viernes, 13 de octubre de 2017

Cataluña, una Iglesia fracturada

 











Javier Novel, Obispo de Solsona, una diócesis situada en la provincia de Lérida, votó el referéndum del pasado 1 Octubre, como certifica la fotografía adjunta. Alrededor de 400 eclesiásticos catalanes -distintas versiones, sobre la cifra exacta- firmaron e hicieron público un escrito a favor del referéndum, pocos días antes de su celebración. Estas posturas, evidentemente, no coinciden con las de otros muchos miembros de la Iglesia catalana. La división de ésta es un hecho innegable, que merece alguna consideración.



Fracturación y división
El hecho de la fracturación y la división sobre un hecho claramente político, dentro de la Iglesia, no es a la fuerza un motivo para el escándalo.

José Joaquín Castellón, profesor de ética y durante un tiempo director del Centro de Estudios de Teología de Sevilla, ha publicado un oportuno artículo ("Fe cristiana versus nacionalismo", "Huelva Información" y otros periódicos de la Cadena Joly, 6 Octubre 2017), en el que resalta "la distancia que separa la fe cristiana de las ideologías políticas" y constata que "entre personas de una misma fe pueden darse posturas ideológicas distintas e incluso contrarias"; más concretamente, "un cristiano puede ser monárquico o republicano, independentista o no, la fe no define esas disyuntivas políticas"; tampoco determina el Evangelio "si es el pueblo catalán o es el pueblo español en su conjunto el que tiene derecho a definir su futuro político autónomamente". Expone el articulista su opinión personal contraria al referendum y al independentismo, pero dejando claro que "así lo creo, como ciudadano, sabiendo que mi postura es opinable, y que puede ser matizada: no reivindico para ella ningún aval sagrado, sólo razones morales y humanas".

Los alrededor de 400 que firmaron el manifiesto a favor del referéndum eran representantes de todo los estamentos del universo católico catalán: sacerdotes y diáconos de todas las diócesis catalanas, representantes de diversas congregaciones religiosas: jesuitas, claretianos, escolapios, franciscanos, capuchinos, salesianos y monjes de Monserrat; entre ellos representantes de las distintas curias episcopales, como vicarios generales o delegados diocesanos, arciprestes o profesores de teología, según el resumen del órgano eclesial Catalunya Religió. El breve manifiesto es moderado en la forma, pero radical en el hecho mismo de pronunciarse sobre el tema e incluso en algunas de sus concretas formulaciones. Afirman literalmente que, "valorando todas las circunstancias que han llevado al Gobierno de la Generalitat a convocar un referéndum de autodeterminación el 1 de octubre y, ante la imposibilidad de pactar las condiciones para hacerlo de forma acordada, consideramos legítima y necesaria la realización de este referéndum". Afirman también que "hacemos este pronunciamiento movidos por valores evangélicos y humanísticos" y "empujados por el amor sincero al pueblo al que queremos servir". Dicen hablar "en sintonía con nuestros obispos" y que, teniendo en cuenta "las legítimas aspiraciones del pueblo catalán", los firmantes han de "votar en conciencia, en ejercicio del derecho fundamental que tiene cualquier persona".

Por las afirmaciones más directamente religiosas de este manifiesto es por lo que el sacerdote y profesor de ética Sevilla; J.J. Castellón, estima que estos eclesiásticos "han cometido un abuso del Evangelio y una clara manipulación política del mismo". La crítica está hecha, no por hecho de que los firmantes estén a favor el referéndum o sean independentistas, sino por hacerlo como eclesiásticos y en nombre del Evangelio. Más que en la fracturación de la opinión, es en la forma clerical de manifestarla y en la misma motivación utilizada, donde se pone la crítica.


Intentos oficiales de unificación
En contraste con el verso suelto que manifiesta ser el obispo de Solsona y matizando mucho la opinión de los 400 firmantes de que actúan "en sintonía con nuestros obispos", se puede afirmar que los obispos catalanes han hecho un gran esfuerzo por mantener la unidad de la Iglesia.
Pocos días antes del referéndum, el 20 de septiembre, los obispos catalanes, en una breve "Nota" oficial, mostraron su deseo de ser "fermento de justicia, fraternidad y comunión", intentando salvar tres principios, en este caso muy difíciles de unificar: "avanzar en el camino del diálogo y del entendimiento, del respeto a los derecho y las instituciones, y de la no confrontación".

El mismo sentido unificador tiene la también breve "Declaración" de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española que, unos días después, el 27 de septiembre, manifestó sus deseos de "hacer nuestros" los "deseos y sentimientos" de los obispos catalanes", repiten los tres caminos tan difíciles de unificar por los que los que los catalanes quieren avanzar y explicitan algún principio más, mucho más evidente desde Madrid: Es necesario que las autoridades, los partidos políticos y las organizaciones, "eviten decisiones y actuaciones irreversibles y de graves consecuencias, que los sitúen al margen de la práctica democrática amparada por las legítimas leyes que garantizan nuestra convivencia pacífica y origine fracturas familiares, sociales y eclesiales", concretando al final que "todo ello en el respeto de los cauces y principios que el pueblo ha sancionado en la Constitución".

Las dos comunicaciones episcopales han sido muy breves, de no más de un folio.
Después de publicada la de Madrid, se ha repetido que al Gobierno español no le ha gustado, por afirmar que "la verdadera solución del conflicto pasa por el recurso al diálogo desde la verdad y la búsqueda del bien común de todos", aunque no se ha concretado cuando podrá resultar posible este recurso al diálogo.
 
Como ha señalado también con posterioridad el arzobispo de Oviedo, el franciscano Jesús Sanz, que es miembro de la Comisión que redactó la Declaración, "todos los temas" se han querido incluir, pero se ha hecho "de una manera tan quintaesenciada y tan neutral, que al final no ha convencido": "hemos hablado de una manera tan suave, tan respetuosa, que parece que estamos hablando de otra cosa distinta". La entrevista con este obispo es muy larga. Llega a calificar de "inmoral" el procedimiento tan engañoso que se ha seguido en todo este proceso, pero considera admisible que en temas políticos cada cual tiene derecho a defender su opinión. Admite que alguien pueda decir: "Yo quisiera una Cataluña sin España", siempre que otro pueda también afirmar: "Quiero una España con Cataluña". La entrevista termina con una simplificación: "¿Comete un pecado un catalán que defiende el separatismo?". La respuesta simplificada es la siguiente: "No, pecado no, porque es legítimo entenderte separado; eso no es ningún pecado, es una opción política. Pero si eso lo defiendes con mentiras, con violencia, con insidia, con corrupción, con malversación, eso es lo inmoral, eso sí es pecado" (Entrevista en La Nueva España, 30 Septiembre 2017).

Abiertos a un futuro distinto
La iglesia de Cataluña se ha fracturado, se ha dividido. Unos eclesiásticos han opinado en público en contra del parecer más común de sus propios obispos, contra el parecer también de muchos catalanes de a pie y, sobre todo, contra el parecer del resto del episcopado español y contra la opinión casi unánime del resto de los españoles.

Pero el mal tal vez no esté en que exista la fractura, porque en temas políticos no tiene a la fuerza que darse siempre y en todos los temas la unanimidad. Lo que se puede ahora lamentar es que las opiniones diversas se muestren con rotundidad y desde el Evangelio. Lo que habría que conseguir es que las opiniones diversas se formulen con respeto a las de los demás, abiertas a que algún día pueda resultar incluso posible el diálogo y el aun más difícil discernimiento.


martes, 26 de septiembre de 2017

Ha muerto Tuto Méndez, un gestor bueno

 

Restituto Méndez siempre fue conocido como Tuto Méndez.  La muerte de este jesuita merece un comentario porque, como gestor de actividades educativas, no sólo fue conocido en Andalucía, donde más trabajó, sino en otros puntos de España con los que estableció múltiples contactos.

Por lo pronto, hizo sus estudios de Filosofía en Cataluña, en San Cugat del Vallés, durante tres años que ya le pusieron en contacto con un mundo muy distinto al de su Estepona natal (nació en 1928) y al del Puerto de Santa María, donde vivió sus primeros años como jesuita.
 
Buen gestor
Tras el largo periodo de la formación jesuítica, ya en su vida de trabajo, lo que no tiene duda es que fue un admirable gestor. Ocupó casi todos los puestos directivos de la extensa actividad educativa desarrollada por los jesuitas en Andalucía, destacando por su eficacia en todos ellos.

Todavía joven, tuvo la acometida de reiniciar la enseñanza en el antiguo Colegio de San Luis de El Puerto de Santa María, donde durante toda la postguerra estuvo instalado el Noviciado de los jesuitas. Después, más de una decena de años plenos los dedicó a la jefatura de los estudios y la docencia en el colegio sevillano de Portaceli, unos años que no olvidan las numerosas promociones que pasaron por sus manos y que ocuparon después puestos importantes en la transición y primera democracia española.

Su gestión más importante estuvo en los prolongados años que dedicó a la máxima dirección de la SAFA, la red de 27 centros educativos especializados en la Formación Profesional que regenta la Compañía de Jesús por toda Andalucía, ocupando el puesto de Rector de esta Institución durante dos mandatos. Fueron años muy duros, en los que tuvo que transformar la ideología y la economía de esta Institución nacida en la primera posguerra a la normalidad de los años posteriores a Franco. Todavía dedicó años a la dirección de San José, otro centro también especializado en la Formación Profesional en Málaga, y al Colegio Universitario Loyola, adjunto a la Universidad de Granada.
Pero los años en los que tuvo más proyección exterior fueron lo que ocupó el puesto de Presidente en Andalucía de Educación y Gestión, la principal Patronal de los centros educativos concertados. Fueron años de muchas gestiones y mucho arte en los contactos con la Junta de Andalucía y de mucha relación también con todos los medios nacionales de la enseñanza.

El paso exitoso por todos estos puestos directivos deja clara la eficacia de su función como gestor de actividades e instituciones, su alta calidad como ejecutivo.


Persona imprevisible
Restituto Méndez estaba licenciado en Química, y esta licenciatura le proporcionaba el rigor intelectual de un científico, pero no llegaba a anular la natural improvisación que frecuentemente dimanaba de su rica personalidad. Porque lo que tampoco resulta dudoso en su vida es que era una persona imprevisible.

A un directo colaborador suyo en la gestión de la SAFA le oí el comentario de que viajar con Tuto –para la visita de los Colegio de la Institución, en la extensa Andalucía- suponía no saber a qué hora se iba a comer ni cuándo se iba a regresar. Improvisaba sobre la marcha visitas y actuaciones, no sabiendo los que le acompañaban por dónde podía tirar. Un comportamiento típico suyo es el que tuvo con el P. José Mª Velaz el fundador de Fe y Alegría, la gran institución de enseñanza de toda Latinoamérica, que vino desde Venezuela para conocer la SAFA: la visita que Tuto le organizó improvisadamente duró días, en lugar de las pocas horas que inicialmente estaban previstas.

Justo es reconocer que sus menos esperados comportamientos, en ocasiones, sorprendían mucho a los que los experimentaban, sobre todo a los que le conocían menos o le trataban sólo desde la distancia. Pero había un interior más profundo.


Hombre bueno
Por encima o por debajo del desconcierto que para algunos podía suponer ocasionalmente su conducta, el trato de Tuto con los demás era siempre afectuoso. Era de las escasas personas que trataba por igual al rico y a las altas autoridades con las que frecuentemente trataba que al pobre y a los últimos empleados de los colegios. Era cariñoso con todos.

Por esto sus imprevistas salidas ocasionales no ofendían, porque subyacía el cariño y el trato afectuoso a los rasgos en ocasiones extemporáneos de su comportamiento. En todos los cargos y por todos los sitios por lo que él pasó dejó buenos amigos, señal inequívoca de que la bondad era lo más hondo de su carácter.

Con la muerte de Restituto Méndez ha desaparecido un eficaz y original gestor, pero sobre todo un hombre bueno. Descanse en paz.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Fanatismo, una tentación

 


Un recuerdo muy lejano, del País Vasco. Cuando la ETA estaba en todo su esplendor, con actividades y presencia en la prensa casi todos los días, le oí una vez a un Hermano Jesuita, puramente vasco, malhablando un castellano lleno de infinitivos y monosílabos:

- ETA, sí tener vocaciones. Nosotros, no.

Se dolía el Hermano de la falta de vocaciones a la Compañía de Jesús, en un tiempo en que el entusiasmo por la ETA prendía fuerte en los jóvenes.

Muchos años después, la Compañía de Jesús ha persistido, sin que le falte un pespunte anual de vocaciones, y la ETA ha desaparecido.

El fanatismo es tentador y seductor. Prende fácilmente en los jóvenes y en el pueblo, todos atraídos por su radicalismo, por sus ideas extremas presentadas sin matices.


El yihadismo, también entusiasma
He recordado mucho la anécdota del Hermano vasco, al comprobar el entusiasmo que el yihadismo ha logrado provocar en los jóvenes musulmanes catalanes. Javier Cercás ha intentado acercarse a la mentalidad de estos jóvenes: "adecuadamente envenenados por una ideología, las mejores personas pueden cometer las peores maldades", es el resumen de su artículo (Carta robada en Ripoll, El País Semanal, 10 Septiembre 2017).

Las ideas radicales prenden en los jóvenes, provocan vocaciones . Ha causado general sorpresa el conocer que un imán logre convencer y radicalizar a unos jóvenes, estimados casi como modélicos por sus compañeros de clase españoles. El fenómeno, con todo, está ahí, se ha producido de hecho. Las fanáticas ideas extremadamente radicales se han hecho carne en estos jóvenes y les han dinamizado a realizar lo que para los demás parecen atrocidades.


Difíciles límites del fanatismo
El problema está en que las fronteras del fanatismo no están bien delimitadas. No están bien definidos los límites entre el extremismo -más o menos radical- y el fanatismo.

Al fanático le da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) dos acepciones: 2. El preocupado o entusiasmado ciegamente por una cosa. 1. El que defiende con tenacidad desmedida y apasionadamente, creencias u opiniones religiosas.

¿Cuándo se dan estas condiciones extremas? Actualmente, es un hecho que las instituciones religiosas más severas y extremas (mantenimiento del hábito o la sotana, literalismo en la interpretación de las reglas y constituciones, acortamiento de las relaciones con la familia, rigor en la moralidad, etc.)provocan más seguidores y vocaciones que las que han suavizado toda la normativa para intentar acercarse más a la modernidad. Así, las Hermanitas de la Cruz, las Religiosas que estaban en Lerma y han constituido ya su propia Congregación, los mismos Neocatecumenales o el Opus Dei. Es claro, con todo, que todas estas instituciones, siendo ortodoxas dentro de la Iglesia y no cayendo por tanto en el fanatismo, se inclinan más por la severidad y el extremismo que por la acomodación y la suavidad, aunque algunos casos extremos de fanatismo sí ha habido que han caído en la total descalificación.

La no definición clara de fronteras entre el fanatismo y el extremismo dificulta los diagnósticos, pero la tensión entre estos dos extremos ofrece pistas para la interpretación y valoración de las realidades concretas.


Realidad catalana actual
¿Es el fanatismo la clave para interpretar la actual situación de Cataluña? Ciertamente, la interpretación de la legalidad que ahora están aplicando los gobernantes de Cataluña se ha convertido en extrema, creando una normativa al margen y en contra de la que ha sido hasta ahora legalidad de todos los españoles (aunque ellos digan que los fanáticos son los que no aceptan sus extremas líneas de actuación). Dice el DRAE que "fanatizador" es "el que fanatiza" y que "fanatizar" es "provocar o sugerir el fanatismo". ¿Es esto lo que está ocurriendo ahora en Cataluña? ¿Es el fanatismo la clave para entender lo que allí está ocurriendo?

El tiempo dirá la última palabra. La ETA, la que generaba más vocaciones, ha dejado ya prácticamente de existir. Los jóvenes yihadistas extremos han muerto o están en la cárcel. El fanatismo, a la larga, no sigue adelante, no triunfa. El tiempo dirá rotundamente dónde está ahora el fanatismo.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Procesión de la Patrona

La solemne procesión de la Patrona de Huelva por las calles de la ciudad es un acontecimiento destacado, que me ha impresionado mucho. En estos días, se celebran además procesiones patronales en otras muchas ciudades. El fenómeno desbordante merece una reflexión.


Manifestación ciudadana
La procesión de la Virgen de la Cita, Patrona de Huelva, se ha celebrado en el 25 Aniversario de su coronación canónica, como culminación del Año Jubilar en el que se ha podido ganar el Jubileo Canónico durante todo el año. Una ocasión especial, que no se repite cada año, en el que la Patrona ha procesionado por la calles de la ciudad, hasta la Plaza de la Constitución y el Ayuntamiento, para recibir allí un homenaje popular y ciudadano, y volver después a la Catedral, a la que había sido traslada desde su ermita hace pocos días para la celebración de una solemne novena. La ida y la vuelta, desde la ermita hasta la catedral y desde la catedral de nuevo a su ermita, ha paseado dos veces más a la Virgen por las calles de forma también multitudinaria.

Los detalles de esta procesión son privativos de la ciudad de Huelva, pero el fenómeno masivo de una procesión patronal ofrece un interés más universal. La manifestación popular que supone una procesión patronal se repite en otros muchos lugares.

Por lo pronto, impresiona la majestuosidad de la comitiva. Tras la cruz de guía y una primera numerosísima banda de música, sigue el desfile de todas las hermandades y asociaciones religiosas de la ciudad. Esto es tal vez lo que más impresiona, no sólo por las muchas decenas de estandartes e insignias desfilantes, sino por las personas que acompañan a cada institución. En esta larguísima comitiva desfilaban probablemente varios miles de personas. La representación en algunos casos era exigua, pero en la mayoría era muy numerosa, y siempre iban todos los participantes elegantemente vestidos, en muchos casos con trajes de gala los hombres y con peineta y mantilla las mujeres. (El largo recorrido de muchos centenares de metros de esta comitiva tan numerosa ya invita a la reflexión de por qué tanta gente se siente motivada para engalanarse de esta forma en una tarde todavía de verano). En la procesión sigue la representación escalonada de las diversas autoridades militares y civiles -el Alcalde socialista, con impecable chaquet y cortejado por maceros-, para terminar con la representación de la Junta de la Hermandad de la Cinta, en el momento actual Comisión Gestora. Tras el grupo de turiferarios y la nube de inciensos, el paso con la pequeña imagen de la Virgen de la Cinta -imagen de procesión, pues el original de la Virgen de la Cinta es un cuadro-, constantemente mecida por los costaleros escondidos bajo el paso. (También los costaleros plantean el interrogante sobre el por qué de su interés y de su hercúleo esfuerzo). Al final, el Obispo revestido y acompañado de dos sacerdotes clausura todo el cortejo.


Esta procesión es evocada al día siguiente por el periódico local Huelva Información con destacada llamada y foto en primera página, más cuatro páginas interiores completas, con información escrita y reportaje gráfico de 11 fotografías (de él, las aquí reproducidas). El tono de texto informativo bordea la épica: "La Virgen de la Cinta lució todo su esplendor en una procesión histórica por las calles céntricas de la capital en la antesala de su festividad (el 8 de septiembre es la fiesta, y el 7 fue la procesión). Un recorrido histórico en un marco incomparable... La Virgen aparecía engalanada con 2.000 nardos, rosas de pitiminí en las jarras y variedad de rosas en las esquinas... La Patrona llevaba la Medalla de la Ciudad que se le impuso el día de su coronación... El Niño llevaba la Medalla del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva... La hora no entiende minutos ni de colores en el cielo...".


¿Qué significa todo esto?
La interpretación de todo este fenómeno popular de Huelva, y el de manifestaciones similares en otras muchas localidades en estos días, no resulta nada fácil.

No resulta procedente ni el panegírico que no contempla las sombras, ni la visión negativa y completamente descalificadora que sólo ve fanatismo o nacionalcatolicismo en todo esto. Las valoraciones extremas no son válidas para la interpretación de este complejo fenómeno.

Un primer aspecto parece claro. Una manifestación de este tipo es religiosa, pero desborda también el ámbito de lo religioso. Todos los miles de participantes en la procesión, desde el Obispo hasta el último monaguillo, no tienen evidentemente el mismo sentido de lo religioso. La interminable comitiva de todas las hermandades y cofradías, lo mas impresionante de todo el cortejo, aportan sin duda una muestra del poderío que en Andalucía tienen estas organizaciones; pero resulta obvio que la participación de todas esta personas no es homogénea, que al amor a la Virgen de la Cinta y a la propia Hermandad se unen también sentimientos y afanes de índole menos religiosa.

Tampoco resulta procedente demandar de los actos de religiosidad popular una integridad que no se exigen de otras manifestaciones religiosas: bodas, Primeras Comuniones, Bautizos o incluso las Eucaristías. Nada es del todo puro, y ninguna manifestación de religiosidad lo es tampoco. La religiosidad popular requiere mucha comprensión sobre la complejidad de sus contenidos.

La ocupación de la calle por un acto religioso, también necesita ser comprendida. El que un gobierno o una autoridad se deba mantener oficialmente de manera religiosamente no confesional, no debe conducir a afirmar que lo religioso no tenga derecho a ocupar ocasionalmente la calle. Lo que se otorga a lo político, a lo sindical, a los defensores de género, a los y las feministas, a los anti-taurinos o a los defensores de cualquier derecho laboral o ciudadano, también tiene derecho a participarlo los defensores de un valor religioso. No hay de ninguna manera que mantener que la religión se deba mantener sólo en las iglesias o en las sacristías. Lo religioso tiene el mismo derecho a ocupar la calle y a manifestarse en público que cualquier otra actividad u opinión humana. Las autoridades no confesionales, incluso, podrán participar en ellas cuando estimen que el tema merece apoyo humano, como ha ocurrido hace pocos días en Barcelona.

En resumen, la procesión de la Virgen de la Cinta ha sido un acto bello, seriamente organizado y rebosante de valores religiosos, populares y ciudadanos. Pero sólo Dios, por supuesto, podrá entrar a juzgar el nivel de profundidad religiosa de cada uno de los participantes.


 
 

viernes, 11 de agosto de 2017

Unos días en Barcelona..., ¡muchas cosas más que política!

 


         
          Pasar unos días en Cataluña, no sé si aclara o confunde aún más la mente del que acude desde otras zonas de España. La situación catalana es más compleja de lo que ofrecen las primeras impresiones. A primera vista, no encuentra uno allí la gente que esperaba sólo obsesionada por el tema político. Cada nueva observación, cualquier ocasional conversación, descubren panoramas nuevos. La síntesis completa, que deje satisfecho de coincidir con todo lo observado, es muy difícil de obtener.

          Ya es tradicional el dicho de que, a la semana de llegar a un país o a un emplazamiento difícil, el periodista es capaz de escribir un libro. Al año, apenas logra escribir un artículo. Y si se lleva un tiempo más largo en contacto co la realidad problemática, ya se vuelve incapaz de escribir ni una sola línea. Con la insensatez de sólo unos cuantos días en contacto con la compleja realidad catalana, unas cuantas primeras impresiones.


Más que política
         Barcelona es una realidad deslumbrante, "ciudad de los prodigios" la llamó un novelista. Da impresión de tener una vida social muy rica. La ciudad funciona, al menos aparentemente. Los medios públicos llegan muy regularmente. Por las mañanas, se ven más basureros -muchas mujeres, personas de color frecuentes- de lo normal en otros sitios, al menos en el "barrio bien" en el que he pasado estos días.

           Fuera de Cataluña, hay personas a las que les fastidia que los catalanes hablen catalán. Creen que lo hacen por motivaciones políticas. No comprenden que es una necesidad plenamente adquirida, que se sienten más cómodos expresándose en la lengua que aprendieron cuando eran niños.

          Ahora se me ha hecho evidente un detalle. La rotulación de los indicadores no es una moda de hace pocos años. En las instituciones y en los negocios, todo esta en catalán, bien rotulado en carteles nuevos y antiguos, ocasionalmente incluso ya ajados. Particularmente impresionan los letreros de las calles, más frecuentes y mejor cuidados que en otras ciudades: en todas las esquinas hay un letrero, en los comienzos de calle con una somera explicación de quien el es personaje que da nombre a la vía, todo en perfecto catalán. Una práctica tan pulcra y tan extendida no se improvisa, no es una ventolera que se le haya ahora antojado a la alcaldesa de turno.

         Otro detalle que me ha llamado la atención es la perfección del diseño. Unos carteles tan bien estructurados, con letras tan bellas como fácilmente legibles, suponen una posesión del diseño, que simultáneamente manifiesta el arraigo del catalán omnipresente y el dominio de un arte que más acierta cuanto menos se nota su artificio.

         Aparentemente, ya he dicho que la ciudad funciona bien, y lo hace en catalán dejando claro que el uso de su idioma no es una moda o un reciente imperativo político, sino la expresión popular de costumbres inveteradas. Podría parecer que esta región, Barcelona al menos, es mucho más, no está centrada en la política. Que la política es una tarea que ocupa sólo a la clase política, pero que -para el conjunto de la ciudadanía- éste es un problema más, para muchos no seguramente el más absorbente.


Pero también política
          Que la ciudad y la región no "pasan" de la política lo pone de manifiesto la votación alta en las elecciones y, más aún, la salida multitudinaria a la calle de las ciudades en las impresionantes manifestaciones de las "diadas". También, el conjunto tan numeroso que apoya en la calle el nacionalismos y, sobre todo, el bloque mayoritario en el Parlamento -personas serias, bien preparadas la mayoría-, sin fraccionamientos ni claudicaciones, sin dejar resquicio para las opiniones tan poco evidentes para los que no piensan como ellos.

          En este viaje, me ha sorprendido mucho la conversación mantenida con un taxista clarividente. Los miembros de este gremio (según me dijo, en Barcelona, los taxistas llegan a 10.500 personas), por ser ellos casi todos patronos, suelen ser muy de derechas. El taxista con el que en esta ocasión he conversado, al "picarle la antífona" diciéndole que -en una ciudad tan organizada- la gente parece "pasar" de la política, me sorprendió con una tajante sentencia: "en cuestiones de identidad, no se puede `pasar´". Perfectamente informado, expresándose con precisión, con una lógica no carente de pasión, razonó que Cataluña no puede dejar de ver que está injustamente tratada; que el gobierno central no quiere su independencia, porque se está aprovechando de su mayor contribución económica; que es cierto que Europa no va a permitir ahora su independencia (España, que es miembro de derecho, protestaría, porque dejaría de percibir su importante aporte económico), pero que Europa le va a presionar ahora sin duda a España para que sea más justa con Cataluña.
Personalmente, el taxista dice no fiarse de los políticos, porque todos miran sólo por sus intereses; pero que él, antes de tomar opiniones, mira lo que dicen los medios de comunicación de otros países, que todos presionan ahora a España para ser más comprensiva y más justa con Cataluña. Al decirle que en otros puntos de España no se ven las cosas de la misma manera, reconoció conocer estas opiniones por tener un yerno de Jaén con el que habla mucho de todo esto. Su valoración final estaba clara: "todos miran as cosas de acuerdo con sus propios intereses".

         Una golondrina no hace verano, y una opinión no puede condicionar una valoración global. Gente más despreocupada, también he encontrado. No debe ser un tema fácil para ser tratado. Incluso en las familias, cuando no hay acuerdo, se prefiere el silencio.


Y la Iglesia, ¿qué?

         El poderío de la Iglesia en Cataluña llama la atención. Los templos son suntuosos, algunos realmente espectaculares. Los edificios de los colegios de religiosos -Jesús María, La Salle, Jesuitas, los he visto estos días- son más majestuosos que los que sus Congregaciones tienen en otras ciudades. La arquitectura certifica la importancia que la Iglesia católica ha tenido siempre en Cataluña.
La descristianización, he oído ser mayor en Cataluña que en otras regiones españolas. Su cercanía a su tierra, con todo, es muy estrecha en la Iglesia catalana. Un detalles significativo, observado en estos días. Un monasterio de monjas de clausura de Sarriá, a las ocho de la mañana, se disponía a cantar Laudes, con la Iglesia vacía; el único oyente seglar, antes de empezar, me animó a quedarme: "Cantan perfectamente en catalán". En estas monjas no hay intención política alguna: cantar en catalán les ayuda a entenderse mejor con su Señor.

         La palabra pública de la Iglesia en Cataluña no resulta nada fácil. La mera convivencia intereclesial e intercomunitaria, tampoco será siempre fácil. Un reciente comunicado de la Conferencia Episcopal Catalana intentaba claramente la moderación, pero ha sido criticado por algunos de dar la razón a los independentistas (Tras mi vidriera, 2 Junio 2017: Respeto pero no comprendo). La descristianización avanzante, con todo, no es incompatible con grupos muy sensibilizados, con reductos eclesiales ejemplares.

          ¿Qué va a ocurrir en el futuro? El gran templo de la Sagrada Familia puede ser todo un símbolo. Una maravilla de arte. Una incuestionable manifestación de la fe de Gaudí, pero también un monumento ya más turístico que religioso. Algunos ya han pedido que los actos de fe se sigan celebrando en la vieja catedral gótica y que se deje la Sagrada Familia para los grandes eventos culturales.

          ¿Encontrará su equilibrado camino de futuro la Iglesia catalana?

lunes, 31 de julio de 2017

Patria, novela espléndida y apasionante testimonio sobre el mundo vasco








         Cuando un libro se vende mucho, es por algo. Que la novela Patria lleve tanto tiempo entre las más vendidas, que ocupe un puesto de honor en los escaparates, que sea además realmente leída por los que la compran, todo esto indica que esta novela ha logrado conectar con la mentalidad de sus lectores y se ha convertido en un referente para los que intentan saber algo más sobre el tema vasco.

Ante todo, buena novela
          En la Feria del Libro del presenten año, por San Jordi, me sorprendió que el novelista Fernando Aramburu se mostraba satisfecho porque en esta ocasión acudían a él como literato, no tanto por ser intérprete del problema vasco. Desconozco su abundante producción literaria anterior –mucho menos conocida-, pero desde luego con Patria ha irrumpido como un autor muy maduro, con una obra que ha dado en la diana del éxito literario.

         La novela está escrita con mucho mimo. Estructurada nada menos que en 125 pequeños capítulos, cada uno es un acercamiento directo a uno de los nueve personajes que configuran las dos familias protagonistas de toda la historia. Normalmente, hay varios capítulos seguidos dedicados al mismo personaje, para que se siga mejor la trama y no sea una sucesión abigarrada de historias desconexas, haciendo imposible captar la atención y ser fácilmente recordada.

         Sorprende el manejo prodigioso del tiempo, ese factor literario tan difícil de usar sin crear confusión. Arranca del momento en el que la ETA anuncia el abandono de las armas, y éste se constituye así en el tiempo real de la novela. Pero cada capítulo vuelve continuamente a los diversos momentos del pasado, desde los tiempos en que las dos familias protagonistas de la historia estaban estrechamente unidas por la amistad y los hijos eran todavía niños y jóvenes hasta los sucesivos acontecimientos entrelazados que van configurando la trama de la apasionante historia. Al hecho central -la muerte por ETA del cabeza de una de las dos familias, el personaje del económicamente bien situado industrial Txato, tan bien dibujado a retazos- hay un acercamiento múltiple y progresivo desde los distintos personajes, cada uno aportando una mirada afectiva diferente y una descripción de los hechos complementaria y diversificada.

         Está muy logrado el uso prácticamente indistinto del estilo directo, con las frases -completas o incompletas- de los diversos personajes, dentro de la narración que se realiza desde el interior del protagonista de cada uno de los capítulos. El efecto que se produce es una inmersión completa del lector en la trama de lo que se está narrando, a través de los tiempos diversos y de los sentimientos y emociones que en cada momento está viviendo el personaje. Todo desde la máxima concreción, sin escapadas a la abstracción o a lo intemporal, introduciendo al lector en escenas concretas de la vida de los personajes con los que termina fuertemente identificado.


Apasionante mirada al problema vasco        La novela no pierde nunca la intensidad, no se desperdiga a pesar de su extensión. Lo que suministra unidad a todo el relato -646 páginas, incluidas las 4 utilísimas del Glosario de términos vascos, no frecuentes pero sí oportunamente utilizados- es la muerte de Txato y, a través de este hecho bien concreto, el omnipresente problema vasco, como telón de fondo al que todo revierte.
Da la impresión que el novelista ha hecho un gran esfuerzo por acercarse a la totalidad del problema vasco, con toda su complejidad y con todos sus múltiples elementos implícitos.

         La novela no es un panfleto, con buenos y malos estereotípicamente descritos. No se usan los términos gruesos, tan frecuentemente utilizados por los medios para hablar de los personajes o de los hechos de la ETA –criminales, asesinos, canallas, viles, descerebrados, etc-, con un evidente intento de comprensión desde dentro de todas las caras del problema. Es claro que el autor no es un radical abertzale y que considera la muerte del personaje como un asesinato –símbolo del millar aproximado de muertes producidas por el enfrentamiento entre vascos- pero no se acerca al hecho siempre de la misma manera y, desde cada personaje, se contemplan los hechos con miradas muy diferentes intentando elaborar una reconstrucción lo más completa posible del fenómenos vasco.
Así, el lector termina la novela con una visión más completa del vibrante tema vasco, tal vez menos apasionada pero desde luego más compleja y más diversificada. Y esto facilitado no desde discursos teóricos sino desde la descripción personal de la gama muy diversa de los nueve personajes de la novela.

         Del problema vasco, se podrían escribir -y se han escrito- múltiples posibles libros. Si éste ha logrado más éxito y ha llegado a más gente, estoy convencido que es por su valor literario. Con un conocimiento grande del tema, vivido personalmente, ha conseguido plasmarlo en una trama concreta: una muerte inventada, literaria, y un pueblo sin nombre, un Macondo vasco, también fruto de la imaginación, muy concreto pero sin identificación con ninguno de los pueblos de la geografía vasca. Eso sí, con infinidad de detalles de los personajes y de la vida real vasca, sabiendo estructurar la historia y darle verosimilitud a los personajes por la subyacentemente artística concreción con que todo está narrado.

Lo religioso, también presente
         Los diversos aspectos de la vida vasca (la política y los partidos, el trabajo y la industria, la prensa, el deporte…), no están tratados aisladamente y por separado, con descripciones y consideraciones expresas sobre cada uno de estos aspectos, sino desde lo que viven o afirman cada uno de los nueve personajes en torno a todos estos variados aspectos.

         Lo religioso está tratado igual, desde los diversos personajes, pero se vuelve a ello abundantemente.

         Miren, el personaje más radical en su vasquismo independentista, la madre del etarra encarcelado Joxe Mari, es practicante religiosa fiel, siempre cumplidora de la misa dominical, con amistad con el párroco, con una peculiarísima devoción a San Ignacio de Loyola, el santo vasco a quien considera uno de los suyos.

        Su antigua amiga y luego tratada por ella como enemiga, como loca, Bittori, estuvo en su juventud como Miren a punto de ingresar en la vida religiosa, pero las circunstancias adversas de su vida le han hecho abandonar la práctica religiosa (“nada más ver al Txato en el ataúd, su fe en Dios reventó como una burbuja”), y se ha vuelto descreída; en la práctica, llegar a condicionar su presencia a la boda de su hija Nerea en la catedral de San Sebastián “a que no oficiase el obispo”, sin dar su nombre (“dijo que ese señor sólo practica la misericordia con los asesinos, que por favor no lo nombraran estando ella delante porque se le revolvía el estómago y que principalmente por él había perdido la fe”).

         Los distintos hijos son más descreídos y menos practicantes, como es normalmente la juventud, pero de todos se detalla en algún capítulo su postura ante la religión.

         El párroco del “pueblo”, don Serapio, no es mal sacerdote y llega a oficiar el funeral de Txato, pero actúa como mucho más cercano de los personajes de la novela independentistas que a los que condenan la independencia y el terrorismo. A Gorka, el hijo de Miren, escritor acreditado en vascuence pero menos próximo al independentismo, le pide que “pongas tus capacidades al servicio de nuestro pueblo”; y concreta, “cuando tu escribas es Euskal Herria la que, desde dentro de ti, escribe”.

        La confusión que para algunos existe en lo religioso en todo lo referente al tema vasco está bien referido en la novela, con unas relaciones no enfrentadas y con una cercanía entre la Iglesia y los nacionalismos que algunos preferirían que no existiese.

El retratista retratado
         Esta novela incluye un singular testimonio sobre la propia novela (páginas 550-553). Como siempre de forma concreta y sin discurso teórico, recogiendo las palabras que “un escritor” pronuncia en unas Jornadas sobre Víctimas del Terrorismo y la Violencia Terrorista y que Xavier, el hijo médico de Bittori, tal vez más indeciso y caviloso de los nueve personajes, va a escuchar porque sabe que va a intervenir el juez que dictó sentencia en el caso de su padre.

         Entrelazadas con partes narrativas sobre lo que Xavier va viendo en el acto, el escritor presenta la supuesta obra suya que está presentando como “uno de los libros que van creciendo con uno a lo largo de los años en espera de la ocasión oportuna de ser escritos”. Se pregunta por qué de joven él no ingresó en ETA, habiendo estado sometido a toda la propaganda “favorecedora del terrorismo y de la doctrina que lo fundamenta” y se extiende en comentar lo que ha querido hacer y lo que ha querido evitar al escribir su libro. Evitando “los tonos patéticos, sentimentales” y “la tentación de detener el relato para tomar de forma explícita postura política”, el escritor dice haber escrito “contra el crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio, y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias”.

        La sordina a esta algo ampulosa declaración, la pone Xavier,que, al escucharlo, se formula que “no cree que nada vaya a cambiar sustancialmente porque alguien escriba libros”, pero el testimonio del escritor tiene el claro aire de las confesiones innominadas de lo que ha pretendido el real escritor, Fernando Aramburu.


 


jueves, 20 de julio de 2017

Cábalas sobre la no renovación de un cardenal

La no renovación del cardenal Gerhard L.Müller, al cumplir cinco años como Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, y el nombramiento para este puesto del Arzobispo jesuita Luis Ladaria, hasta ahora Secretario de esta misma Congregación, ha vuelto a agitar las aguas de la Amoris Laetitia, la gran Exhortación Apostólica del Papa Francisco sobre el amor conyugal. La noticia fue incluida en su día en todos los medios y ha sido posteriormente extensamente comentada en los órganos de información religiosa.

Se ha insistido en que la no renovación en el cargo no es un acto meramente rutinario, sino que significa un ponderado golpe de timón del Papa Francisco. La política vaticana es sinuosa y siempre muy difícil de dominar e interpretar, pero el aprovechamiento para la no renovación del cumplimiento del periodo para el que una persona ha sido nombrada en un cargo, que en otros contextos podría considerarse normal, en este caso al menos también significa que el Papa ha tenido la paciencia y la prudencia de mantener en el cargo hasta el final de su mandato a un cardenal menos afecto a su línea de actuación, sin provocar un cese precipitado que en los tiempos anteriores siempre habría podido también hacer.

Cábalas y comentarios
La no renovación del cardenal Müller ha provocado ahora múltiples comentarios. Cuando se produjo, la noticia fue publicada en todos los medios. Posteriormente, los órganos de información religiosa le han prestado también atención y comentarios.

El normalmente moderado Director de Vida Nueva, José Beltrán, en su columna semanal en la revista (nº 3.044, 15-21 Julio 2017), ha comentado: "Desde que Francisco no le renovara en el cargo, ... el cardenal Müller ha concedido unas cuantas entrevistas. No una ni dos. Y en ellas no ha dudado en cuestionar al Papa y a sus hermanos cardenales. Sin pudor. Preocupante pataleta. Me apena. Más aún cuando manifiesta su interés por continuar en Roma sin misión específica alguna, pese a que dice 'tener mucho trabajo' allí. Con esta incontinencia verbal, el purpurado no hace sino justificar su cese tras cinco años al mando del ex Santo Oficio. Todo argumento perdido"

Postura del Papa
La postura de Francisco en la Exhortación "La alegría del amor" es la que no han sabido entender los que posteriormente le han criticado.

En loa siete primeros capítulos de su escrito, el Papa hace una entusiasta defensa de la doctrina más tradicional de la Iglesia sobre el matrimonio cristiano. No creo que exista un comentario más bello y más humano de lo que dice San Pablo sobre el amor (1ª Corintios 13, 4-7) que el que desarrolla Francisco en el largo capítulo 4º de su escrito. Es lástima que este inapreciable breve tratado sobre el amor de la Exhortación papal haya quedado de alguna manera desplazado y minusvalorado, porque la atención se ha centrado en lo que dice después sobre los temas más discutidos.
En el capítulo 8º, en efecto, el Papa intenta "acompañar, discernir e integrar la fragilidad" de los que sufren por vivir en situaciones muy difíciles, muy frecuentemente irreversibles. Los que no aceptan sus críticos es que Francisco haya hecho un "discernimiento de las situaciones llamadas 'irregulares'" rompiendo en algunos casos el carácter absoluto de la indivisibilidad matrimonial y contemplando la posibilidad de ejercer la misericordia y el perdón en algunos casos que alguna autoridad eclesial llegue a considerar como imposible de ser arreglados y como merecedores de una nueva reclasificación. Absoluto sólo es Dios y, si en algún caso un análisis ponderado concluye que resulta recomendable un nuevo planteamiento, Francisco no descarta la nueva revaloración del tema.

Basado en la "sólida reflexión" de la Iglesia posee sobre "los condicionamientos y las circunstancias atenuantes" en algunos casos extremos, el escrito papal concluye que "ya no es posible decir que todos los que se encuentran en alguna situación así llamada 'irregular' viven en una situación de pecado mortal, privados de la gracia santificante" (Amoris Laetitia, 301),  y privados también, por ello, de la posibilidad de perdón en el sacramento de la Reconciliación y de la posterior participación en la Eucaristía. El peso retirado de ciertas conciencias con estas afirmaciones sólo la puede valorar el que ha pasado o ha acompañado estas circunstancias tan dolorosas.

Trasfondo de la no renovación
Los defensores del carácter absoluto a ultranza de la indisolubilidad matrimonial no han sabido valorar el difícil equilibrio de esta postura papal. Algunos repiten sin más análisis que en este escrito no hay nada nuevo, que el Papa repite lo de siempre. Otros sin embargo, cayendo en la cuenta de la novedad, pasan a la crítica directa a lo dicho por el Papa.

La advertencia también hecha por Francisco de que "aquello que forma parte de un discernimiento práctico ante una situación particular no puede ser elevado a la categoría de una norma", porque "las normas generales", aunque "presentan un bien que nunca se debe desatender ni descuidar", sin embargo "en su formulación no pueden abarcar absolutamente todas las situaciones particulares"(Amoris Laetitia, 104). Los defensores del carácter siempre irrevocable de las normas eclesiales no se han contentado con estas advertencias papales y, más allá de las críticas, cuatro cardenales han escrito una cata al Papa solicitándole una reconsideración de todo este tema.

Esta abierta polémica es la que está en el trasfondo de la no renovación en su cargo del cardenal Müller. No estaba él ciertamente entre los cuatro firmantes de la carta al Papa, pero su papel de muñidor de toda esta forma de pensar siempre ha estado patente, como ha quedado claro en el comportamiento que ha tenido tras su cese y la no renovación en el cargo.

La nueva vía entreabierta por Francisco ha liberado muchas conciencias y le ha permitido a él actuaciones antes imposibles. Con posterioridad a toda esta polémica, el Papa ha recibido a un grupo español de Toledo de separadas y divorciadas. Refiere también José Beltran en la columna ya citada que "me cuentan que (la entrevista con las divorciadas y separadas) fue una terapia de corazón para ellas. Me atrevería a decir (comenta Beltrán) que también para Bergoglio". Me uno a esta valoración tan acertada.        


lunes, 3 de julio de 2017

Una película -¡discutible!- sobre Ignacio de Loyola

 


Una película sobre san Ignacio de Loyola se estrenó hace pocos días en los cines de toda España. ¿Qué hay que decir sobre ella?

Hacer cine religioso es muy difícil. Traducir la espiritualidad en imágenes, resulta una tarea muy ardua. Los que tienen una idea previa sobre el tema, difícilmente la ven reflejada en las imágenes de la película; en cambio, a los que no arrancan de ninguna experiencia previa para el visionado de la película, les cuesta mucho entrar en la problemática espiritual que se pretende poner al descubierto. Para colmo, el que conoce mucho el tema, siempre se sentirá frustrado por los pobres resultados que para él obtiene la película. Todo esto ocurre con esta ambiciosa producción.

jueves, 22 de junio de 2017

Alcalde de PODEMOS condecora a una Virgen

 






          En los viejos manuales de periodismo se decía que la noticia es lo insólito, que un hombre muerda a un perro; y no lo normal, que un perro muerda a una persona. Lo insólito que quiero ahora comentar es que un alcalde de "PODEMOS" haya decidido condecorar con una medalla a una Virgen, Nuestra Señora del Rosario.

          El hecho ha ocurrido no hace muchos días en la ciudad andaluza y carnavalera de Cádiz. El peculiar alcalde de la ciudad, José María González, al que incluso en la prensa todo el mundo denomina como "Kichi", ha tomado la decisión de que el Ayuntamiento de Cádiz conceda la Medalla de Oro de la Ciudad a su Patrona, la Virgen del Rosario. Lo insólito en este caso es que el tal "Kichi" lo ha hecho en nombre del Grupo "Por Cádiz sí se puede", oficialmente vinculado al Partido PODEMOS. La noticia sorprendente se ha prestado a todos los comentarios.

          Comentarios a la concesión de la Medalla
          Se han provocado los comentarios porque sorprende que un dirigente radicalmente laico, no sólo respete una devoción popular, sino que tome la iniciativa de concederle una condecoración civil a esta advocación religiosa.

          Como he visto en un análisis sobre el tema (José Manuel Atencia, en Huelva Información, 11 Junio 2017), lo que produce auténtico bochorno es "la salida en tropel de los dirigentes de PODEMOS para justificar la decisión con argumentos tan peregrinos como insustanciales".

         Pablo Iglesias ha dicho que superó su inicial sorpresa ("me resultó un poco raro, al principio") y lo "entendÍ todo" cuando, al hablar con Kichi, comprendÍ que se trataba de una "medalla laica" y que una decisión de este tipo es comprendida por los "urbanitas de izquierdas", por "respetar las decisiones arraigadas en los pueblos".

         Más alambicado resulta el razonamiento de Juan Carlos Monedero, atribuyendo incluso a la Virgen actitudes ambiguas: "Porque la Virgen de los humildes, aun siendo cierto que trabaja más tiempo para los ricos que para los pobres, ayuda a que los golpeados imaginen la vida un poco menos miserable. Y eso, nos guste más o menos, hay que respetarlo" . Las explicaciones resultan hasta rocambolescas.

          Este comportamiento de la izquierda oficial se alinea en lo que Antonio Muñoz Molina ha llamado la "Andalucía obligatoria", que produce el fervor indiscriminado por las tradiciones religiosas y folclóricas, "colocándose en primera fila de cualquier acontecimiento, sea una procesión, un carnaval, unas berzas en un barrio o una paella insufrible en mitad de un descampado". Este fenómeno social ha traído como consecuencia el que "nos hemos tenido que acostumbrar a que declarados alcaldes ateos no tengan problema alguno en encabezar el desfile de autoridades delante de una procesión o que haya codazos entre los munícipes para dar el toque de campana a la salida de un trono". Son las conexiones más o menos directas con lo ahora ocurrido en Cádiz.


         Incoherencias clamorosas
         Lo peor de todo esto es la incoherencia, pues lo ahora denodadamente defendido por PODEMOS había sido anteriormente impugnado y hasta llevado a los tribunales por otras fuerza de la izquierda. Han sido abiertamente criticadas y hasta denunciadas la decisiones de conceder la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil a la Virgen del Pilar, en 2012; la Medalla de Plata de la Guardia Civil a la Virgen de los Dolores de Archidona, Málaga, en 2015; la Medalla del Mérito Policial a la Virgen del Amor, de la Cofradía de N.P. Jesús "el Rico" de Málaga, en 2017; una distinción al Hermano Mayor de la Congregación de Mena de Málaga, en la que el Cristo de la Buena Muerte es Patrono de la Legión, en 2014.

          No resulta de ninguna manera comprensible que ahora se quiera defender precipitadamente lo que anteriormente se había considerado hasta motivo de delito. La confusión de ideas resulta clamorosa, en unos comportamientos tan contradictorios.


         Valoración difícil
         Ojalá el Alcalde de Cadiz haya actuado en esta ocasión de una manera interiormente respetuosa, sólo por ser fiel a la demanda mayoritaria de una población que sí lo pedía con convencimiento. Pero puede haber también mucha superficialidad y falta de respeto, atendiendo inconsideradamente sólo al vocerío populachero. Mezclar las distinciones civiles con las advocaciones religiosas es algo que habrá que esforzar por comprender en los tiempos pasados, pero que resulta cada vez más difícil de encajar en una religiosidad bien formada.

         Para orientarse ante esta noticia realmente insólita -un alcalde de PODEMOS, imponiéndole una Medalla a una Virgen- queda todavía mucho camino por recorrer hasta evitar tanto el arrinconamiento extremo de lo religioso en las sacristías como la persistencia en mezclar malamente lo religioso con las distinciones civiles. Sin mezclas innecesarias y sin empanadas mentales que las sustenten, dad al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. El dicho de Jesús todavía ilumina los comportamientos que resultan necesarios en el mundo actual.

viernes, 9 de junio de 2017

Un detalle sobre el pasado Rocío

 


 

Un detalle que no es ni el más importante ni por supuesto el más popular de la fiesta del Rocío. Se trata incluso de un momento considerado, a veces, como pesado y digno de algún tipo de reforma. No entra entre las fotos que salen en la prensa durante los días del Rocío, pero puede ser merecedor de concentrar en él la mirada, una vez que ha finalizado el Rocío del presente año.

viernes, 2 de junio de 2017

"Respeto, pero no comprendo"

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          La situación de Cataluña se está volviendo cada vez más difícil de entender para los que no somos catalanes. Desde fuera de Cataluña, cuesta mucho comprender el comportamiento de los políticos e, incluso, de la población general catalana. Supongo que a los catalanes también les costará mucho comprender la opinión generalizada existente sobre ellos en el resto de España. Y no es buena esa mutua incomprensión entre dos zonas históricamente hermanas y todavía miembros del mismo Estado

          Se han forjado unos cuantos términos que disimulan lo que, desde otros contextos, llamaríamos con palabras mucho más claras y contundentes: procès, desvinculación, nación, desconexión, voluntad popular, referéndum, plebiscito, democracia mayoritaria,… Los términos se usan con significados muy diversos para unos y para otros, haciendo muy difícil un lenguaje común y una mutua comprensión. Cada cual avanza por su propio camino, sin tener en consideración el parecer de los demás.


          Los políticos
          Me sorprende que, ante la absoluta incompatibilidad de un referéndum realizado sólo en Cataluña sobre un tema que afecta a todos los españoles (la soberanía), los políticos catalanes no respondan nunca directamente sobre esta cuestión, sino que contrapongan sólo la obligación de atender la voluntad mayoritaria de los catalanes (siendo así además que la supuesta mayoría, o no existe o lo es sólo por una mínima diferencia parlamentaria, no de voto popular). No entiendo tampoco cómo se hacen oídos sordos a las voces europeas que desautorizan el procedimiento separatista y cómo se sigue afirmando que Europa aceptará sin más su decisión unilateral sobre el tema. Me sorprende también el radical enfrentamiento con la opiniones contrarias cuando se dice que “España ha robado a Cataluña” o cuando se prevé que a Cataluña le irá económicamente mejor en una situación de independencia. No entiendo cómo sobre todo esto se pueda hablar con tanta rotundidad, sin inmutarse ni escuchar lo que dicen radicalmente lo contrario.

         Lo que más me sorprende, con todo, es que todo este cuerpo de reflexiones sea un bloque cerrado de pensamiento, sin dejar resquicio ni a la duda ni a las opiniones contrarias, y que todo esto sea defendido sin ningún tipo de fisuras por la totalidad de los parlamentarios de estos grupos independentistas. Un pensamiento único, sin resquicio para las interpretaciones o los matices.
Decir todo esto no implica estar del todo de acuerdo con el comportamiento seguido por el gobierno español, al que seguramente le ha faltado mucha cintura en el tratamiento del tema, pero el comportamiento contrario (en el que ahora no entro) no justifica ni explica las actitudes independentistas

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          Los ciudadanos
          No he vivido nunca prolongadamente en Cataluña, pero conozco muchos catalanes que me merecen el máximo respeto por la sensatez, la inteligencia, la laboriosidad, que sobresalen tanto en el trato individual como en el ambiente de sentido común y de bienestar que han sabido lograr entre todos. La impresión desde lejos es que Cataluña es un país privilegiado.

         Por todo esto es mayor mi sorpresa e incomprensión al saber que la mitad aproximada de la población –no entro en la apasionada discusión de si es el 52 % o el 48 %, si es el voto popular o el parlamentario el que hay que considerar, pero me queda claro que son muchos en cualquier caso- participa de este bloque compacto de ideas separatistas y ha votado y parece que van a seguir votando por los partidos políticos que las defienden. Desde el máximo respeto que me merece el pueblo catalán, no comprendo un posicionamiento tan mayoritario en este sentido.

         Y menos comprendo el posicionamiento de la otra mitad aproximada de la población, los que no han votado a los partidos independistas y no sintonizan abiertamente con ellos. No entiendo que este sector de población esté tan callado, que las voces contrarias no hablen más alto, no salgan a la calle con tanto entusiasmo como los que intervienen en las manifestaciones independentistas, pues las comparecencias de sign contrario son siempre mucho más reducidas. Respeto máximo, pero comprensión muy escasa de todo lo que allí está ocurriendo.


         Postura de la Iglesia
         En medio de esta situación tan enfrentada, importa conocer la postura oficial de la Iglesia. En una reunión de la Conferencia Episcopal de Cataluña celebrada el 11 de mayo, los 12 obispos presentes dicen en el acta “haber dedicado una larga reflexión al momento presente de nuestro país”, como fruto de la cual sale de una “Nota” publicada conjuntamente con el Acta.

         Los obispos dicen: “creemos humildemente que conviene que sean escuchadas las legítimas aspiraciones del pueblo catalán”, frase ambigua que hace titular sesgadamente al derechista “Libertad Digital”: “Los obispos catalanes abogan por el referéndum” –palabra no mencionada explícitamente-, añadiendo además que “se suman a las principales tesis del independentismo”. Pero los obispos dicen también que hablan “desde el respeto por las diversas sensibilidades que se van expresando” y, más concretamente, afirman directamente que “defendemos la legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y que busquen con justicia la paz y la justicia”, un párrafo que también genera cierta ambigüedad. Lo central de la Nota, con todo, está en fomentar y promover la “cultura del diálogo”: “nos sentimos urgidos a reclamar de todos los ciudadanos el espíritu de pacto y de entendimiento que conforma nuestro talante más característico”. La “cultura del diálogo” es una frase del papa Francisco, del que también toman la sentencia introductoria: “Ser pastores significa caminar delante, en medio y detrás del rebaño”.

         Los obispos, pues, mantienen una postura equidistante, tal vez la única posible en aquel contexto, pero que, vista desde fuera de Cataluña, se queda un poco corta, sabe a poco.


         Cardenal Omella
         El Arzobispo de Barcelona y recién nombrado cardenal, J.J.Omella, en la homilía pronunciada la fiesta de San Jorge ante el Presidente de la Generalitat y todas la autoridades catalanas, sin entrar a juzgar a unos y a otros, sin apoyar ni negarse a la opción independentista, se mantiene también en la prudente equidistancia. Pidió por todos los que tienen responsabilidad pública “para que vivan más en coherencia con lo que son, con lo que configura sus vidas y con un gran respeto a los demás” y, fijándose en la lanza de San Jorge, añadió: “Esto no significa que se tenga que ir con la lanza en la mano atacando a los otros, sino que indica la imperiosa necesidad de luchar contra el dragón, que es el diablo, el padre de la división, lo que divide, lo que quiere romper la comunión”.

         El conflicto es demasiado fuerte como para entenderlo desde fuera. Respeto, pero no comprendo.

martes, 23 de mayo de 2017

Lo religioso, ausente en las Primarias del PSOE

         

 

         Es buena noticia la falta de noticias sobre la presencia del tema religioso en la campaña de las Primarias del PSOE. El que no se haya usado lo religioso como proyectil político, el que no se haya acudido a algo relacionado con la Iglesia Católica como tema de demandas o promesas políticas, el que todo esto se haya mantenido en un discreto silencio, es una buena noticia, que conviene ahora reseñar.

          He acudido a internet para confirmar que el tema religioso no se ha esgrimido como tema de debate político y, al llamar a "lo religioso en las Primarias del PSOE" no me ha salido ninguna referencia, la respuesta del internet ha sido "no ha habido ningún resultado". Esta ausencia de referencias sobre este tema merece ser tenida en cuenta, pues no es frecuente en España que en una apasionada discusión política no se aduzca algo relacionado con lo religioso como materia de discusión y enfrentamientos.

          Sólo quitándole las comillas a la pregunta sobre "lo religioso en las Primarias del PSOE", ha salido la alusión a una información aparecida en un medio digital no importante pero con contenido algo significativo. Se trata de "El Debate de Hoy", un intento de revival de un medio que fue importante cuando lo fundó don Ángel Herrera en 1908, al frente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdeP), pero que en la actualidad no tiene apenas representación en la vida social actual. EL DEBATE DE HOY se define a sí mismo en el "Quiénes somos" como ‘Revista de análisis, reflexión y valores’ y pone su atención en todos los aspectos de la actualidad desde los planteamientos del humanismo cristiano, perspectiva que ha presidido siempre la acción y el carisma de la ya centenaria ACdP".

          La información aparecida -ahora, el pasado 17 de mayo- sobre "La religión y los candidatos del PSOE", sólo destaca "Escaso compromiso, poca definición y muchas dudas". Es la típica información, que pretende destacar la oposición existente entre la doctrina mas tradicional de la Iglesia y los políticos de las izquierdas y que, en esta ocasión, siente la frustración de no encontrar argumentos para este enfrentamiento. Sólo puede aducir unas declaraciones radiofónicas de Pedro Sanchez ("No soy ningún radical que quiera abolir las religiones ... pero el Estado tiene que ser laico para que represente a todos y a todas"),difícilmente impugnable y un párrafo de su programa ("La naturaleza laica del Estado implica que ninguna religión confesional debe formar parte del currículo y del horario escolar"), a la que el articulista saca muchas más consecuencias de enfrentamiento de lo que de la mera frase se puede deducir. De los otros candidatos dice expresamente que "son otro cantar". El mismo firmante del artículo, Federico Rayón, tiene que reconocer que "analizar los programas de los candidatos tampoco arroja mucha luz en lo referente a educación, religión, relación con la Iglesia Católica y otras religiones". Buscando incluso los enfrentamientos, esta publicación no ha podido en esta ocasión encontrarlos.

          Not news, good news, sentencia el aforismo inglés. Es bueno el que en esta ocasión no se haya usado lo religioso como motivo para el enfrentamiento, como argumento para la guerra. No es que los enfrentamientos se hayan del todo eliminado y hayan desparecido. Por desgracia el laicismo radical y militante sigue presente en ocasiones ("tras el cura, con el cirio o con el palo"), pero esta vez es justo reconocer que no ha sido así, y esto es una buena noticia.

sábado, 13 de mayo de 2017

Javier CERCÁS: Justificación -¿excesiva?- por hablar de la guerra civil

                                                              

         Javier Cercás es un gran escritor un buen novelista, con cuya lectura disfruto bastante. Merece la pena la reflexión y el diálogo sobre su última novela.
 
          En su última novela -El monarca de las sombras-, su adscripción al verismo (El País, 2 Mayo 2017, p 25) es tal que, a pesar de su afirmación inicial de que "si al final me decidiese a contarla (la historia de su antepasado Manuel Mena) no me ceñiría a la verdad de los hechos"(p 44), parece dejar sin embargo muy poco margen a la imaginación, por presentarlo todo como realmente ocurrido. "Su biografía es mi biografía", dice del personaje al final del libro(280). Con tal verismo y trasparencia, ejerce tanta atracción la verdad de la historia como el arte al narrarla.

         En esta novela, con todo, lo que más me ha llamado la atención es el exceso de justificación que el autor se siente obligado a aportar por hablar de nuevo de la guerra civil (antes ya había tocado el tema, en Soldados de Salamina), desde la realidad concreta de un personaje de la derecha, muerto en la Batalla del Ebro luchando en el ejército franquista.


        JUSTIFICACIÓN POR ENTRAR EN EL TEMA
        Javier Cercás siente como vergüenza por su adscripción familiar a la derecha: "¿Tu te sientes culpable por haber tenido un tío facha?", y él responde, en su diálogo con David Trueba: "Un tío no, la familia al completo". Y la justificación se hace por las palabras de su interlocutor: "No te jode: más o menos como la mitad de este país... Quien no hizo la guerra con Franco lo aguantó durante cuarenta años. Digan lo que digan, aquí, salvo cuatro o cinco tipos con agallas, durante la mayor parte del franquismo casi todo el mundo fue franquista, por acción o por omisión. Qué remedio"(50).

        La justificación por lengua ajena, aparece por medio de un personaje de acreditado izquierdismo, David Trueba, con "mucha más experiencia que yo, que había viajado mucho más que yo y que conocía a mucha más gente que yo"(39). En todo el desenfadado diálogo con este personaje -¿real o ficticio?-, la justificación es muy explícita: Si escribes esta novela, "¡te van a dar hostias hasta en carnet de identidad, chaval! Escribas lo que escribas, unos te acusarán de idealizar a los republicanos por no denuncia sus crímenes, y otros te acusarán de revisionismo o de maquillar el franquismo por presentar a los franquistas como personas normales y corrientes y no como monstruos... Unos se ponen de los nervios cada vez que sacas el asunto, porque siguen pensando que el golpe de Franco fue necesario o por lo menos inevitable, aunque no se atrevan a decirlo; y otros han decidido que le hace el juego a la derecha quien no dice que todos los republicanos eran demócratas, incluido Durruti y La Pasionaria, y que aquí no se mató un puto cura ni se quemó una puta iglesia".

         El real o novelado David Trueba le recomienda escribir sin más la novela: "Ahora te toca afrontar la realidad, ¿no? Así podrás cerrar el círculo. Y asó podrás dejar de escribir de una puta vez sobre la guerra y el franquismo y todos esos coñazos que te torturan tanto". El real o simulado Trueba le conmina a no dejar de escribir el libro, porque "estás menos preocupado por tu novela que por lo que van a decir de tu novela"(45). Distinguiendo entre sentirse "culpable" por la guerra o "responsable" sobre todo lo ocurrido en ella(50), le hace ver su conexión casi inevitable con la historia: "Al fin y al cabo, no eres tú el que ha elegido ese tema; es el tema el que te ha elegido a ti"(47). La excusa para escribir el libro queda redonda.


        JUSTIFICACIÓN DEL PERSONAJE
        El personaje de Manuel Mena, hermano de su abuelo, el protagonista de la historia, está justificado también muy detenidamente. Afirma de él que fue "un falangista mucho más falangista que franquista, suponiendo que realmente fuera franquista"(75), extendiéndose en abundantes consideraciones sobre las diferencias entre el idealismo utópico de la falange y el prosaísmo rastrero del franquismo.

       Sitúa además al personaje en una serie de circunstancias que rebajan de algún modo el hecho de haber muerto en el Ebro como miembro de las tropas de Franco. Durante su primera juventud, en su población natal de Ibahernando -muy cercana a la ciudad extremeña de Trujillo-, tuvo como referente a un médico del todo singular, don Eladio, "un hombre alto, fino, moreno y con gafas, dotado de una sencillez de sabio y una apostura de galán ... un hombre culto, laico y cosmopolita, de talante e ideas liberales; no bebía, no le interesaba el campo ni la caza ni la vida de sociedad, tampoco los entresijos y tejemanejes de la política local"(62-63). Este auténtico contrapunto a todas las estrecheces de la vida prosaica del pueblo terminó ejerciendo también como maestro del pueblo y, con la enseñanza y las prolongadas conversaciones y las abundantes lecturas recomendadas, ejerció una influencia determinante sobre Manuel Mena.

         Narra la novela muy prolijamente cómo y porqué se inscribe como voluntario en las tropas de Franco, tras su formación como alférez provisional en lo que fue jesuítica Facultad de Teología de Granada, y se detiene exhaustivamente en el detalle de todas las batallas en las que intervino, hasta morir en una de las escaramuzas de la Batalla del Ebro. No entro en todas estas vicisitudes, que me han resultado además la parte más pesada del libro.

        Durante toda la narración y al final, destaca a Manuel Mena como un perdedor, esto constituye la justificación más radical del personaje realizada por Javier Cercás: "la historia de Manuel Mena era la historia de un vencedor aparente y un perdedor real; Manuel Mena había perdido la guerra tres veces: la primera, porque lo había perdido todo en la guerra, incluida la vida; la segunda, porque lo había perdido todo por una causa que no era la suya sino la de otros, porque en la guerra no había defendido sus propios intereses sino los intereses de otros; la tercera, porque lo había perdido todo por una mala causa, ... una causa odiosa, irredimible y muerta"(270-271).

   
         JUSTIFICACIÓN DEL AUTOR
         No entro en el interesante apartado de la valoración de la propia guerra, sobre la que tengo también tomadas muchas notas. Hay muchas afirmaciones tajantes sobre el error y la injustica que hubo en la sublevación de Franco, pero hay también abundantes referencias a la "catástrofe natural"(120), el "conflicto y revoltijo"(62), "todo preparado para que el país volase en mil pedazos"(74), tras el inicio esperanzado de sus comienzos "una crisis que dos años y medio más tarde desembocaría en una guerra, o más bien en un golpe militar cuyo fracaso desembocó en una guerra que terminó llevándose a la II República por delante"(66).

        Sobre su propia persona, afirma Javier Cercás con mucho realismo, haciendo una valoración global de su personaje, de la guerra y de toda la situación: "yo no era mejor que Manuel Mena: era verdad que él había peleado con las armas en la mano por una causa injusta, una causa que había provocado una guerra y una dictadora, muerte y destrucción, pero también era verdad que Manuel Mena había sido capaza de arriesgar su vida pro valores que, al menos en determinado momento, estaban para él por encima de la vida, aunque no lo estuvieran o aunque para nostros no lo estuvieran; en otras palabras: no cabía duda de que Manuel Mena se había equivocado políticamente, pero tampoco de que yo no tenía ningún derecho a considerarme moralmente superior a él"(270).

         Se pueden considerar tal vez excesivas, pero las justificaciones realizadas por Javier Cercás en todo el libro resultan sinceras y dignas de ser tenidas en cuenta.

        Nota breve sobre la Iglesia
        La intervención de la Iglesia católica en todo el desarrollo de la guerra civil no está realizada ni con mucho detenimiento ni con excesiva acritud.

       Ya he reproducido un texto en el que indirectamente se reconoce que se quemaron iglesias y se mataron curas(38). Se da por hecho que la Iglesia se alió con la oligarquía para acosar a la República, pero se reconoce también que, cuando la República se radicalizó en el "el enfrentamiento violento y el motín sin esperanza", "la clase media que, aunque compartía muchos más intereses reales con los humillados y ofendidos que con la oligarquía y la Iglesia católica, compartía también con la Iglesia y la oligarquía su amor supersticioso por el orden y las tradiciones y su miedo cerval a la revolución"(68). No se presenta, pues, a la Iglesia en solitario y como único testaferro contra la República, sino que se resalta igualmente la participación de otras fuerzas sociales. Cuando estalló fuerte el desorden, se "creó el clima ideal para que los poderosos antirrepublicanos de siempre se lanzaran al golpe de Estado con el apoyo de una clase tradicional espantada por el caos y la violencia y hábilmente conducida por la oligarquía y la Iglesia católica a la falsedad flagrante de que sus intereses eran irreconciliables con los del proletariado ya la certidumbre ilusoria de que solo era posible con el desbarajuste terminando con la República"(69).

        No se disimula la participación que la Iglesia tuvo en el triste desencadenamiento del aguerra civil, pero no se resaltan en exceso los colores de la oposición ejercida por la Iglesia ni se insiste en demasía sobre este aspecto tan doloroso y tan complejo de nuestra historia, sobre el que ya la propia la Asamblea Conjunta de Obispos y Sacerdotes de la Iglesia española, en el postconcilio en 1971, intentó pedir perdón al resto de la sociedad española.