entradas, por no ser caras y por ser para la Hermandad. Tal como está planteada, con esta actuación y en la práctica, todos salen ganando.

Más discutible y teórica resulta la valoración sobre la conveniencia o no de un ensamblaje de este tipo. Las Hermandades y Cofradías, por ser exclusivamente laicas en sus órganos directivos -sólo llevadas por seglares, en la terminología eclesiástica- son menos escrupulosas en estos campos teóricos y, como consecuencia, menos comprendidas al respecto por los estamentos clericales. La conciliación entre lo religioso y los campos de actividad descarnadamente más laicos y mundanos -como es la moda- forma parte de una discusión teórica muy antigua. La incorporación de las artes plásticas -más concretamente los desnudos- a las obras estrictamente religiosas, fue una discusión ya muy del Renacimiento. Un obispo reciente de Mallorca fue muy criticado por invitar a un gran artista y poco religioso, Barceló, a insertar una obra suya en una capilla de su Catedral. Las cenas benéficas, con participación de personajes encumbrados o de la farándula para ayudar a ONGs o entidades religiosas, no son bien comprendidas por muchos. La encarnación de lo religioso en lo meramente humano siempre conlleva kénosis, abajamiento, y cuesta por ello ser comprendida. Jesús mismo fue criticado en su tiempo de comedor y bebedor, por asistir a bodas y festejos. Pero también, como contraste, ha sido muy usado desde la Iglesia el principio filosóficos, nihil humani a me alienun puto, no rechazo como ajeno nada humano. Un tema eterno de discusión, en el que siempre resultará posible elaborar razonamientos a favor y en contra.


Acto digno
Volviendo a la reflexión de hoy, el desfile de moda flamenca en beneficio de la Hermandad de Emigrantes del Rocío resultó un acto fino, muy digno, al que poco se le puede objetar salvo en lo teórico. Un caso menor, que requiere el mismo nivel de comprensión que todo lo relacionado con la fiesta total que es la Romería del Rocío.
  


domingo, 14 de enero de 2018

Caso insólito de atrevimiento y osadía

     Domingo, 14 enero 2018
"Un romance de san Juan de la Cruz y unos inocentes encarcelados"

 
 
Me ha llegado esta comunicación enviada a los jesuitas -no sé si a todos o sólo a algunos-, que supone una muestra tal de atrevimiento y osadía que merece al menos un mínimo comentario.

El envío está realizado desde dos correos electrónicos individuales y diferentes, y está hecho para adjuntar una carta a los jesuitas -"Estimado jesuita en el Señor", es el saludo de la carta-, firmada por una tal María Aurora Melleur, que en Google aparece como "nacida en Barcelona, laica, doctora en Teología" y "autor, editor y responsable" de un blog acogido en el sectario Religión en libertad y titulado "Orar por la paz y los cristianos perseguidos", del que están extraídos los principales contenidos de la carta. Como todos estos mensajes no son anónimos, se puede y hasta se debe responder al envío de esta comunicación.


Tono y contenido de la carta
La carta tiene un tono melifluo espiritualizante, que contrasta enormemente con su contenido. Arranca del recuerdo de los políticos catalanes "presos o en el exilio", que en Navidad "no pueden compartir la vida en familia", y ofrece a los jesuitas -"quiero obsequiar", es el término que emplea- "unas reflexiones que le permitan una mayor unión con el Señor".

La reflexión que "obsequia" es una recriminación a la Compañía de Jesús, como accionista que fue de la COPE, por unos programas y campañas de Jiménez Losantos en 2003(¡hace quince años!), que presenta ahora como el hecho que "abrió los ojos a muchos catalanes y les convenció de que el encaje con España era imposible".

Plantear aquellas lejanas -y ciertamente discutibles- actuaciones de Jiménez Losantos como origen de todo lo que se ha desencadenado desde entonces en Cataluña y culpar además ahora de ello a la Compañía de Jesús, que en parte por aquellas lejanas actuaciones dejó de ser accionista de COPE, supone ya un atrevimiento notable, que hace desconfiar incluso de todo lo que además se añade.
Pero todo,  repito, está expresado con un tono espiritualizante, que hace brotar toda su reflexión del Oficio Litúrgico: "Estaba yo rezando Laudes el día de san Juan de la Cruz", comienza- y la reflexión la finaliza afirmando que "solo cabe pedir a Dios perdón de estos pecados de omisión, ofrecer la Eucaristía en reparación y suplicar a Dios para que los presos sean excarcelados y los que están en el exilio puedan regresar y en España se pueda recuperar la normalidad democrática". Sorprende ya enormemente la mescolanza tan inaudita de lo sagrado y lo profano.


Comparaciónes osadas
Lo que más sorprende de la carta, y del post del blog en el que se apoya (titulado "Un romance de San Juan de la Cruz y unos presos encarcelados"), es la auténtica osadía de comparar la prisión actual de los políticos catalanes, decretada por un juez civil de un moderno estado de derecho, con el encarcelamiento de San Juan de la Cruz en el siglo XVI, sólo conventual y fruto unas forma de actuación del todo inexistentes en la actualidad.

La base para diagnosticar con total rotundidad la "injusticia" de mantener en "prisión" o en el "exilio" a los políticos catalanes es el escrito de "110 catedráticos y profesores Derecho Penal de varias Universidades españolas" que el blog afirma que condenan esta actuación, sin reproducirlo entero y sin citar para nada otros escritos también colectivos que apoyan el curso actual de los hechos en Cataluña y, sobre todo, sin aludir siquiera a toda la extensa y minuciosa justificación de los procedimientos que se han seguido en los Autos de los jueces que las han decidido.

Para apoyar esta demencial comparación, la autora de este blog hace una extensísima cita del poema que dice que San Juan de la Cruz escribió en su cárcel de Toledo "In principio erat Verbum", que nada tiene que ver con el asunto tratado. El poema, con una larga introducción copiada de las Obras de San Juan de la Cruz, es presentado como si fuese una apodíctica demostración de la injusticia cometida con la prisión de los políticos catalanes: "San Juan de la Cruz se solidariza con todos los que inocentemente están encarcelados como él lo estuvo durante ocho meses en la prisión conventual de Toledo".

Antes de la comparación con el poema del gran santo y poeta, la que dice ser doctora en teología se atreve también a establecer una comparación con la Biblia. Ante todo esto, "¿qué dice la Biblia"?, se pregunta, y aporta varias simples citas profética para demostrar que "Dios no soporta la injusticia institucionalizada", y, sin una exegesis mínimamente seria, se apropia sin más el sentido de las frases proféticas y, con una brevísima cita, se apropia también del exahustivo comentario de dos tomos de Schökel y Sicre sobre los Profetas, concluyendo que Dios no escucha tampoco las súplicas de los que "con falta de mesura y desproporción han ejecutado ahora la prisión preventiva" y los que han ocasionado que los que están "exilados" en Bélgica "no hayan podido pasar las Navidades junto a su familia". ¡Cuesta pensar un uso más facilitón de la Biblia!.


Reflexión sobre Cataluña
Pensé inicialmente poner en el título de este sencillo comentario que el "atrevimiento y osadía" se ejecutan "en Cataluña", pero no he querido hacerlo por no extender a todos los catalanes estos comportamientos tan insólitos. Este es sólo el modo de actuar de una persona, la que firma estos comentarios, y no hay que pensar que su parecer sea extensamente participado. Me lo hizo esto además ver un único comentario obtenido por el post de este blog: "Que pena que Religión Digital se preste a este juego. Además, comparar a San Juan de la Cruz con el ejecutivo del gobierno de la Generalitat es simplemente de locos. Así nos va".

Sí cabe reflexionar, con todo, que, aunque sea un sola persona la que vierte estas ideas, estos comentarios los formula desde un humus que los hace posibles. Lo hará incluso con buena voluntad, pues su contexto sociológico y cultural le hace ver con tanta evidencia que la situación de estos políticos es tan claramente injusta que no duda en sentir que su opinión está claramente apoyada por la Biblia y por San Juan de la Cruz. ¡Cosas veredes!, que comentaba el antiguo adagio.