lunes, 19 de marzo de 2018

FRANCISCO, 5 años

 

 

Los cinco años de Francisco han provocado un gran movimiento de intervenciones en todos los medios de comunicación, tanto escritos como hablados o televisados. Pasada ya la fecha de la celebración 13 Marzo-, no voy a intentar ahora un resumen de lo dicho o publicado, sino que me voy a contentar con ofrecer la sencilla opinión personal que la figura del Papa actual me provoca.

Resumo esta opinión en tres palabras, tres impresiones: Sorpresa + Deslumbramiento - Comprensión.



Sorpresa
Recuerdo bien la sorpresa que me produjo el nombramiento de Jorge María Bergoglio como Papa. Esta sorpresa me parece que fue compartida por todo los que en aquellos días seguían el Conclave y estaban interesados por el nombramiento del nuevo Papa.


Dentro de la Compañía de Jesús, el escogido por el Conclave como nuevo Papa era bien conocido, al menos nominalmente. No sólo por ser el cardenal de la capital quasi española que es Buenos Aires, sino por haber realizado parte de su formación en España y por haber dado los Ejercicios Espirituales a los Obispos españoles no mucho tiempo antes de su nombramiento como Papa. Dentro de la Compañía, además, se sabía que, tiempo atrás, había ejercido el cargo de Provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Cuando menos, era un nombre conocido.

Con todo, la sorpresa, dentro y fuera de la Compañía de Jesús, fue grande. En la opinión pública general, por no ser una noticia esperada: por no ser italiano, como se esperaba que fuese después de dos Papas extranjeros a Italia; por provenir de un país latinoamericano nada previamente intuido, Argentina; por ser desconocido para muchos. Entre los jesuitas, la noticia resultó también sorpresiva -ahora se puede decir, cuando tanto ha corregido el tiempo las primeras previsiones- porque el periodo de su Provincialato en Argentina había sido particularmente discutido y porque su relación inmediata anterior con la Compañía no había sido muy cercana.

La sorpresa, por tanto, fue grande. Creo recordar que su nombre no estaba incluido en la lista de hasta diez papables que los medios de comunicación habían barajado durante los días previos al Conclave.



Deslumbramiento
Desde el mismo día de su nombramiento, el nuevo Papa sorprendió a todos, pero ya muy positivamente. Para el saludo inicial desde el balcón vaticano, se presentó con una sencilla estola papal, prescindiendo de otros vestimientos tradicionales. Dijo que venía del otro extremo del mundo. No dio la bendición para todos, y sí dijo a todos que rogaran por él. No hablo con solemnidad papal, sino con sencillez franciscana, siguiendo la pauta del nuevo nombre también sorpresivamente elegido para su pontificado.

Durante los cinco años que ha ejercido como Papa, sus gestos no han dejado de sorprender positivamente. Son tantos los rasgos revolucionarios de sus actuaciones públicas que resulta hasta difícil escoger algunos. El no usar las lejanas habitaciones de los anteriores Papas y el irse a vivir a la residencia común Santa Marta, normalmente usada por muchos de dentro y por invitados del Vaticano, ha sido muy comentado, aunque Francisco haya querido restarle importancia a este gesto adjudicándolo sólo a su carácter necesitado de contactos sociales. Otros detalles acuden en tropel al recuerdo: detenerse a hablar con uno de los hieráticos soldados suizos, para interesarse por su trabajo y su familia; algún niño sentado en su sillón trono, mientras él imparte un discurso; ser saludado -y hasta besado- cercanamente por toda clase de tipos humanos, en su largos recorridos entre la gente; su atuendo sencillo, sin zapatos rojos, más cercano al de un cura vestido de blanco que al de un Papa; la sustitución de los automóviles lujosos por un sencillo utilitario; el conceder entrevistas periodísticas, con una frecuencia del todo inusual en los anteriores Papas; el haber sentado a comer en su mesa a pobres y necesitados de las calles de Roma; el lavar los pies a un mahometano y a mujeres, el Jueves Santo; el celebrar la misa ordinaria con público, en la capilla privada de Santa Marta; etcetera, etcetera... La relación de gestos sorpresivos y positivos para la gran mayoría se podría hacer interminable.

Por sus gestos externos, por su estilo en las actuaciones públicas, aunque también por lo que dice y por cómo lo dice, la figura de Francisco cae bien también fuera de la Iglesia, hasta a los menos religiosos e increyentes. No resulta extraño escuchar declaraciones de personas que se reconocen alejadas de la Iglesia y sin embargo admiradoras de Francisco. El cambio de imagen de la figura papal difícilmente se podría ejecutar en menos tiempo y con tanta eficacia.

El deslumbramiento provocado por Francisco es más rotundo e importante por los grandes escritos que él ha hecho públicos durante su pontificado. La alegría del Evangelio, Evangeliii Gaudium, contiene la mejor imagen de cómo entiende Francisco su tarea papal y la tarea de la Iglesia: es un pequeño libro al que habrá que volver reiteradamente para intentar una profunda renovación pastoral y eclesial. La alegría del amor, Amoris Laetitia, es tal vez el mejor escrito reciente sobre el matrimonio cristiano, sabroso y muy práctico, aunque haya sido sólo el muy bien ponderado capítulo 8º el que por muchos se ha mirado con más lupa, por el discernimiento recomendado sobre las situaciones morales difíciles de los casados. Los otros dos grandes temas tratados por Francisco han sido la misericordia (Misericordiae vultus) y la ecología (Laudato si´), en los dos casos de forma novedosa y muy atrayente.

Francisco, además, ha prodigado mucho su enseñanza con las catequesis de los miércoles, sus pequeñas homilías en las misas de Santa Marta y las intervenciones en las audiencias y en los viajes. Pero lo que diferencia también a este Papa son sus frecuentes escritos -y hasta videos- menores, más sus tweeds, millonariamente multiplicados por las redes sociales. Por todo ello, los libros con su firma se han prodigado inconcebiblemente, aunque algunos vendan como del Papa escritos anteriores de su tiempo en Buenos Aires. En todos estos escritos demuestra una capacidad de comunicación muy poco normal, típicamente argentina, que llega a la gente, incluso no creyente, con una facilidad pasmosa. Francisco deslumbra, va delante de los más avanzados, sorprende positivamente a casi todos.



Comprensión
Añado esta palabra a esta sencilla semblanza de Francisco, porque, con los ataques que de algunos está recibiendo, el Papa se hace acreedor de una gran comprensión. En los contactos con los jesuitas tenidos en su reciente viaje a Chile y Perú (admirablemente transmitidos en La Civiltà Cattolica por Antonio Spadaro, probablemente el mejor comentador de la figura de este Papa), Francisco dice que no le importa y que hasta se alegra de que surjan libres comentarios críticos sobre sus actuaciones y sus escritos. Las redes anónimas, sobre todo, están también acogiendo comentarios críticos provenientes de los sectores más conservadores de la Iglesia, algunos tan alucinados como el decir que el papa es hereje y no católico.

Las críticas más responsables se diversifican, desde los que dice que va demasiado lejos en sus enseñanza y en sus actuaciones (lo más importante, en este sentido, es la carta de cuatro cardenales pidiéndole aclaraciones sobre el mencionado capítulo 8º de La alegría del amor), hasta los que se quejan porque va demasiado lento en las pretendidas reformas eclesiales. Algunos de los comentarios sobre este quinto aniversario han insistido en estos dos contradictorios aspectos.



Balance muy positivo
En su conjunto, la semblanza de Francisco resulta muy positiva. Antes de su elección, nadie hubiese podido prever un papado como el que esta siendo. Dentro de cincuenta o cien años, todos pienso que alabarán y agradecerán el pontificado de Francisco.    


lunes, 12 de marzo de 2018

¿Por qué tanta agresividad contra la Iglesia?

 

Me sorprende mucho el mantenimiento de tanta agresividad contra la Iglesia católica. No enfoco el tema desde el punto de vista jurídico, sino desde una observación puramente sociológica. ¿Por qué se mantiene tan fuerte en la sociedad el afán por meterse contra la Iglesia católica? ¿Por qué sus símbolos y sus personajes más sagrados –la Eucaristía, Jesucristo, la Virgen- son metidos en danza como objetos de burla, hasta con consideraciones obscenas? ¿De qué raíces brotan estos ataques ridiculizantes? ¿Qué se pretende o qué ganancias se obtienen con estos ataques?

Por no ser jurista y porque no es el ángulo de mira que más me interesa, no centro la consideración de este tema en lo jurídico, en la exigencia que pueda o deba demandarse para una restitución forzosa de las ofensas cometidas. Es más, pueden resultar tal vez hasta excesivos los intentos de instituciones como “Hazte Oír” o “Abogados Cristianos” por elevar clamorosamente la voz –el tan traído y llevado autobús publicitario, por ejemplo- y por conseguir firmas masivas contra la legislación y las prácticas abortivas o contra los personajes que realizan acciones públicas contra los símbolos sagrados. Tampoco, por otra parte, resulta comprensible del todo el intento de identificar todas los intentos de condenas “por ofender los sentimientos religiosos, con el delito heredado de la blasfemia perseguida por la dictadura franquista” (El País, 20 Febrero 2018, p. 22).

BROTES DE CRÍTICA FEROZ
El recuento de las manifestaciones de crítica aguda y hasta sardónica contra los elementos religiosos de la Iglesia católica –tal vez por la incidencia del Carnaval- ha sido abundante en los días pasados.
El informe citado de El País , con un enfoque muy sectarios, recordaba algunos casos enjuiciados por estos temas: 1) un jornalero de Jaén, por difundir un montaje de su rostro coronado con la corona de espinas de Jesucristo; 2) dos madrileños, por cantar el Cara al Sol y el himno del PP en una misa; 3) la Hermandad del Sagrado Coño Insumiso a la Explotación y la Precariedad, por procesionar una inmensa vulva engalanada; 4) dos personajillos muy desconocidos, por montar sendos espectáculos con un cristo crucificado o con unos preservativos consagrados; 5) un cartel de Carnaval, con un hombre embriagado vestido de Papa; 6) una composición de la palabra “pederastia”, con 242 hostias consagradas; 7) un humorista, por un chiste contra la Cruz del Valle de los Caídos; 8) un drag queen de Las Palmas, por aparecer vestido de Virgen; 9) una concejal de Madrid, por manifestarse semidesnuda en la capilla de la Universidad Complutense; 10) un gallego, por disfrazarse de Apostol Santiago; 11) una murga carnavalera de Isla Cristina, por aparecer con disfraces sagrados; etc, etc.

¿Por qué llega a producirse esta sarta de pretendidas ofensas a la Iglesia, sus instituciones, sus personajes o sus utensilios? En estos días pasados, leí en algún sitio la observación de que, en el Carnaval, la gente se disfraza de lo que aspira a ser, sin serlo. Puede haber, más simplemente, un visceral intento de llamar la atención, de epatar. Tal vez habría que acudir a lo más hondo de la psiquiatría o de la psicología para llegar a intuir las motivaciones que inducen a manifestaciones de este tipo.

En los días de las recientes manifestaciones feministas, he visto la foto de un círculo de mujeres a pecho descubierto plantadas ante el Palacio Episcopal de San Sebastián, como señal de protesta por unas declaraciones de su Prelado interpretadas como ofensivas. Ante este gesto hay que preguntarse, ¿qué es más violento el “escrache” o aquello contra lo se produce?

No alcanzo a explicar los comportamientos extremos de este tipo. El que la Iglesia haya sido una entidad poderosa, y poderosa más concretamente sobre el campo tan sensible de las conciencias, puede estar detrás del laicismo más radical, el que no se contenta con la separación tajante y rigurosa de poderes, sino que intenta ridiculizar y agredir a todo lo cercano a lo religioso, todo lo relacionado con lo divino.

Teniendo esto en cuenta, los gestos tan alejados del poder de su comportamiento ordinario, las actitudes sencillas y humildes del Papa Francisco, están tal vez desvirtuando más los ataques a la Iglesia que los mismos actos de defensa jurídica.

REACCIONES POSIBLES
No resulta fácil definir cuál debe ser la reacción oficial de la Iglesia ante este tipo de provocaciones. Ni el buenismo ingenuo ni la soberbia ofendida, deberían ser los motores desde los que arranque la reacción ante estos ataques. Las actitudes de Jesús, tal como aparecen en los dichos y en los hechos de los Evangelios, deberían ser las que orienten las posibles reacciones ante estos hechos.

“Se ha puesto de moda meterse con los católicos”, proclama algo simplísticamente un portavoz de Abogados Cristianos. Sobre la posibilidad de una defensa jurídica a ultranza, intentando la condena de los que atacan, en la información de El País ya citada, una catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Málaga, Patricia Laurenzo, afirma: “En un Estado aconfensional no se justifica un delito que proteja específicamente la religión, ya que los de coacciones o contra el honor ya protegen la libertad religiosa”. Respecto a los que critican que los jueces sólo ven delitos de odio cuando afecta a otras religiones, esta misma autora mantiene que “la Iglesia católica no es un grupo vulnerable y es difícil enmarcar estas denuncias en unos delitos de odio que están dirigidos a proteger a minorías en situaciones de vulnerabilidad”. La defensa a ultranza de los ataques contra la religión, sean o no delictivos, no está en la actualidad desde luego considerada como políticamente correcta, pues más bien está bien visto el declararse como increyente o agnóstico y el no irritarse mucho por las agresiones contra lo religioso.

El último cuaderno de la colección Cristianismo y Justicia de los jesuitas catalanes, está dedicado a la No Violencia Activa (NOVA). Dice su autor, Joan Morera Perich sj, que,  ante los actos de violencia, tan frecuentes por desgracia en el momento actual, se puede reaccionar desde tres actitudes fundamentales:
1) Detener el conflicto por la fuerza, devolviendo parte de la violencia hasta ponerle punto final (fight, luchar).
2) Huir del conflicto; esto es, callarse, sumisa o tácticamente, por humildad o por estrategia (flight, volar).
3) Plantar cara al conflicto con la NOVA, la actitud defendida por el autor de este folleto –de acuerdo con su tesis doctoral en Teología Bíblica-, que pretende extraer esta forma de entender la vida de los poemas del Siervo Sufriente de Isaías y de las enseñanzas del propio Jesús de Nazaret. El título completo del folleto es “DESARMAR LOS INFIERNOS. Practicar la no violencia de Jesús hoy”. Estimulante e interpelativo desde luego, pero tal vez difícil y problemático, puede resultar aplicar sólo la NOVA ante todos los casos de agresividad frente a lo religioso.
 

Más allá del tema jurídico se mantiene el interrogante sobre el porqué aparece tan frecuentemente la agresividad contra lo religioso católico, en general; y sobre la Iglesia, en particular. Es un tema sobre el que habrá que seguir pensando, siempre que se produzcan estos agravios

lunes, 12 de febrero de 2018

CARNAVAL, ¿maduro y consolidado?

Los largos años de estancias en Canarias me dieron la oportunidad de conocer y vivir un Carnaval muy maduro y consolidado. No era una celebración más, una fiesta de unos pocos, sino algo global en lo que –durante los años setenta y ochenta- participaba toda la ciudad. Tanto en Tenerife como en Gran Canaria, en sus capitales y en los pueblos, también en las Islas Menores, prácticamente en todas las localidades del Archipiélago, el Carnaval introducía a toda la población en un ambiente de gran fiesta.

Cuando vivía allí, comparaba la importancia del Carnaval con la que en las ciudades andaluzas tenía ya entonces y siguen teniendo las ferias, una celebraciones que paran de algún modo la vida de las localidades y consiguen que toda la población se entere y que casi todos participen y vayan algún día a los feriales. En Canarias me sorprendía esta paralización de las ciudades por la fiesta del Carnaval y el que en los actos participase, no sólo la gente joven, sino la población de todas las edades. Acostumbrado a la entonces insignificancia del Carnaval en los lugares de la península donde había vivido, recuerdo el impacto que me produjo ver a los alcaldes de las capitales de las dos provincias –por aquellos años, dos señores mayores y muy respetados, Manuel Hermoso y Juan Rodríguez Doreste-, vestidos de máscaras y participando activamente en las murgas y en las cabalgatas. El Carnaval en Canarias era algo distinto, mucho más intenso.

Al volver a vivir en la península, siempre pensé que -salvo en alguna ciudad por excepción, como Cádiz, donde no se había interrumpido ni siquiera durante los años del franquismo- el Carnaval seguía siendo algo poco importante. Los esfuerzos de ciertos Ayuntamientos por introducirlo de nuevo chocaban con la inercia de muchos años, con la indiferencia de casi todos y la participación escasa de sólo niños, disfrazados en las fiestas organizadas en los Colegios y muy ocasionalmente por las calles, más la colaboración de lo que en Canarias se denomina el “chiquillage”, los adolescentes y jóvenes siempre dispuestos para el jolgorio.

Sorpresa, este año
Se me ocurrió este año –el sábado inmediato al Miércoles de Ceniza y a la Cuaresma- asomarme a la Cabalgata del Carnaval organizada en Huelva, y me he llevado una gran sorpresa. La cosa era más importante, más colectiva, de lo que había pensado.

La Cabalgata no era de un minúsculo grupo de entusiastas, sino que ocupaba un larguísimo recorrido, probablemente de más de un kilómetro de largo. Desfilaba tal vez una decena de grandes carrozas, arrastradas por tractores enormes, desde las que niñas y jóvenes tiraban serpentinas y confetis -¿de dónde se sacará tantísimo papel de colorines?- a la población agolpada para ver el cortejo. Pero lo más significativo no eran las carrozas, algo más asequiblemente organizable, sino la numerosísima participación de grupos y comparsas desfilando a pie, en algunos casos con charangas musicales tocando a pleno gas, con todas las personas disfrazadas con atuendos inimaginables por lo variopinto. Entre la población desfilante, no sólo había gente joven, sino personas también mayores, mujeres y hombres, impresionando a todos por la vitalidad insospechada a esas edades de las contorsiones y de los bailes. Tampoco se puede uno imaginar de dónde habría salido tanto disfraz mamarracho, tantos gorros deformes, tanta infinidad de pelucas, tantos complementos inútiles. Además de los disfraces trasformantes –normalmente, de hombre a mujer, o resaltando enormemente las gorduras-, me sorprendió descubrir entre la comitiva a embarazadas de verdad y a alguna madre con su pequeño hijo en brazos. La cabalgata rebosaba participación popular, entusiasmo en todos por el número de participantes y por la facilidad con la que todos se interrelacionaban.

El periódico local -Huelva Información del día siguiente a la Cabalgata (reproduzco la primera página?-, rebosaba también entusiasmo. Los titulares ya lo denunciaban: “La ilusión nunca se congela (aludiendo al gran frío que hacia por la tarde) – Paso importante para que la ciudad viva en la calle las fiestas de febrero – El frío no impide una respuesta masiva a las convocatorias en torno al desfile de ayer”. Había euforia además en la crónica del acontecimiento: “Ganas ayer de fiesta y las familias se echaron a la calle. Los más pequeños, para recuperar viejas costumbres, disfrazados. También padres y adultos. Basta colocarse un complemento de colores llamativos para participar de la fiesta”.

Organización potente, por detrás.
 En la Cabalgata descubrí que, también con disfraces carnavaleros, había hombres mayores, serios e intensos y como trabajando, marchando de atrás adelante y de delante para atrás, claramente organizando la comitiva. Me acerqué a uno de ellos, y le pregunté. Me aclaró que la Cabalgata no era sólo improvisación, que la organizaba la Federación Onubense de Peñas, que contaba con el Visto Bueno y la colaboración del Ayuntamiento de Huelva; que la participación de las personas era espontanea y gratuita, pero que las murgas recibían alguna ayudas.
He comprado después, en una bien aseada página web, que la “Federación Onubense de Peñas y Asociaciones del Carnaval” (FOPAC) informa con detalle que vienen trabajando en el Carnaval desde hace más de treinta años, “sin escatimar esfuerzo, sacrificio, tiempo y en algunas ocasiones aportando económicamente de sus bolsillos”, en palaras de su Presidente, aunque “no siempre recibieron el trato justo a su dedicación y entrega”. La FOPAC es la que organiza el Concurso de Agrupaciones del Carnaval Colombino, en el Gran Teatro de la ciudad, durante una larga quincena y este año con 39 Agrupaciones inscritas: murgas, comparsas, coros, cuartetos y chirigotas. Las Bases para este Concurso tiene 35 páginas, y prevén con mucho detalle todo el acontecimiento. La FOPAC –sólo 7 miembros figuran en su Junta Directiva- es también la organizadora de la Cabalgata que recorrió las calles de la ciudad.


Como posible causa de la participación masiva de este año señalan la invitación gratuita a un plato de garbanzos –una garbanzada- en el lugar de arranque de la Cabalgata, la popularísima Plaza de las Monjas.

Evidentemente, detrás de lo espectacular de este año, existe una estructura organizativa, que este año cuando ha obtenido un éxito considerable.

¿Es bueno el desarrollo del Carnaval?
Desconozco sin en todas las ciudades españolas se estará dando un desarrollo paralelo de las fiestas del Carnaval, Al constatar la madurez obtenida por el Carnaval en Huelva, tras muchos años de esfuerzo de los organizadores, me pregunto si esto será o no bueno para todos, si de ello habrá que alegrarse o entristecerse.

Desde el enfoque trascendente -o incluso religioso- con el que “tras mi vidriera” observo las cosas y los acontecimientos, pienso que no es del todo malo que el Carnaval inunde también la calle. Existen fenómenos que han nacido desde lo religioso que ocasionalmente inundan también la calle –la Semana Santa, la Cabalgata de Reyes, el Corpus Christi, las procesiones de patronos y patronas,…-, y por esto parece que puede resultar incluso bueno que explote también en la calle una manifestación laica, que tiene ya escasísima relación con lo religioso (sólo el hecho -ya remotísimo- de que el Carnaval se situó originariamente en las fechas inmediatamente anteriores a la Cuaresma, para despedirse de la diversión antes de los rigores cuaresmales). Con esto, al menos, se reivindica el derecho a ocupar la calle cuando el pueblo quiere manifestar públicamente sus sentimientos o celebrar colectivamente sus fiestas, con o sin sentido religioso; por ser populares, y no por estar o no relacionadas con lo religioso: si en esto laico puede haber manifestaciones callejeras, también las puede haber con motivaciones populares religiosas.

Es cierto que las “carnestolendas”, las manifestaciones relacionadas con el Carnaval, han sido tradicionalmente mal vistas desde los ambientes eclesiales más severos, por los excesos que pudieron ser incluidos históricamente en estas fiestas. Pero en el mundo plenamente secularizado actual, el vestido provocativo o cualquier otro gesto procaz se puede encontrar en cualquier otro ambiente, y no sólo en el de alguna manera mas justificado del Carnaval.

Bienvenida, pues, la maduración y consolidación del Carnaval, si es que de verdad se está produciendo en otros lugares de España. Lo que no es malo hay que acogerlo, aunque no sea religioso.
  

sábado, 3 de febrero de 2018

Mezcla de religión, moda, tamboriles, cante y baile flamencos





 
La Romería del Rocío ya desconcierta a bastantes personas por la confusión del elemento religioso principal, la devoción honda a la Virgen del Rocío, con otros muchos componentes del ser de Andalucía (trajes de corto y de faraales, cante y baile de sevillanas, paisajes varios y marismeños, gastronomía andaluza con tapas de todo tipo, vinos de la tierra, tipismo único de las viviendas, acogida en el trato, participación en grupos de amigos…., hasta el punto de constituir una fiesta total, con exponentes exuberantes de todos los elementos de los pueblos y las personas que participan en este inigualable fenómeno auténticamente popular.

Aún más desconcierto puede producir un pase de moda con modelos de trajes de corto masculinos y vestidos de sevillana femeninos, organizado por una de las alrededor de 120 Hermandades del Rocío, la de Emigrantes radicada en Huelva. Un espectáculo de más de una hora de duración, que merece una sencilla reflexión.


Mezcla de elementos
Lo que más sorprende en este complejo acto es la mezcla de elementos muy diversos, bien ensamblados para realzar el principal punto de unión de todos ellos, el desfile de la moda andaluza.

Abrió el acto la entrada solemne del grupo de tamboriles de la Hermandad de Emigrantes del Rocío, en el que participa un grupo amplio de personas, tanto de edad ya avanzada como niños que difícilmente sostienen el tamboril en los brazos. Bien conjuntados, además de los sones alegres en el desfile de entrada al salón, ya en el escenario, interpretaron con acierto el Olé, olé, olé, al Rocío yo quiero volver, la Salve rociera más universalmente extendida incluso en ambientes no rocieros. Un primer elemento del espectáculo, de carácter directamente religioso.

El resto del largo espectáculo fue un larguísimo desfile de modelos, con el traje típicamente andaluz, el vestido femenino de sevillana y el traje de corto varonil. Superarían probablemente el centenar, los trajes expuestos a la valoración del público, por chicos y chicas con la elegancia y la peculiar manera de caminar de las/los modelos profesionales. El desfile no era sólo de trajes, pues los peinados, zapatos, sarcillos y otros complementos, son partes muy importantes del uniforme andaluz. Hay que destacar también la edad muy diversa de los paseantes de los modelos, pues también había muy jóvenes y hasta niños/as de muy pos años, que cautivaban también al público con sus espontáneos desplantes. Obviamente, la variedad de componentes en un muestrario tan amplio -tipos de telas, trajes de montar y de paseo, colores de toda la gama, cortes variadísimos de los trajes- resultaba casi impensable para el no introducido en este campo de actividad.

Lo que daba más carácter a este desfile de modelos era el coro que lo ambientaba, conjunto de lo más característico de la Hermandad de Emigrantes que lo patrocina. Sin parar, durante la hora larga que consumieron las dos partes del desfile, con la ayuda de guitarras y de percusión, interpretaron una colección extensísima de sevillanas y otros cantes flamencos, todos directamente relacionados con el tema rociero.

Entre las dos partes del desfile, hubo también la exhibición de una solista de baile estrictamente flamenco, con música grabada, interpretando toda la variedad insospechada de contorsiones y revoleras que se contienen dentro del baile flamenco.

Al final del acto, supongo que para estimular la asistencia de todos hasta el último momento, las empresas participantes hacían una rifa, por el número de las entradas de acceso, de sus respectivos productos: un traje de flamenca, un peinado, unos complementos...

Todo este espectáculo se desarrolló en el inmenso salón de actos de la entidad cultural onubense, Casa de Colón, capaz para un millar de asistentes, con el aforo prácticamente lleno. La decoración del escenario insistía en el elemento religioso de la Hermandad, pues tenía dos enormes fotografías de la Virgen del Rocío y un gran cartel con un anagrama de una concha, que caracteriza el estandarte -Simpecado- de esta Hermandad.


 


¿Todo justificado?
La vertiente más discutible de este espectáculo es si todo queda plenamente justificado bajo el patrocinio de una entidad religiosa, una Asociación Pública de Fieles de la Iglesia Católica, según los Estatutos de esta Hermandad. La duda está en si una organización directamente religiosa debe protagonizar actuaciones de este tipo.

Hay mentalidades que se escandalizan enormemente de fenómenos como éste. No consideran compatibles el carácter religioso de una entidad con una actividad estrictamente laica, cercana además al campo más superficial de cualquier actuación humana. Estiman estas mentalidades que no debe bautizarse, ser acreditada y bendecida, una actividad de este tipo. Las fronteras, además, entre una actividad tan mercantil y mundana como es la moda y un acto de una organización religiosa, estiman algunos que deberían estar más separadas, más independientes, sin pretender compatibilizarlas en una misma actividad. Por último, la índole social de una entidad dependiente de la Iglesia no debe confundirse con el aire frívolo, el glamour, que suele revestir un desfile de modas, aunque sea flamenca.

La Hermandad que patrocinaba este acto, sin embargo, no considera improcedente el hacerlo. Solicita el salón a la Autoridad Pública, que, al saberlo para un acto benéfico, lo concede gratuitamente. El maestro modista que presenta los modelos, muy acreditado en Huelva, lo hace muy a gusto, por ser desde hace muchos años miembro hermano de la Hermandad y, además, por ser muy consciente de que, sin rentabilidad económica en este caso, consigue una promoción de mucho más valor. La entrada -5 €, por persona- y el resultado de las ventas del bar en las entradas y en las salidas, son para la Hermandad. El público con gusto aporta el reducido valor de las entradas, por no ser caras y por ser para la Hermandad. Tal como está planteada, con esta actuación y en la práctica, todos salen ganando.

Más discutible y teórica resulta la valoración sobre la conveniencia o no de un ensamblaje de este tipo. Las Hermandades y Cofradías, por ser exclusivamente laicas en sus órganos directivos -sólo llevadas por seglares, en la terminología eclesiástica- son menos escrupulosas en estos campos teóricos y, como consecuencia, menos comprendidas al respecto por los estamentos clericales. La conciliación entre lo religioso y los campos de actividad descarnadamente más laicos y mundanos -como es la moda- forma parte de una discusión teórica muy antigua. La incorporación de las artes plásticas -más concretamente los desnudos- a las obras estrictamente religiosas, fue una discusión ya muy del Renacimiento. Un obispo reciente de Mallorca fue muy criticado por invitar a un gran artista y poco religioso, Barceló, a insertar una obra suya en una capilla de su Catedral. Las cenas benéficas, con participación de personajes encumbrados o de la farándula para ayudar a ONGs o entidades religiosas, no son bien comprendidas por muchos. La encarnación de lo religioso en lo meramente humano siempre conlleva kénosis, abajamiento, y cuesta por ello ser comprendida. Jesús mismo fue criticado en su tiempo de comedor y bebedor, por asistir a bodas y festejos. Pero también, como contraste, ha sido muy usado desde la Iglesia el principio filosóficos, nihil humani a me alienun puto, no rechazo como ajeno nada humano. Un tema eterno de discusión, en el que siempre resultará posible elaborar razonamientos a favor y en contra.


Acto digno
Volviendo a la reflexión de hoy, el desfile de moda flamenca en beneficio de la Hermandad de Emigrantes del Rocío resultó un acto fino, muy digno, al que poco se le puede objetar salvo en lo teórico. Un caso menor, que requiere el mismo nivel de comprensión que todo lo relacionado con la fiesta total que es la Romería del Rocío.
  


domingo, 14 de enero de 2018

Caso insólito de atrevimiento y osadía

     Domingo, 14 enero 2018
"Un romance de san Juan de la Cruz y unos inocentes encarcelados"

 
 
Me ha llegado esta comunicación enviada a los jesuitas -no sé si a todos o sólo a algunos-, que supone una muestra tal de atrevimiento y osadía que merece al menos un mínimo comentario.

El envío está realizado desde dos correos electrónicos individuales y diferentes, y está hecho para adjuntar una carta a los jesuitas -"Estimado jesuita en el Señor", es el saludo de la carta-, firmada por una tal María Aurora Melleur, que en Google aparece como "nacida en Barcelona, laica, doctora en Teología" y "autor, editor y responsable" de un blog acogido en el sectario Religión en libertad y titulado "Orar por la paz y los cristianos perseguidos", del que están extraídos los principales contenidos de la carta. Como todos estos mensajes no son anónimos, se puede y hasta se debe responder al envío de esta comunicación.


Tono y contenido de la carta
La carta tiene un tono melifluo espiritualizante, que contrasta enormemente con su contenido. Arranca del recuerdo de los políticos catalanes "presos o en el exilio", que en Navidad "no pueden compartir la vida en familia", y ofrece a los jesuitas -"quiero obsequiar", es el término que emplea- "unas reflexiones que le permitan una mayor unión con el Señor".

La reflexión que "obsequia" es una recriminación a la Compañía de Jesús, como accionista que fue de la COPE, por unos programas y campañas de Jiménez Losantos en 2003(¡hace quince años!), que presenta ahora como el hecho que "abrió los ojos a muchos catalanes y les convenció de que el encaje con España era imposible".

Plantear aquellas lejanas -y ciertamente discutibles- actuaciones de Jiménez Losantos como origen de todo lo que se ha desencadenado desde entonces en Cataluña y culpar además ahora de ello a la Compañía de Jesús, que en parte por aquellas lejanas actuaciones dejó de ser accionista de COPE, supone ya un atrevimiento notable, que hace desconfiar incluso de todo lo que además se añade.
Pero todo,  repito, está expresado con un tono espiritualizante, que hace brotar toda su reflexión del Oficio Litúrgico: "Estaba yo rezando Laudes el día de san Juan de la Cruz", comienza- y la reflexión la finaliza afirmando que "solo cabe pedir a Dios perdón de estos pecados de omisión, ofrecer la Eucaristía en reparación y suplicar a Dios para que los presos sean excarcelados y los que están en el exilio puedan regresar y en España se pueda recuperar la normalidad democrática". Sorprende ya enormemente la mescolanza tan inaudita de lo sagrado y lo profano.


Comparaciónes osadas
Lo que más sorprende de la carta, y del post del blog en el que se apoya (titulado "Un romance de San Juan de la Cruz y unos presos encarcelados"), es la auténtica osadía de comparar la prisión actual de los políticos catalanes, decretada por un juez civil de un moderno estado de derecho, con el encarcelamiento de San Juan de la Cruz en el siglo XVI, sólo conventual y fruto unas forma de actuación del todo inexistentes en la actualidad.

La base para diagnosticar con total rotundidad la "injusticia" de mantener en "prisión" o en el "exilio" a los políticos catalanes es el escrito de "110 catedráticos y profesores Derecho Penal de varias Universidades españolas" que el blog afirma que condenan esta actuación, sin reproducirlo entero y sin citar para nada otros escritos también colectivos que apoyan el curso actual de los hechos en Cataluña y, sobre todo, sin aludir siquiera a toda la extensa y minuciosa justificación de los procedimientos que se han seguido en los Autos de los jueces que las han decidido.

Para apoyar esta demencial comparación, la autora de este blog hace una extensísima cita del poema que dice que San Juan de la Cruz escribió en su cárcel de Toledo "In principio erat Verbum", que nada tiene que ver con el asunto tratado. El poema, con una larga introducción copiada de las Obras de San Juan de la Cruz, es presentado como si fuese una apodíctica demostración de la injusticia cometida con la prisión de los políticos catalanes: "San Juan de la Cruz se solidariza con todos los que inocentemente están encarcelados como él lo estuvo durante ocho meses en la prisión conventual de Toledo".

Antes de la comparación con el poema del gran santo y poeta, la que dice ser doctora en teología se atreve también a establecer una comparación con la Biblia. Ante todo esto, "¿qué dice la Biblia"?, se pregunta, y aporta varias simples citas profética para demostrar que "Dios no soporta la injusticia institucionalizada", y, sin una exegesis mínimamente seria, se apropia sin más el sentido de las frases proféticas y, con una brevísima cita, se apropia también del exahustivo comentario de dos tomos de Schökel y Sicre sobre los Profetas, concluyendo que Dios no escucha tampoco las súplicas de los que "con falta de mesura y desproporción han ejecutado ahora la prisión preventiva" y los que han ocasionado que los que están "exilados" en Bélgica "no hayan podido pasar las Navidades junto a su familia". ¡Cuesta pensar un uso más facilitón de la Biblia!.


Reflexión sobre Cataluña
Pensé inicialmente poner en el título de este sencillo comentario que el "atrevimiento y osadía" se ejecutan "en Cataluña", pero no he querido hacerlo por no extender a todos los catalanes estos comportamientos tan insólitos. Este es sólo el modo de actuar de una persona, la que firma estos comentarios, y no hay que pensar que su parecer sea extensamente participado. Me lo hizo esto además ver un único comentario obtenido por el post de este blog: "Que pena que Religión Digital se preste a este juego. Además, comparar a San Juan de la Cruz con el ejecutivo del gobierno de la Generalitat es simplemente de locos. Así nos va".

Sí cabe reflexionar, con todo, que, aunque sea un sola persona la que vierte estas ideas, estos comentarios los formula desde un humus que los hace posibles. Lo hará incluso con buena voluntad, pues su contexto sociológico y cultural le hace ver con tanta evidencia que la situación de estos políticos es tan claramente injusta que no duda en sentir que su opinión está claramente apoyada por la Biblia y por San Juan de la Cruz. ¡Cosas veredes!, que comentaba el antiguo adagio.

martes, 2 de enero de 2018

Una novela de vidrieras

 




Por estar situado este blog "tras mi vidriera" -sin saber antes nada sobre su autor- comencé a leer este libro, "Las ventanas del cielo", sólo porque en la información que llegó hasta mis manos decía que en él se trataba sobre las vidrieras. He leído de prisa y completas las 731 páginas del libro, y he constatado que se trata de una buena novela. Explicaré por qué.


La novela

La información previa sobre el libro decía que se trata de "una novela épica y de aventuras". Me sorprendió, de entrada, que el tema de las vidrieras no aparecía para nada en los primeros centenares de páginas del libro.

El libro está situado en la segunda mitad del siglo XV, en plena efervescencia del gótico mas puro. Pero arranca sólo como un trepidante relato, situado primero en Burgos y luego en los ambientes pesqueros de Bermeo y de la lejanísima Terranova, sin que tenga que ver nada con las vidrieras el argumento que se empieza a desarrollar.

Sólo en la segunda parte del libro, en la página 220, ya en Flandes, en una ocasional visita a la catedral Amberes, es invitado el protagonista, Hugo de Covarrubias, a visitar el taller de un famoso "artesano de vidrieras" -un personaje histórico-, Hendrik van Diependaal, que está construyendo una para esta catedral. La visita le impresiona mucho al personaje, pero luego prosigue el relato trepidante con una larga estancia suya en Africa, arrancando sal en las cercanías de la ciudad de Quastiliya (en la final "Nota del Autor", se informa que se trata de Túnez) y, sólo tras la dificultosa vuelta de África, ya en la página 453 del libro, se sitúa al personaje en el taller del vidrierista para aprender el oficio de vidriero.

La primera parte de la novela, desarrollada hasta que el personaje toma contacto profesional con las vidrieras muy avanzada la tercera de las cuatro partes del libro, está muy bien trabada y está contada con un arte narrativo poco común. Sucesivamente situada en los ambientes de los diversos personajes, la narración fluye muy espontáneamente, sin perder el ritmo del interés, siempre atada a referentes muy concretos.

Los personajes están tratados con mucho verismo, con rasgos definitorios muy acusados, resultando muy fácil imaginarlos, acompañarlos e interesarse por ellos. El protagonista, Hugo, se relaciona primero con su padre, un gran comerciante de la lana, don Fernando de Covarrubias, con su falaz administrador Policarpo, con la que será el final amor de su vida, Berenguela, y luego, ya metido en la aventura marinera, con el capitán vasco del barco, Obeko, "pura bondad revestida de rudeza", se le define en la Nota del Autor; Azerwan, un esclavo al servicio del barco, que será posteriormente rescatado por Hugo para coprotoganizar toda la aventura africana; Ubayda, el gran amor de Azerwan, a su muerte acompañante de Hugo en la vuelta a Flandes para comenzar el trabajo de las vidrieras.

No pretendo esbozar siquiera el argumento de la novela. Sólo insistir en que está muy bien contado y en que capta así muy bien el interés del lector. Con técnicas cercanas a las de los "best seller", logra un relato muy vivo. Sólo se le podría tachar que introduce varias muertes  para sacar adelante el argumento -se ven incluso venir desde mucho antes de que ocurran-, aunque lo hace de forma muy trabajada y casi connatural con el mismo argumento.

El alargar tanto la historia antes de llegar al momento de las vidrieras intenta justificarlo la Nota final del Autor exponiendo que la vinculación entre Flandes y Castilla, que establece el maestro de vidrieras que llega a ser el protagonista Hugo, se puede comprender mejor conociendo la relación entre Castilla y Flandes existente en el siglo XV en los mercados de la lana, de los que arranca la novela. La justificación puede no ser muy válida, pero la trama completa de la novela es muy compacta y, por el propio desarrollo del argumento, podría hasta autojustificarse. Buscando una unidad a las muy heterogéneas partes del libro, la Nota del Autor afirma que "el amor está urdiéndolo todo".



Catedrales y vidrieras

La inspiración primera del libro, con todo, parece estar en las vidrieras. "Esta novela -le tutea al lector, en la Nota del Autor-  nació con la única pretensión de hacerte disfrutar y ayudarte a entender en qué consiste el maravilloso mundo de las vidrieras durante el gótico tardío". Todo comenzó, confiesa el autor, coincidiendo con mi primer viaje a París, casi de casualidad entré en la Sainte-Chapelle..., el impacto que recibí fue tan formidable que nunca se ha podido borrar de mi recuerdo"; en la  novela, intenta trasmitir su recuerdo de esta fortísima impresión a través de lo que al personaje Hugo le hace sentir una visita dentro de su época medieval a esta capilla privilegiada de París.

Las catedrales, además de por su arquitectura espectacular, son para el autor el lugar de asiento de las vidrieras, "ciudades bajadas del cielo", "auténticos sagrarios de luz y color al abrir sus ventanas al cielo". Porque para el autor, y de ahí el título de la novela, las vidrieras son "ventanas del cielo", que permiten "vivir la mística de la luz y de color", que posibilitan "la comunicación entre la divinidad y el hombre".

En el "happening" final de la novela, la Reina Isabel la Católica inaugura las vidrieras de la Cartuja de Santa María de Miraflores de Burgos, realizadas por Hugo de Covarrubias y el histórico vidrierista flamenco  Niclaes Rombouts. Al llegar a la de la Santísima Trinidad, confeccionada por el protagonista Hugo, con la luz fuerte del sol, la vidriera se llena de vida: "de repente, cada uno de los vidrios que formaban parte de aquel vitral parecieron cobrar vida, y la luz se aprovechó de ello para empezar a bailar con los cuatro ángeles que acompañaban a la Virgen, recorriendo sus vestidos, besándola en la mejilla".

En su Nota final al libro, el autor confiesa que con su novela sólo ha pretendido introducir en el conocimiento y el amor hacia las vidrieras: "Esta novela nació con la única pretensión de darte a conocer, hacerte disfrutar y ayudarte a entender en qué consistió el maravilloso mundo de las vidrieras durante el gótico tardío, una disciplina escasamente tratada en la novela histórica y un tema que, a mí, lo confieso, me ha enamorado". Algo alambicada, con todo, parece la reflexión aportada sobre los cuatro elementos, dando cohesión tanto al arte de las vidrieras como a la vida de Hugo: "Tierra, fuego, agua y aire son los elementos básicos para la creación de una vidriera. Y serán, también, los elementos que Hugo va a necesitar para construirse a sí mismo. Del particular equilibrio que en un momento dado se establece entre ellos, surgirá su capacidad artística".

Las vidrieras, efectivamente, están en el origen y en todo el largo final de novela. Como fruto de mucho trabajo previo de documentación, la información que se facilita sobre todos los procesos de producción de las vidrieras es abundantísima, casi exhaustiva. Una cita del afirmado como  "reconocido especialista en historia del vidrierismo español, Victor Nieto Alcaide", explicita el por qué de la importancias concedida a las vidrieras: "Colores y piedras hacen patente una compleja síntesis de dogmas, de historias bíblicas y humanas, de lírica, de genios creadores, de luz natural y contenido sacro, en ese modelo de templo gótico donde ser cruzan los caminos de peregrinos y las rutas de la trascendencia, al compás de una belleza imitadora de Dios que tenía que conducir a Él".



El autor
 Me llevó a este libro el tema de las vidrieras, que da nombre a este blog y que resulta ser la pretensión última de esta extensa novela. He descubierto así al autor del libro, Gonzalo Giner, nacido en Madrid en 1962, y autor ya de otras seis novelas, todas situadas en periodos históricos pasados. Lo que caracteriza más al autor es su carrera y profesión de veterinario, no frecuentemente relacionada con la literatura. Su novela de más éxito es sobre los caballos, "El domador de caballos", y, en este mismo libro sobre las vidrieras, su afición a los animales convierte a un halcón, Aylal, en un personaje más de la novela.

El deseo manifestado por el autor sobre su libro se convierte también en la intención de este modesto comentario: "Espero que después de haber leído esta novela, cada vez que entres en una catedral gótica o en un temple revestido con vidrio, te detengas un momento para contemplar sus vidrieras. No es necesario saber mucho de ellas para poder vivirlas. Ojalá las puedas ver cuando la luz del día las esté atravesando: relájate entonces, siéntate quizá en un banco y experimenta las sensaciones que producen. Si eres religioso, sin duda alguna te ayudarán a comunicarte con Dios durante unos minutos; para eso se hicieron. Y si no lo eres, déjate trasportar por ellas. Quizás inicies un viaje al interior de ti mismo que llene tu corazón de paz, o quizás te conduzcan a un mundo que no hayas pisado todavía: el de la trascendencia". Es el final del libro y de esta sencilla Nota.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Palabras equívocas en Cataluña

 

















Las palabras se pueden usar bien, dándoles el sentido que en realidad tienen, y se pueden usar mal o muy mal, engañando a todos sobre lo que se está expresando. El momento actual de Cataluña ofrece un ejemplo clamoroso del uso equívoco de las palabras y las expresiones que se están usando en el debate político.

Golpe de Estado
Lo que más me llama la atención es que una expresión tan fuerte y tan clara como "golpe de estado" se esté empleando para calificar la actuación de los contrarios, tanto por los "constitucionalistas" como por los "separatistas". Para unos, los constitucionalistas, el "estado" es el descrito y contenido en la Constitución, y atenta contra él quien no lo tiene en cuenta y actúa en contra de sus mandatos; para los otros, los separatistas, el "estado" es el que ellos han unilateralmente proclamado en contra de los artículo de la Constitución, y atenta por ello contra este estado el que lo desconoce y hasta intenta derribarlo: Puigdemont habla constantemente del "golpe de estado" que el "clan del 155" ha llevado a cabo para destituirlo. La incomprensión mutua es absoluta. La expresión se usa como arma de fuego, para atacar a su contrario, con sentidos del todo contradictorios.

Palabras y expresiones muy equívocas
En el uso de otros términos y palabras consagradas, todavía la confusión es más patente.

La palabra "democracia" queda sin contenido, o con significado incluso contradictorio. Primero, están los que la usan para para calificar como democrático el comportamiento de los que han puesto en práctica todos los recursos y artículos de la Constitución; por otra parte, están los que han actuado en contra de la Constitución para obedecer el "mandato democrático de las urnas y del Parlamento". Un uso de la palabra, con sentidos enteramente opuestos.

La palabra "fascista" es similarmente usada para las mutuas descalificaciones del comportamiento ajeno.

Comentarios sobre el tema
Este uso arbitrario de los términos ha sido bien destacado por los comentaristas.

Raul del Pozo, en su columna de El Mundo, afirma: "Se injurian unos a otros con los mismos calificativos: "golpista", "fascista".

Javier Marías, en su última página de El País Semanal, hace un pequeño ensayo sobre "Las palabras ofendidas". Afirma que hay "palabras manoseadas y profanadas", hay un "desaforado y ofensivo vaciamiento, o abaratamiento de las palabras", una "banalización constante de palabras de peso, serias, que no se pueden utilizar a la ligera sin cometer una afrenta". Para demostrarlo, enumera el uso abusivo de las expresiones: "Visca Catalunya llure" o "Freedom for Catalonia"; o las palabras: "oprimidos", "ocupados", "humillados", "desafectos" y "tibios" (los términos, dice, "que en su día usó el franquismo en sus siempre insaciables depuraciones"), "fascista" y "traidor" y "renegado" (aplicadas a personas tan alejados de estos conceptos como Juan Manuel Serrat, Isabel Coixet o Juan Marsé). Lamenta que el empleo indebido de estos términos ofenden seriamente a los que de verdad sufrieron por estos conceptos: "los españoles que vivimos y padecimos el franquismo", las poblaciones actuales de Irak y Siria, las mujeres saudíes y de otros países musulmanes, los cubanos y los chilenos y los argentinos..., "todos cuantos sufren y han sufrido torturas verdaderas en el universo". "Nos encontramos en efecto, concluye, ante émulos de Mussolini que extrañamente se dicen oprimidos, sin libertad y humillados, y que cometen la infamia de llamar `fascistas´ a sus verdaderas víctimas". El comentario resulta muy ajustado.

Humildad necesaria
Los creyentes no podemos escandalizarnos mucho por este uso equívoco de las palabras, pues la palabra más sagrada de todas, Dios, es también usada de forma hasta contradictoria por las diferentes confesiones.

"Cercano, y difícil de captar, es Dios", dijo F. Höldernin; y comenta Olegario González de Cardedal: “Esta divina palabra –Dios- no la podemos olvidar, ni asegurar como propiedad, ni usar como moneda de cambio para los gastos diarios... Porque ella sigue siendo santa y santificadora, a pesar de haber sido manchada y ensangrentada por los hombres... Sobre ella se ha proyectado todo el amor y todo el odio del que es capaz el corazón humano" (Dios, Sígueme, páginas 9,64,117). En lo más sagrado, resulta también posible la mixtificación.

Si la palabra Dios es mal usada en tantas ocasiones, no puede producir extrañeza completa el uso equívoco de palabras menos transcendentes. En los temas religiosos, está la Biblia, la Iglesia, el Papa, los santos y los mártires, como elementos de referencia para contrastar nuestras propias opiniones y existe también el "discernimiento de espíritus" para averiguar la voluntad de Dios en los temas discutible, confusos o dudosos; pero, a pesar de todos estos posibles elementos de referencia, existen distancias abismales en el uso de la palabra Dios y de los valores de Dios, no sólo entre los increyentes y los católicos o lo budistas o los musulmanes, sino incluso entre los mismo cristianos y hasta entre los mismo católicos.

De forma similar, si en el tema catalán, que es sólo humano, se le pierde el respeto a los elementos de referencia -la Constitución, la Justicia o Gobierno de la nación-, no es extraño que broten los usos desmadrados de los términos más elementales. Si no se escucha a los demás, cada uno endiosa sus propios puntos de vista.

Las propias opiniones no pueden ser fortalezas aisladas, sin comunicación con las opiniones ajenas. El parecer propio tiene que estar abierto a calibrar el valor de la opinión de los demás. El dicho popular "un respetito es algo muy bonito" tiene máxima aplicación a la actitud respetuosa y humilde que hay que tener para que las palabras no pierdan su sentido, no se conviertan en proyectiles contra la opinión de los demás. Sin esta apertura a la opinión de los demás, la convivencia resultará imposible en todos sitios. Ahora lo vemos claro en Cataluña, antes y después de las elecciones.